Reflexión lunfarda: Hace falta un mensaje de esperanza…

Hoy, más que nunca los argentinos, huérfanos de proyectos de vida, expectativas, anhelos, ilusiones, alegrías y sueños, necesitamos un balsámico y reconfortante mensaje de esperanza…

Un hermoso mensaje de esperanza, valores morales, unión fraterna, verdad, educación, solidaridad, compromiso, honestidad y cultura del trabajo…

El mensaje de un auténtico y glorioso maestro de la Vida, que nos inculque y nos infunda principios y valores morales, el amor hacia la Patria, el hogar y la familia, la formación educativa y la voluntad hacia el trabajo, la capacidad para discernir lo bueno de lo malo y, las cualidades y virtudes para ser una persona de bien, decente y laboriosa.

Un claro y elocuente mensaje de esperanza, delante del patético y descarnado drama de una realidad, en la que siempre pierden los modestos laburantes, los infelices jubilados y quienes luchan, se esfuerzan y trabajan…

En la finalización de este abrumador y pesaroso año 2020, signado por la pandemia del grave flagelo del Coronavirus y una casi infinita y extenuante Cuarentena, los argentinos necesitamos, hoy más que nunca, un cálido y bello mensaje de risueña y luminosa esperanza… La esperanza de un futuro promisorio y auspicioso, frente a una difícil y compleja realidad social y económica, la desocupación y el desempleo, los recortes y ajustes, la corruptela, la impunidad y la injusticia, la hipocresía, las mentiras y falsedades, la indiferencia, las mezquindades y los egoísmos, las discordias y antinomias, los altos índices inflacionarios, el notorio incremento de la miseria y  la indigencia, las penurias, la angustia, la incertidumbre, la zozobra, la desazón, el desamparo, el fracaso y el profundo desaliento…

Un sentido y especial mensaje de esperanza, en medio del particular y penoso contexto de la Argentina actual, atrapada en el repetido y eterno círculo vicioso, el largo túnel y el fatal laberinto del “siempre lo mismo”, donde por desgracia, las cosas siempre siguen como están, desde hace mucho y prolongado tiempo, no cambia nada (pues no existe ningún propósito ni la menor intención de cambiar nada), nunca pasa nada, todo queda en la nada (la impunidad total y absoluta), siempre se habla mucho de lo mismo, todo resulta igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo más de lo mismo… La Argentina, en la que infortunadamente siempre pierden, se perjudican, se empobrecen y hasta se funden, los abnegados y heroicos laburantes, los silenciosos  y sufridos jubilados, los comunes y anónimos ciudadanos y, todos aquellos que trabajan, que luchan, se sacrifican y se esfuerzan; abonan sus impuestos y obligaciones tributarias y van construyendo y levantando con su valioso aporte, la Patria nuestra de cada día… La Argentina del “siempre lo mismo”, donde siempre pierden, en definitiva – como un implacable karma, un estigma, un duro castigo y un siniestro factor inevitable -, las personas buenas, nobles, honradas, humildes y laboriosas, que trabajan…

Hoy, más que nunca, necesitamos predicar y sembrar con el testimonio de nuestra conducta y nuestro buen y aleccionador ejemplo, y recobrar los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, la sagrada y sublime cultura del trabajo, cultura del esfuerzo, cultura del saber y del estudio y, cultura de los méritos reales y verdaderos…

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo; en la Vida cosecharemos lo que hemos sembrado y, los Hombres como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos…

Existe únicamente, un rumbo posible: Volver al camino del trabajo, las actividades productivas y la generación de riqueza… Volver al camino de la educación, la honestidad, la cultura del trabajo, la cultura del esfuerzo, la cultura del saber y del estudio y, la cultura de los méritos genuinos… Sin educación, honestidad y cultura del trabajo, la Argentina jamás tendrá porvenir, destino ni salida alguna, y muy probablemente, dentro de cinco, diez o quince años, estemos igual que ahora, con idénticas problemáticas y cuestiones, hablando exactamente de lo mismo…

Hoy más que nunca los argentinos, necesitamos de un modo urgente y perentorio, un mensaje optimista de aliento, motivación e incentivo… Hace falta un mensaje, un mensaje de esperanza…

Hace falta un mensaje… por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hace falta un mensaje bien canchero, de pulenta optimismo y de alegría, frente a tanta matufia y fulería, el chantún y el malandra tramoyero. Hace falta un mensaje en el balero, que nos chape y nos cope, cada día; la parola fratela de un gomía, el espiche más posta y verdadero… Hace falta un mensaje – lindo abrazo -, sin bochinche, camelo ni bolazo, que nos dé todo un kilo de confianza… Y en un  triste país empobrecido, frente a tanto chabón, que está fundido, hace falta un mensaje de esperanza.

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