Reflexión Lunfarda: La enseñanza, sus resultados negativos y el fenómeno de la decadencia…

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Ilustraciones, de distintos libros de lectura, de escuela primaria, correspondientes a las décadas de 1930, 1940 y 1950.

Ilustraciones, de distintos libros de lectura, de escuela primaria, correspondientes a las décadas de 1930, 1940 y 1950.

Vivimos, infortunadamente, en el contexto de una sociedad y de un país, donde el sistema educativo, nivela e iguala hacia abajo, con resultados prácticos, muy negativos y desfavorables; profundizándose un grave y alarmante fenómeno de regresión, retroceso y marcada decadencia, por una ruta que, de un modo inexorable, habrá de conducirnos a la incultura, el analfabetismo y la ignorancia… Vivimos en medio de una sociedad, donde se habla cada vez más, y se trabaja cada vez menos; nada se resuelve, más allá de las meras y vanas palabras, y muchos permanece, de brazos cruzados, sin mover un dedo, para que no cambie nada… No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y los hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus propios frutos… Debemos predicar y sembrar, ante todo, con el testimonio de nuestra noble conducta y, nuestro buen ejemplo de vida, infundiendo, inculcando y transmitiendo, principios éticos, y valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, la conciencia colectiva y la sagrada cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la lucha y, los auténticos y verdaderos méritos… De lo contrario, continuaremos sepultados, en el círculo vicioso y el laberinto del “más de lo mismo”, donde “no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, siempre se habla mucho, de lo mismo, y todo, al final, termina siendo, más de lo mismo”. La principal prioridad y el único sendero posible, de una sociedad civilizada y un país, con anhelos de crecimiento, progreso y futuro, deben ser, sin duda alguna, EL CAMINO DE LA EDUCACIÓN, EL TRABAJO, EL ESTUDIO Y LA ENSEÑANZA…

El gran filósofo y maestro griego, de la antigüedad, Sócrates (470 – 399 a. C.), expresaba que: “Sólo hay un bien: El conocimiento, sólo hay un mal: La ignorancia”, y el insigne “Padre de las aulas”, Domingo Faustino Sarmiento (1811 – 1888), puntualizaba, en tanto, que: “La instrucción primaria, es la medida de la civilización de un pueblo. Donde es incompleta, ya abandonada y al alcance de un corto número; hay un pueblo semibárbaro, sin luces, sin costumbres, sin industria, sin progreso… Lo contrario sucede, donde la instrucción primaria, llama la atención de todos, y se hace un interés de primer orden, no sólo para el gobierno que la establece, reglamenta y dirige, sino para cada padre de familia, que vigila el adelanto de sus hijos, y mira la escuela de su departamento o de su parroquia, como una propiedad suya, en cuya buena conservación, están interesados el honor del lugar de su residencia, la propia utilidad y la de todos sus convecinos”. Asimismo, en otra de sus consideraciones educacionales, el eminente pedagogo sanjuanino, subrayaba: “Estoy obsesionado, por la enseñanza primaria. Es la educación primaria, la que civiliza y desarrolla la moral de los pueblos”. Hoy, más que nunca, debemos rescatar, reafirmar y exaltar, la importancia fundamental, de la educación y la enseñanza, como férreos pilares, soportes básicos e instrumentos sólidos y primordiales, para el avance, el crecimiento, la favorable y halagüeña evolución, la notoria prosperidad y, el venturoso progreso de las naciones y los pueblos. La importancia de la educación y la enseñanza, dentro de un sombrío y desalentador panorama actual, con un sistema educativo que, suele nivelar o igualar, triste y penosamente, hacia abajo, ofreciendo, en su mayor parte, resultados muy negativos y deplorables: alumnos que no saben leer ni escribir, de corrido; carencia total, de comprensión de textos; graves dificultades para la redacción; manifiestas falencias, en matemática, lengua, ortografía, historia, instrucción cívica, geografía y, diferentes materias de los planes escolares…La importancia de la educación y la enseñanza, en medio de una sociedad y un país, en la que predomina la “anticultura del facilismo”, donde todo se consigue sin trabajo, sin esfuerzos personales, sin lucha, sin estudios, sin ninguna trayectoria y el más mínimo mérito… La importancia de la educación y la enseñanza, en el contexto de una sociedad y un país, sumergidos muchas veces, en la total frivolidad, la superficialidad, la banalidad y la absoluta pavada, donde, desgraciadamente, dejaron de ser prioridad número uno, el trabajo, la educación y la salud, y se privilegia, únicamente, el tener, la aparición, la figuración, el cartón pintado, la posición económica, la especulación bursátil y financiera, la fortuna y los bienes materiales… La importancia y la extraordinaria significación y dimensión, de la educación y la enseñanza, en una sociedad y un país, donde se habla cada vez más, y se trabaja cada vez menos, y muchos permanecen con los brazos cruzados, no moviendo un dedo, para cambiar nada… Debemos predicar y sembrar, con el testimonio de la conducta y el buen ejemplo de vida; infundir, inculcar y transmitir principios y valores morales, humanos, patrióticos y espirituales y recuperar, la conciencia colectiva y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza… Sólo hay un camino: La senda de la educación y el trabajo. Sin ella, la sociedad y el país, no tienen futuro, ni tampoco destino…

La enseñanza, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y de la Academia Porteña del Lunfardo.

 Che, mamerto, vestido de canchero, que la vas de gran piola y atorrante, dejá de haraganear, abrí el balero, y escuchá mi chamuyo, en un instante. Che, salame, tan mersa y canfinflero, pensá un día, en hacerte laburante, y elegí, de movida, el buen sendero, del saber, tan fetén y edificante… Che, melón, hoy, rajá del apoliyo, relojeá la matina, y juná el briyo del sol, posta y pintón, de la esperanza… Y ya lejos, de ser un vagoneta, encontrá, carburando la croqueta, el camino escolar de la enseñanza.