Reflexión lunfarda: El recuerdo de la madre.

Compartir

Ilustraciones alusivas al Día de la Madre, aparecidas en las páginas, de distintos libros de lectura, de escuela primaria, correspondientes a la década de 1950.

El profundo y entrañable recuerdo de la “vieja”, se halla presente, de una manera, especialmente honda y arraigada, en el más auténtico y sincero sentir, de la reflexión lunfarda. “La madre – escribió Don Domingo Faustino Sarmiento – , es para el hombre, la personificación de la Providencia; es la tierra viviente, a que se adhiere el corazón como las raíces al suelo”. En tanto, el escritor, orador y político español, Don Emilio Castelar, subrayó que: “Las mujeres, son más que los ángeles, porque son madres”.

Por otra parte, el escritor Severo Catalina, remarcaba: “El nombre solo de madre, nos representa aquella mujer, en cuyo seno bebimos el dulcísimo néctar de la vida; en cuyo regazo, dejábamos reposar nuestra cabeza; aquella mujer, que nos acariciaba; que oprimía entre las suyas, nuestras manos; que enjugaba nuestro llanto; que nos mecía, en fin, en sus brazos, al eco blando de una balada de amor”.

El recuerdo de la madre, tan unido y asociado, a esas horas fragantes y doradas, de nuestro espíritu niño, y al tiempo inolvidable de aquella hermosa infancia, siempre llena de júbilo, encantos, ensueños e ilusiones. El recuerdo de la madre, tan ligado a la existencia hogareña y la familia, el trabajo doméstico, las bregas cotidianas y, los múltiples esfuerzos y largos sacrificios…

El recuerdo de la madre, que perdura y se prolonga, a través del curso de los años, manteniendo, fresca y nítida, la particular intensidad de su memoria. El recuerdo de la madre, que nos alienta y nos brinda, permanente incentivo e impulso, para proseguir nuestro diario camino, enfrentando las situaciones difíciles, los escollos, los contratiempos y las adversidades…

El recuerdo de mi vieja, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador de Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

El recuerdo debute de mi vieja, está siempre fetén – posta dulzura -, y me copa, con toda su ternura, y su lunga emoción, sin una queja… Un recuerdo bien flor, que me aconseja, con su buena parola, en forma pura; me acompaña, en la lucha, guapa y dura, y aunque el tiempo se raje, no se aleja… Un recuerdo, sin bronca ni camelo, que me da gran pulenta y fiel consuelo, un chamuyo sereno y mucha calma… Y borrando mi pena, más sentida, me sostiene, a lo largo de la vida, y florece, en el cuore y en el alma.