Reflexión lunfarda: El niño pobre, en la Argentina del siempre lo mismo…

El conmovedor y tremendo drama del niño pobre, en medio de un país con un incierto presente, sin proyectos de trabajo, esperanzadas expectativas ni ilusiones de futuro… El futuro de la Patria… El país sin premios ni castigos; el país que nivela hacia abajo; el país de la impunidad, donde siempre pierde el probo y decente laburante…Un país que, lamentablemente, si no cambia, no nos conducirá a ninguna parte…

Los horrendos y alarmantes índices económicos y las estadísticas demográficas del país, nos señalan de un modo categórico y lapidario, una marcada y profunda miseria estructural, que castiga, lastima y condena a nuestra infancia…

El niño pobre, víctima de la marginación comunitaria, las repetidas y eternas injusticias y desigualdades sociales, el atroz pauperismo, la carencia absoluta de proyectos de trabajo, producción y expectativas progresistas, la falta total de auspicioso futuro y, la Argentina del siempre, siempre lo mismo…

El niño pobre, que sufre la postergación y la indigencia, y constituyendo el promisorio país, de las nuevas generaciones del mañana, no tiene, infortunadamente, porvenir, salida ni destino alguno…

El niño pobre, dentro del patético, angustiante y deprimente contexto de la esta Argentina del siempre lo  mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada (pues no existe el menor propósito, el mínimo interés o la más ínfima intención de cambiar nada), nunca pasa nada, todo queda en la nada (la falta de culpabilidad y la impunidad absoluta), siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo…La Argentina, en la cual, hay gente que se ha hecho rica, de modo ilícito, sin trabajar; otros muchos, la viven de arriba, e infortunadamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja y abona sus impuestos y obligaciones tributarias…

El niño pobre, paupérrimo y desvalido, que todos debemos contener, proteger, defender, salvaguardar y amparar…

Sólo salvarán  a la Argentina y al niño pobre, la instrucción pública y la enseñanza, los principios éticos, la prédica aleccionadora, con el buen ejemplo y, la feliz recuperación de la noble y sagrada Cultura del Trabajo…

Debemos inculcar, transmitir e infundir en nuestra infancia, los auténticos y verdaderos valores morales, del amor hacia el prójimo, la humildad, la honradez, el respeto, la vocación de servicio, el trabajo, el estudio, la responsabilidad, la perseverancia y la superación personal de cada individuo, para ser, finalmente, un Hombre de bien, en el mundo y la Vida…

El insigne e ilustre General Manuel Belgrano, en 1794 – hace ya, 226 años transcurridos -, cuando como abogado, ejercía el cargo de secretario del Consulado de Buenos Aires, fomentó y promovió, de una manera fervorosa y muy comprometida, las actividades pedagógicas y el desarrollo de los establecimientos educativos; escribiendo en las memorias de dicho organismo, que a los niños “hay que inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria”.

El único rumbo posible, es volver sin dudas al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

Niño pobre, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo soy aquel purrete marginado, de algún rioba mistongo – vida obscura -, que se banca la fiera mishiadura, sin el morfi, que un día se ha rajado… Yo soy aquel gorrión desamparado, puchereando ese pan de la ternura, que aprendió a conocer la yeca dura, y está frito y forfai, siempre olvidado… Yo soy el pibe triste, sin futuro, que no sabe de escuela ni laburo, que no llena el balero ni la panza… Y que sigue soñando bajo el cielo, un chamuyo de amor y de consuelo, y un cachito de luz y de esperanza. Porque en medio de tanta fulería, injusticias, malaria y aflicción, quiera Dios, que yo pueda, todavía, conservar en el cuore, una ilusión…

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