Reflexión lunfarda: La honradez, en el país del “Más de lo mismo”.

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El procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal. Desde 1984, se desempeña en los ámbitos de la comuna; circula por la calles de Chivilcoy, en su bicicleta Miniroda, y siempre vive, en la misma casa…

 

Debemos predicar, con el aleccionador y edificante ejemplo, de la honradez personal. Ser honrados, por convicción, y según nuestros auténticos ideales. El gran dramaturgo y escritor irlandés, George Bernard Shaw (1856-1950), expresó, en una ocasión, que: “Es fácil ser honesto, cuando no se tiene oportunidad, de ser otra cosa”. Acaso, algunos, hoy, piensen, que la honradez y la justicia, en nuestro país, ya no existen… El filósofo y físico francés, Blas Pascal (1623-1662), señaló, hace varios siglos, que: “No pudiendo lograrse, que lo justo sea fuerte, se ha hecho, que lo fuerte sea justo”. Hoy, los argentinos, debemos recuperar, en aras de un mejor porvenir, el sendero de la honradez, la educación y el trabajo.

La honradez, como una clara y elocuente expresión, de la rectitud y la decencia humanas, constituye un especial motivo, de reflexión, análisis y celebración, del lunfardo. La honradez, que se caracteriza por la probidad, la entereza y la transparencia de conducta, y sabe distinguir al individuo, frente a sus propios semejantes. La honradez, que ennoblece y enaltece a la persona, subrayando sus principios, cualidades y virtudes. La honradez, que identificó y destacó, a muchos de nuestros abnegados e ilustres próceres argentinos, quienes lucharon, con profundo fervor, desinterés, generosidad y heroísmo, por el progreso y el futuro del país, y la libertad y el engrandecimiento de nuestra Patria. La honradez, acaso hoy, desconocida, denigrada u olvidada, en tiempos de flagrante corrupción, manifiesta impunidad, y notorias arbitrariedades e injusticias, dentro de muchos ámbitos, sociales y laborales.

La honradez, que hoy, de un modo rápido y perentorio, necesitamos recuperar o recobrar, junto a los valores morales y espirituales, y la mentalidad, la conciencia, el hábito y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. La honradez, del gesto franco y sincero, y de la mano, abierta y limpia, que se brinda al prójimo y a los demás, de una manera amistosa, fraterna y solidaria. La honradez, del humilde laburante, que modesta y silenciosamente, la cincha y la pelea, en la dura calle, de cada día…

La honradez, hoy, muchas veces, pisoteada, mancillada y degradada, en medio del contexto, de un país y una sociedad, en que suelen prevalecer y triunfar, la “cultura del facilismo” (Todo se consigue sin trabajo, sin esfuerzo, sin estudio y sin mérito alguno…), y el triste y desalentador fenómeno del “más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada (Particularmente, las causas y procesos judiciales), siempre se habla mucho, de lo mismo (En especial, en las pantallas televisivas y los programas, de corte periodístico), todos son iguales, todo da lo mismo (Un hombre honesto o un delincuente, como el clásico “cambalache “ de Enrique Santos Discépolo), y todo, termina, inexorablemente, siendo, más de lo mismo… La honradez, que frente al desencanto, la frustración y el desaliento, nos devuelva, una pequeña cuota de amor, unión y hermandad, sin divisiones ni rencores; de credibilidad y de confianza, y de bellos y luminosos sueños venideros.  La honradez, a la que debemos aspirar, en un porvenir, no muy lejano, para forjar y construir así, una Patria, de integridad, decencia y esperanza…

La Honradez, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador, del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

En el ispa del chanta y el maleante, que la viven del curro y el afano, y con negra ambición, meten la mano, sin pensar en el gil, que hace el aguante; en el ispa, del fiaca y atorrante, que la pasan, fetén, de cayetano, yo la yugo, de un modo cotidiano, y la voy puchereando, hacia delante… En el ispa, del tipo mersa y rana, donde el chorro tan piola, no está en cana, y las cosas, se junan, al revés…; de una forma pulenta y verdadera, hoy, levanto, en el rioba, la bandera, del laburo bien posta y la honradez. Y ojalá, que algún yorno esperanzado, con decencia y un cacho de moral, triunfe aquel, que trabaja, alborozado, en un ispa, más justo y fraternal.