Reflexión lunfarda: El camino del laburante.

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Ilustraciones, alusivas al Día del Trabajo, publicados en distintos volúmenes, de la colección, de la Biblioteca Infantil "General Perón", a fines de la década de 1940. De dichos libros, se conservan actualmente, contados ejemplares, pues, la mayoría de ellos, se destruyó, trás producirse el golpe cívico-militar, del 16 de septiembre de 1955, conocido con el nombre de "Revolución Libertadora".

Ilustraciones, alusivas al Día del Trabajo, publicados en distintos volúmenes, de la colección, de la Biblioteca Infantil «General Perón», a fines de la década de 1940. De dichos libros, se conservan actualmente, contados ejemplares, pues, la mayoría de ellos, se destruyó, tras producirse el golpe cívico-militar, del 16 de septiembre de 1955, conocido con el nombre de «Revolución Libertadora».

El 1 de mayo, se conmemora el Día Internacional del Trabajo, una efemérides, singular y relevante, en el calendario cívico universal y, en los anales de la humanidad, que nos recuerda los violentos y muy trágicos episodios, acaecidos en los Estados Unidos de América, hacia 1886, cuando estallaron en dicho país, numerosos movimientos de huelgas y conflictos obreros, donde los trabajadores de la época, reclamaban la instauración o implantación, de la jornada laboral de ocho horas diarias. En la ciudad de Chicago, como consecuencia de un vehemente y turbulento reclamo, ante la empresa “Mac Cormik”, se registró un atentado explosivo, con una bomba, y a raíz de ello, las fuerzas policiales, detuvieron a cuatro líderes sindicales, que con posterioridad, fueron sometidos a proceso, condenados a la horca y, ejecutados, en 1887. Dos años después, en 1889, el congreso de la Segunda Internacional Socialista, convocado y reunido en Francia, hubo de instituir, como fecha, ciertamente, significativa y gloriosa, para la historia mundial, el Día del Trabajo, en homenaje a esos abnegados y heroicos mártires de Chicago. Por otra parte, en 1954, el papa Pío XII, efectuó el reconocimiento de aquella importante conmemoración, declarándola, también, festividad religiosa de San José Obrero. El 1 de mayo, nos acerca, ahora, al duro y difícil camino del laburante; ese laburante anónimo y casi olvidado, que de una forma humilde, pobre y silenciosa, va forjando y edificando, la Patria nuestra, de cada nueva jornada. Ese laburante, tenaz y empeñoso, víctima de las desigualdades e injusticias, las crisis financieras y los ajustes y recortes económicos; quien padece y soporta, de un modo constante, las cargas fiscales y presiones tributarias, los incrementos de artículos y precios, y las reiteradas alzas de las tarifas y de los servicios públicos. Ese laburante, en su mayoría, obscuro y totalmente desconocido, que vive en medio del contexto, de un país y de una sociedad actual, donde pierden y sucumben, las personas buenas, honestas y laboriosas, y por el contrario, ganan, se encumbran y, hasta gozan de notoriedad y de fama,  aquellos que, carecen de trayectoria y de genuinos méritos, infringen las leyes y disposiciones legales, delinquen y se enriquecen, con gigantescos aumentos de sus acervos y patrimonios. Ese laburante, noble y abnegado, dentro del incierto panorama, de un país y de una sociedad, donde se habla cada vez más, y se trabaja, cada vez menos, con multiplicidad y cataratas de palabras, anuncios, promesas y expresiones meramente verbales, que luego, no se traducen y reflejan, en resultados concretos, tangibles y positivos; resultados valederos que, proporcionen satisfacción y bienestar, a la clase obrera, y los leales y honrados trabajadores. Debemos recuperar los principios éticos, y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; la verdad, la honradez, la transparencia y, fundamentalmente, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. Sólo hay, un derrotero posible: El sendero de la educación y del trabajo, para distanciarnos de la incultura, la ignorancia, el analfabetismo, la corrupción y la miseria… Los hombres, como los árboles, se conocen por sus propios frutos.

El camino del laburante, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y del Salón del Periodismo Chivilcoyano y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy, sigamos, chabón, el buen camino, del tan guapo y debute laburante, que la yuga, con ánimo genuino, y le mete, fetén, para delante… Hoy, sigamos, el posta y fiel destino, del esfuerzo, la lucha y el aguante, con embale pulenta y argentino, y una flor de ilusión, estimulante… Hoy, sigamos cinchando, muy ufanos, lejos ya, de matufias y de afanos, contra toda fulera mishiadura… Y que así, en otro tiempo bien banana, el que es chorro, de jonca, vaya en cana, y se premie, al salame que labura. Che, melón, cazó al vuelo esta parola, de un cordial servidor, Pepe Estropajo: Canfinflero de ley, y rana piola, que le tiene, sabés, fobia al trabajo.