Reflexión lunfarda: Esta Argentina, del penoso y eterno siempre lo mismo…

La palabra sincera y reflexiva del Lunfardo, nos invita hoy a meditar, sobre esta Argentina del siempre lo mismo, que suele agobiar, desalentar y acobardar, de un modo notorio, a ese ciudadano común, noble, honesto y laborioso, que va construyendo y edificando, anónima y silenciosamente, la bendita y querida Patria nuestra, de cada día. Esta Argentina de los chantas y chorros, la corrupción, las injusticias y desigualdades, la ambición y el egoísmo, las apariencias engañosas,  los vendedores de imagen, el camelo y las mentiras, el cartón pintado, las cortinas de humo, la indiferencia, la inoperancia, la frivolidad, la pavada y, las meras expresiones verbales, carentes de hechos concretos, realizaciones y resultados. Esta Argentina, con tres fenómenos constantes, que se vienen repitiendo o reiterando, a lo largo del tiempo y de los años: El primero: La nivelación hacia abajo, especialmente, en materia de enseñanza y en el campo educativo; el segundo: Nunca hay culpables ni responsables de nada (La impunidad total y absoluta, la anulación de los juicios y causas y, la inapelable caducidad de los procesos judiciales), y el tercero: Siempre pierde, se empobrece y, hasta se funde, en la faz económica, comercial y familiar, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… Esta Argentina, con una dirigencia o conducción,  que acaso, por conveniencia particular o intereses individuales, jamás le importa cambiar o modificar nada… Esta Argentina, donde todo sigue igual, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo… Esta Argentina, muchas veces, trucha y berreta, atada con piolín o alambre, en la cual, hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de un modo ilícito, viviendo de arriba, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde quien labura, víctima inocente de las crisis y los índices inflacionarios, los ajustes y recortes, la Patria financiera y sus especulaciones bursátiles y cambiarias, el endeudamiento externo, el enriquecimiento de unos pocos, la ruindad, las mezquindades, las coimas, los curros y el afano… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de vida, recuperando los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, el hábito cotidiano, la mentalidad, la conciencia, la sagrada cultura y, la Patria del trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; menos dichos, anuncios y promesas, y más compromiso verdadero, hechos tangibles, obras y positivas realizaciones;  para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos… Existe un único rumbo posible – de lo contrario, la Argentina, jamás podrá tener un promisorio futuro, una venturosa salida y un feliz y esperanzado destino -: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

La Argentina del siempre lo mismo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Argentina del curro y el afano, la injusticia y la triste mishiadura, donde pierde el buen tipo que labura, y es el chorro un gran capo soberano. Argentina, del yugo cotidiano, el ajuste feroz, la yeca dura, donde ya, la decencia no carbura, y el amor a la Patria, está lejano…  Argentina del chanta y la pavada, donde van engrupiendo a la gilada, y nos copa el fulero pesimismo… Quiera Dios, que se alumbre la matina, y dejemos de ser esta Argentina, del eterno y fatal siempre lo mismo. Y ojalá, sin más negros sinsabores, la tramoya y la fiera desconfianza, recobremos la fe, nuestros valores, la moral, la honradez y la esperanza.

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