Reflexión lunfarda: La Casa de Tucumán, cuna de la Independencia Nacional, el 9 de Julio de 1816

Hoy, a 203 años, de la histórica y vibrante Declaración de nuestra Independencia, recordamos a la antigua y venerable Casita de Tucumán, un auténtico baluarte del pasado nacional y, un genuino y glorioso emblema, de las épicas luchas, hazañas y epopeyas, de la emancipación, el sentimiento criollo,  de la Patria y el espíritu profundo y puro, de nuestra argentinidad.

La celebración del 203 aniversario, de la histórica y memorable Declaración de la Independencia Nacional, proclamada en la ciudad de San Miguel de Tucumán, aquel relevante y dichoso martes 9 de Julio de 1816, nos ofrece, de una manera espontánea y propicia, la mejor oportunidad evocativa, para recordar, la antigua y entrañable casa tucumana, principal escenario y testigo, de ese magno y glorioso acontecimiento, en los anales de nuestra auténtica argentinidad. La casa tucumana, de un típico y muy pintoresco estilo arquitectónico, de índole colonial, ubicada sobre la calle De la Matriz Nro. 153, que hubo de pertenecer a una distinguida dama, de antigua raigambre, prosapia y linaje provinciano: Doña Francisca Bazán y Esteves de Laguna, descendiente directa, del viejo fundador de Tucumán, Don Juan Ramírez de Velazco. La casa tucumana, que fuera demolida, a principios del siglo XIX, preservándose únicamente, la sala de la jura, de la Independencia argentina; la cual, se mantuvo totalmente intacta, protegida del grave y penoso deterioro de su estructura, y el insalvable transcurso del tiempo, en un edificio, erigido ex profeso, que se denominó “El Templete”. La casa tucumana, que alcanzó el importante rango y la jerarquía de “Monumento Nacional”, en 1941, y que hubo de reconstruirse y restaurarse, mediante una serie de significativos trabajos, bajo la dirección del notable arquitecto Mario J. Buschiazzo; inaugurándose, las citadas obras, el 24 de septiembre de 1943. La casa tucumana, que en 1993, efectuó la reparación de los techos del inmueble, y que hacia 1996, llevó a cabo, la restauración de toda la carpintería; pintándose de azul, la puerta y las ventanas del edificio, el mismo color, que lucía y presentaba, en el momento de nuestra feliz y esperanzada emancipación. La casa tucumana, donde hubieron de iniciarse las sesiones, del Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas, el 24 de marzo de 1816, y que supo cobijar, a los tan abnegados y valerosos, veintinueve diputados, oriundos de diferentes provincias y lugares geográficos del país; esos mismos diputados, que soñaron una Patria pujante, venturosa y progresista, y nos dejaron, como preciada herencia y legado, un aleccionador y admirable ejemplo de integridad y grandeza moral, coherencia de conducta, límpida honradez y extraordinaria generosidad. Hoy, más que nunca, debemos recuperar los principios éticos y los elevados valores, de aquellos ilustres próceres, del congreso tucumano, que tanto lucharon, con profundo coraje, honestidad inquebrantable y verdadero altruismo, en favor del destino y el porvenir de la Patria. Recuperar los principios y  valores, junto a la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del Trabajo; predicando y sembrando, en todo momento y circunstancia, con nuestro buen  ejemplo de vida, a la luz de los modelos, arquetipos y paradigmas, de los congresales tucumanos. Sólo existe un rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian  por sus propios frutos.

Casita de Tucumán, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo

Casita del ayer, siempre coqueta, que te juno otra vez, posta y debute; campaneo tu imagen, che, salute, y te siento, en el cuore y la croqueta. Allí estás, con tu pinta – linda jeta -, más tus glorias, que nadie las discute, y yo, que ando de vago y farabute, me voy a visitarte, en bicicleta… Allí estás, con tu flor de lunga historia, tu polenta y tu nítida memoria, tus recuerdos, que nunca arrugarán… Y al relojearte así, guapa y chipola, te brindo mi homenaje y mi parola, Casita noble y fiel, de Tucumán. Hoy, te nombro, con todos tus ideales, y tu voz, aún repite, bien diquera: “Aguanten los mistongos congresales, y que Viva la Patria verdadera”. Porque sos, con tu facha y tu presencia, tu embale del pasado y tu emoción, un chamuyo de eterna Independencia, y el símbolo mayor de la Nación.

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