Reflexión lunfarda: La Argentina donde pierde el laburante…

La página reflexiva lunfarda, de la fecha, la destinaremos a meditar, de una manera seria y profunda, acerca de la atípica y muy particular situación de nuestro país, donde infortunadamente, por múltiples razones, motivos, condiciones y circunstancias, de orden económico, social y político, siempre termina perdiendo, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja, víctima inocente, reiterada e inevitable, de los drásticos ajustes y recortes fiscales, la enorme montaña de impuestos, las pesadas cargas tributarias y, las constantes presiones impositivas, que la asfixian, la abruman, la agobian y la agotan, de una forma implacable y lapidaria. Bien se ha dicho y puntualizado, en diversas ocasiones y oportunidades, que vivimos, lamentablemente, en una Argentina, donde ganan los chantas y los chorros y pierde el laburante… Ese laburante anónimo e ignorado – un ciudadano y un número más, en la extensa nómina de un padrón electoral, en un planilla burocrática o en un censo general de habitantes -, que de un modo tesonero y esforzado, con una alta cuota de fe, voluntad, valentía, heroísmo y entrega generosa, contribuye al crecimiento, el desarrollo y el progreso de nuestra República. Ese noble y abnegado laburante, que lucha sin desmayos ni claudicaciones, para lograr su proyecto de existencia, sus íntimos propósitos y sus mejores sueños y objetivos. Ese humilde y firme laburante, – abuelo, padre, hijo, esposo, novio, amigo o compañero -, que sabe de penurias y privaciones, y de paciencia, perseverancia y sacrificios; mantiene su modesto hogar y su familia, y es un aleccionador y hermoso modelo o paradigma de edificante probidad, decencia, honestidad y trabajo. Ese gran  y glorioso laburante, en medio de la atmósfera, el ambiente y el contexto, de la Argentina del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – la impunidad judicial, absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo… El país y la sociedad actuales, en los que encontramos gente que,  se ha hecho y se hace rica, por obscuros medios ilícitos, sin laburar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se funde y se empobrece, el buen ciudadano que trabaja… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de una recta conducta y nuestro ejemplo, y recuperar los principios y los valores humanos y espirituales, el sentido ético, la conciencia moral y, la mentalidad, el hábito y la cultura del Trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos… Sin dudas, el único y esperanzado rumbo posible, es el camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo. Debemos estimular, impulsar, reconocer, premiar y recompensar el Trabajo – no castigarlo y desalentarlo -, porque sin trabajo, no hay presente ni jamás tendremos futuro…

La Argentina donde pierde el laburante, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Quiera Dios, che, melón – pinta futura -, que algún yorno – mi espiche te lo canta -, ya no ganen el chorro y el gran chanta, ni la pierda el mamerto que labura. Quiera Dios que se frene – yeca dura -, esta bronca feroz, que se agiganta, y dejemos de andar a la marchanta, soportando la triste mishiadura. Quiera Dios, que sin verso ni sanatas, para siempre, se borren los piratas, el malandra, el cabrón y el atorrante… Y en un tiempo chipola y diferente, al final, esté en cana el delincuente, y en el podio triunfal, el laburante. Quiera Dios, che, gilún, que mi hondo anhelo, pueda hacerse verdad, una matina, y que brille en un flor de nuevo cielo, el sol posta y feliz de la Argentina.

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