Reflexión lunfarda: Homenaje al maestro olvidado, en el país del más de lo mismo…

En el país del más de lo mismo, donde hay gente, que se ha hecho y se hace rica, sin trabajar, y muy contrariamente, siempre pierde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja, debemos recuperar, los ejemplos morales de conducta, los principios éticos y, los auténticos valores, humanos, patrióticos y espirituales, a través de la enseñanza. Sólo existe un rumbo posible: EL CAMINO DE LA EDUCACIÓN, LA HONESTIDAD Y EL TRABAJO.

La conmemoración del centésimo trigésimo aniversario, del fallecimiento, del gran pedagogo, escritor, periodista, estadista y hombre público argentino, Domingo Faustino Sarmiento, quien dejara de existir, a los 77 años de edad, en la ciudad de Asunción del Paraguay, el martes 11 de septiembre de 1888, nos ofrece hoy, la ocasión, más oportuna y propicia, a fin de tributar, nuestro sincero y especial homenaje, al maestro anónimo y, acaso, injustamente, olvidado… Ese maestro de escuela, que día tras día, de una manera puntual y silenciosa, va sembrando en el aula, frente a cada uno de los alumnos, la mejor lección, de su propia vida y, de sus claros y provechosos conocimientos. Ese maestro, que desarrolla su tarea cotidiana, se esfuerza y lucha, de una manera fiel y empeñosa, animado por sinceros bríos, nobles y profundos anhelos, y esperanzados sueños de un futuro más halagüeño. Ese maestro, leal y abnegado, que afronta múltiples escollos, contratiempos y dificultades, limitaciones de orden salarial y económico y, constantes y reiteradas problemáticas escolares; pero, a pesar de ello, nunca está abatido por la angustia, la frustración, el desánimo o el desaliento, y prosigue siempre adelante, con franco entusiasmo  y la mayor entereza. Ese maestro, que inculca e infunde normas, principios y valores, volcando toda su enseñanza, de un modo fraternal y generoso. Ese maestro, inserto en el triste y penoso panorama actual, del país, del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inevitablemente siendo, más de lo mismo…; el país, que suele nivelar e igualar, de una forma inexorable, siempre hacia abajo, acentuando y acelerando, las diferencias sociales, la marginación y la miseria…; el país, en el que hay gente, que se ha hecho y se hace rica, sin trabajar, y contrariamente, como en el caso, del olvidado maestro de escuela, siempre pierde y resulta perjudicada, la persona buena, honesta  y laboriosa, que trabaja; inocente e indefensa víctima, de las crisis financieras, los ajustes, los recortes, los altos procesos inflacionarios, los incrementos de precios y tarifas y, las enormes cargas, impositivas y tributarias. Hoy, más que nunca, debemos predicar  con el ejemplo, y recobrar, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como asimismo, la mentalidad, la conciencia colectiva y la sagrada cultura del trabajo; contribuyendo a fortalecer a afirmar, la instrucción pública, la educación y la enseñanza, factores esenciales y fundamentales, del desarrollo, el avance y el progreso, de las naciones y los pueblos, del mundo, a lo largo del tiempo y de la historia… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos. Sólo existe un rumbo posible: El camino de la educación, la honradez y el trabajo. Sin ese camino, la Argentina, jamás tendrá salida, porvenir ni destino alguno…

Al maestro olvidado, por Carlos Armando Costanzo fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón de Periodismo del Salón Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy, te juno, troesma, en el olvido, y te bato, mi cálida parola, por tu lucha fecunda y segurola, que la yuga, de un modo sostenido. Hoy, te juno, y remanyo, el gran sentido de tu noble lección, posta y chipola, que ha sembrado – chamuyo lungo y piola -, el saber tan debute y muy querido… A pesar de la eterna mishiadura, en el aula mistonga y sin pintura, allí estás, con tu aguante y tu pujanza… Y hoy, te juno – pulenta verdadera -, cuando izás, bien al mango, la bandera del amor, el laburo y la enseñanza.

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