Reflexión lunfarda: La Escuela del Trabajo, en la Argentina del siempre lo mismo…

De nada valen ni tampoco, nada representan ni significan, las meras doctrinas y teorías, los planes, los programas y los anuncios económicos y financieros, si no volvemos a la esencia básica y la fuente verdadera y fundamental, en la vida, la historia , la idiosincrasia y,  el progreso y desarrollo del país: La Escuela del Trabajo. Menos palabras y más hechos concretos, obras tangibles y, realizaciones positivas y valederas. La Escuela del Trabajo, ante todo. Sin trabajo, lucha, tesonero esfuerzo, nervio, pasión y, voluntad constructiva y  realizadora, no existe futuro, destino ni salida… El único rumbo posible, entonces: Volver al camino y a la Escuela de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. LOS HOMBRES COMO LOS ÁRBOLES, SE CONOCEN Y APRECIAN  POR SUS PROPIOS FRUTOS.

La reflexión lunfarda de la fecha, nos invita a pensar y meditar, de un modo sincero y comprometido, acerca de la imperiosa y urgente necesidad, de volver, hoy, más que nunca, a la bendita Escuela y la sagrada Cultura del Trabajo, para recuperar el hondo y auténtico espíritu de laboriosidad, la voluntad realizadora y constructiva, el tesón, firme y empeñoso y,  la visión y el esperanzado horizonte del progreso, el fecundo desarrollo, y el claro y venturoso porvenir de nuestra Patria. Hoy, más que nunca, debemos volver a la Escuela del Trabajo, la cual, sabe inculcarnos, infundirnos y transmitirnos, los principios éticos, los valores morales, humanos y espirituales y, el verdadero amor hacia las cosas nobles, humildes y sencillas, que conforman y constituyen, la realidad habitual o cotidiana… Hoy, más que nunca, debemos volver a la Escuela del Trabajo, para alejarnos, definitivamente, de la Argentina del siempre lo mismo, donde todo sigue como está, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, más de lo mismo… La Argentina, trucha y berreta, atada con piolín y alambre; la Argentina de la corrupción, la impunidad,  las injusticias, la improvisación, el chanterío, los curros y el afano, en la cual, hay gente que se ha hecho y se hace rica, de una manera ilícita, viviendo de arriba, sin laburar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… El ex presidente de la Nación, teniente general Juan Domingo Perón, escribió, en la década de 1950,  que: “El progreso del país, depende de la forma en que cada habitante trabaja, produce y ahorra. El que no trabaja, produce y ahorra, es un elemento destructivo y un parásito social”; “Producir y ahorrar, deben ser dos pensamientos grabados en la conciencia económica del pueblo”; “La única moneda que vale para nosotros, es la del trabajo y los bienes de producción que nacen del trabajo”, y “El país debe producir, por lo menos todo lo que consume”. Además, en las “Veinte Verdades” del Justicialismo, el teniente general Perón, con énfasis, puntualizaba: “El trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca, por lo menos lo que consume”. En tanto, el dirigente político, abogado, escritor, periodista, docente y ex legislador chivilcoyano, Dr. Francisco José Falabella, en 1973, manifestaba: “La prioridad número uno, es que todo el pueblo trabaje; que el trabajo sea organizado y estimulado por el Estado, y que mediante una multiplicación de los bienes y la riqueza –única fórmula -, se pueda dar al pueblo, el bienestar general”. Hoy, más que nunca, debemos volver a la Escuela del Trabajo, y predicar y sembrar, con el buen ejemplo de vida y el edificante y aleccionador testimonio de nuestra propia conducta. Menos palabras, y más trabajo, más realizaciones positivas y, más hechos concretos, tangibles y valederos. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo: para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres como los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos. De nada valen ni nada representan ni significan, las meras doctrinas y teorías, o  los planes, programas y anuncios económicos y financieros, si no volvemos a la fuente y a la esencia, de la primordial y gloriosa  Escuela del Trabajo. Precisamente, sólo existe un único rumbo: Volver a la senda de la Educación, la Honestidad y el Trabajo…

La Escuela del Trabajo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y ,miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy, te canto, che, escuela del laburo, – te canto, de verdad, debute escuela -, por ser forte baluarte y centinela, de un progreso banana y bien seguro. Te canto, con tu aliento posta y puro, tu aguante más fetén, tu lunga escuela; tu cuore y tu chipola escarapela, de lucha, flor de embale y gran futuro… Hoy, te canto, che escuela muy pujante, – minga de tipo fiaca y atorrante -, siempre yugando, piola y vigorosa… Yo quisiera, que vuelvan tu enseñanza, tu onda guapa y canchera, y la esperanza, de una Patria pulenta y luminosa. Pues de vos,  aprendí – sentir profundo -, cinchándola, a lo rope, desde abajo, que en la vida mistonga de este mundo, nada puede lograrse, sin trabajo.

 

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