Reflexión lunfarda: El Viernes Santo y la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Qué esta nueva Pascua, nos invite hoy, a reencontrarnos, con Dios, los principios y valores cristianos y, las altas virtudes evangélicas, del amor, la paz, la humildad, el perdón, la fe, el espíritu de piedad y caridad, la actitud y vocación de servicio, la misericordia y la plena justicia. Qué esta nueva Pascua, nos haga a todos, un poco mejores: más buenos, más nobles, más honrados, más fraternales y más solidarios, lejos de la deshonestidad, la  corrupción, la maldad y el egoísmo…   Qué esta nueva Pascua, nos invite a predicar, con el edificante y aleccionador ejemplo de nuestra vida, y nos recuerde, la sabia y bella frase de Jesús, cuando dijo: “Los Hombres, como los árboles, se conocen por sus frutos”.

La solemne y tradicional Semana Santa, de la cristiandad, nos invita hoy, a meditar y reflexionar, de una manera sincera y profunda, acerca de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, el sublime Hijo de Dios, el divino Mesías y, el manso y apacible cordero, que llegó hasta nosotros, y le ofreció a la humanidad enceguecida, todo su maravilloso y bello mensaje evangélico, de amor fraternal, justicia, paz, humildad, igualdad, vocación de servicio, piedad, bondadoso perdón y, clemente misericordia. El Hijo de Dios y el gran Redentor, nacido en la conmovedora indigencia y el desamparo, del tan pobre y desvalido pesebre, de Belén de Judea, quien a través, de sabias parábolas y enseñanzas, y admirables hechos milagrosos, fue predicando y sembrando, en una breve vida pública, de apenas tres años, su honda y hermosa doctrina, de hermandad universal, que se expandió por la tierra, como un sol amplio y rutilante, e iluminó la obscuridad, las miserias y el pecado del mundo. El Hijo de Dios y el eterno Salvador, que frente a la autoridad del gobernador Poncio Pilato, claramente, manifestaba: “Yo soy Rey, y he venido, para dar testimonio de la Verdad; todo aquel, que es de la Verdad, escucha mi voz”. El Hijo de Dios, de la fe, la gracia, el espíritu caritativo, la dulzura y la esperanza, que también, nos decía: “Yo soy el camino, la resurrección y la Vida; el que cree en mí, aunque muerto, vivirá”, y “Guardaos, de los falsos profetas, que vienen a  vosotros, con vestidos de ovejas, pero por dentro, son lobos rapaces. Por sus frutos, los conoceréis. Acaso, se recogen uvas de los espinos, o higos de las zarzas; todo árbol bueno, da frutos buenos, y todo árbol malo, da frutos malos. El árbol malo, no puede dar frutos buenos, ni el árbol bueno, da frutos malos”. El propio Jesucristo, nos proporciona, la única regla, el mejor sistema y, un método,  fiel e infalible, para identificar y calificar a las personas: “Los Hombres, como los árboles, se conocen por sus frutos”. Descubramos, entonces, el auténtico y extraordinario sentido de la Pascual: La resurrección de Jesús, que venció a la fría y silenciosa muerte, y la monumental y gloriosa victoria de la Vida; y que, por otra parte, esta feliz celebración religiosa, nos invite a encontrar el acertado y luminoso rumbo del bien, la virtud y, los principios y valores cristianos, y a ser, desde el fondo de nuestros corazones, más nobles, más honestos, más fraternos y más solidarios. Porque sólo existe una ruta posible: Volver al sendero de la Educación, la Honradez y el Trabajo. Qué la nueva Pascua, nos aproxime a Dios, el Evangelio de Cristo y, a todos nuestros queridos hermanos, recordando las palabras del Señor y el Maestro: “Amaos, los unos a los otros, como yo los he amado”.

A Jesús Crucificado, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Aunque rajen los siglos, todavía, allá estás, buen Jesús, crucificado, con tu jeta y tu chope ensangrentado, tu fulero amasijo y tu agonía… Allá estás, aguantando, cada día, todo el yugo y las biabas del pecado; y al junarte, solari y estrolado, yo te puedo sentir, como un gomía… Aunque rajen los siglos, segurola, allá estás – y ninguno te da bola -, con los clavos, la hiel, la fiera espina… Y aún el chanta, te niega, en un instante, por la guita, te vende el atorrante, y el malandra, te borra y te asesina. Vos, soñaste otro mundo más fratelo, de amor posta, justicia, fe y bonanza… Hoy te pido, que traigas de tu Cielo, un cachito de luz y de esperanza.

 

 

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