Reflexión lunfarda: La gran paciencia del ciudadano común.

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pacienciaLa paciencia, definida por el diccionario, como una virtud, que permite sobrellevar los males, con resignación, una conducta de firme perseverancia y, una cualidad, que nos lleva a esperar, de una manera tranquila o sosegada; constituye también, un tema y un motivo, de seria y profunda reflexión, para el sentir y el análisis del lunfardo. La gran paciencia, del ciudadano común, que trabaja, lucha, se esfuerza y se sacrifica, empeñosa y tenazmente, cada día, en medio de una sociedad y un país, donde suelen ser víctimas y perdedoras, las personas buenas, honestas y laboriosas, que contribuyen a forjar y construir, la patria cotidiana; y por el contrario, se presentan como ganadores y exitosos, quienes violan e infringen las normas legales, acrecientan sus patrimonios y se enriquecen, de un modo ilícito, nada hacen ni aportan, al bienestar general y el contexto comunitario, y carecen de trayectoria, de obra, y de reales y auténticos méritos individuales. La gran paciencia, del ciudadano común, agobiado y abrumado, por las injusticias, la corrupción, la impunidad, las cargas tributarias, las presiones fiscales, las obligaciones impositivas, y las crisis, ajustes, recortes y debacles, de índole financiera. La gran paciencia, del ciudadano común, bajo el clima, muchas veces, triste y desalentador, de una sociedad y un país, donde se habla y se habla, demasiado, a través de distintos anuncios, infinidad de comunicados, largos debates, repetidos versos y múltiples sanatas; pero en definitiva, nunca se resuelve nada, ni se observan ni perciben, resultados tangibles, concretos y valederos (“Mucho ruido y pocas nueces”), que generen expectativas favorables y nos permitan vislumbrar un horizonte, de luminosa esperanza. La gran paciencia, del ciudadano común, dentro del esquema, de una sociedad y un país, donde se tiende a nivelar o igualar, hacia abajo, especialmente, en materia educativa; la sociedad y el país, en los que se instauró la denominada cultura del “facilismo”, donde todo se consigue, sin trabajo, sin esfuerzo  y sin estudio, viviendo sólo, de arriba, y lejos de adquirir deberes, compromisos y responsabilidades. La gran paciencia, del ciudadano común, en una sociedad y un país, donde, infortunadamente, se reiteran las actitudes, conductas, gestos y procederes – idéntica historia -, y a raíz de ello, no cambia nada, no pasa nunca nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo… Únicamente, nos libraremos del fatal y negativo círculo vicioso, el laberinto, la trampa y el estigma, del “más de lo mismo”, si predicamos con el buen ejemplo de vida, y elegimos para siempre, la mentalidad, la cultura, el hábito y la senda del trabajo, la educación y la enseñanza; recuperando los principios éticos, y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales. Quiera Dios que, esa gran paciencia del ciudadano común, no se transforme en resignación y conformismo, y terminemos hundidos y sepultados, en el círculo vicioso del “más de lo mismo”, careciendo de futuro y destino… Los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

Tené paciencia, gomía, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Tené paciencia, gomía, no te cansés de esperar; campaneá como está el día, y ponete a laburar. Despegá de la catrera, con pulenta y firme acción; carburá bien, la piojera, y no te hagás el chambón. Dejá a un lado, esa novela, que no encuentra, nunca fin…, tirándote a mortadela, en la puerta del bulín. Olvidate, totalmente, de la fiaca, gilastrún, y no vivás, tristemente, como un pobre pelandrún. Alejate de la mala, si otro cielo, pensás ver, y pronto, chapá la pala, que jamás te va a morder… Despertá del apoliyo, – lo chamuyo, de verdad -, y cazá, pico y martiyo, con posta y fiel voluntad. No la jugués de canchero, que no le importa yugar, y de fifí, muy fachero, la farra quiere gozar. Juná, el futuro, adelante, y dejá atrás, che, melón, tu prontuario de atorrante, chanta, vago y gran chabón… No andés más, a la bartola, – a nada, te ha de llevar…-, y bancame esta parola, que te intenta aconsejar. El camino, es el laburo, para morfar y crecer; el esfuerzo, noble y puro, la enseñanza y el saber… El camino, flaco hermano, – remanyalo, de una vez… -, es un ispa sin afano, con jotraba y honradez. Tené paciencia, gomía, – te lo canta, un pensador -, y matá la fulería, soñando un tiempo mejor.