Reflexión lunfarda: La figura del “Camaleón”, en la Argentina, del más de lo mismo…

 

Solemos escuchar, con bastante asiduidad y frecuencia, el vocablo o término “camaleón”, para referirse a un individuo que, dentro del ámbito político y la esfera pública, cambia o modifica, de un modo constante y sistemático, su pensamiento ideológico, sus principios y convicciones, su opinión y, sus postulados partidistas y doctrinarios. Entonces muchos se preguntan, sorprendidos y asombrados: ¿Qué es un camaleón? Pues bien, un camaleón, es un reptil, de la familia de los saurios –semejante a una iguana o un lagarto -, el cual, posee un cuerpo contráctil y una cola prensil, que le permite cazar, distintos insectos, y que, como una curiosa e insólita particularidad, cambia los colores de su piel, bajo el efecto de ciertas circunstancias o condiciones ambientales: la luz, el frío, el calor, etc.; logrando en algunos casos, ocultarse y pasar inadvertido. De esa manera, adquiere, en determinados momentos, frente a diversas situaciones, hechos y episodios, una coloración roja, negra o parda, y consigue camuflarse, en forma rápida y satisfactoria. Un popularizado tema musical, del notable compositor Chico Novarro, ya en la década de 1960, con gran acierto, lo puntualizaba: “El camaleón, mamá, el camaleón, cambia de colores, según la ocasión”. En el campo de la política y el mundo partidario, el camaleón, constituye un elemento, totalmente mutable, voluble, mudable o cambiante, que con inusitada facilidad, alarmante cinismo y, falta absoluta de conciencia, límites y mínimos escrúpulos, olvida sus principios y valores, su pensamiento rector y su posición ideológica; defraudando a los adeptos, seguidores y simpatizantes, que confiaron en su palabra, sus promesas, sus juramentos y sus actitudes. El camaleón, típico y perfecto vendedor de imagen, se traiciona a sí mismo y a los demás, dejando de ser fiel o leal, a sus íntimas convicciones y a su conducta de vida. El camaleón  – fachada exterior y cartón pintado -,  responde a intereses puramente económicos y propósitos enteramente dinerarios y pecuniarios, porque sólo piensa en su egoísta, ruin y mezquino beneficio propio, y está al servicio del que mejor le paga… El camaleón, pillo y miserable,carece de autoridad moral, de ascendiente ético y de todo predicamento, y con sus deleznables y canallescos procederes, corrompe, envilece, degrada, pudre y contamina, la actividad política y el sistema democrático, constitucional y republicano. El camaleón, hace perder el fundamental y valioso sustento, de la sagrada credibilidad pública, y acentúa y profundiza, la indiferencia y la apatía, el repudio, el descontento, la suspicacia y la mayor desconfianza… El camaleón, sólo persigue, un seguro y óptimo acomodo, con curros, gangas, favoritismos y privilegios; realiza su pernicioso juego personal, en búsqueda de réditos y ventajas, y no tiene la menor intención de cambiar nada…, porque responde, al país y a la Argentina del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inevitablemente siendo, más de lo mismo… El país, trucho y berreta, atado con alambre, en el que hay gente que, se ha hecho y se hace rica, viviendo de arriba, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se empobrece, se perjudica y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo… Existe un único rumbo posible: Volver al luminoso y esperanzado camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Los Hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos.

El Camaleón, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo soy el camaleón, piola y canchero, que la juego, fayuto, de veleta, y así cambio de bando y camiseta, de este modo instantáneo y canfinflero. Yo no tengo un chamuyo verdadero, ni una fiel convicción, en la croqueta, y la voy de chantún y de careta, detrás de un acomodo duradero… Estoy en el arreglo y el bolazo, rosca, trampa, matufia y esquinazo, la tramoya, la trenza y la agachada… No me importan, la Patria ni la gente, sólo pienso en la guita, y fácilmente, vivo siempre engrupiendo a la gilada.

 

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