Reflexión lunfarda: La importancia de decir la Verdad, en la Argentina de las mentiras y del siempre lo mismo…

Hoy, más que nunca, debemos remarcar y subrayar, la gran importancia de decir y manifestar la Verdad, en el triste y penoso contexto de un país, moralmente envilecido y degradado, donde predominan la falsedad, la sanata, el verso, el camelo y la mentira… La falsedad y la mentira, de los vulgares vendedores de imagen, apariencia engañosa, cartón pintado y “carne podrida”; los vendedores de imagen, especialistas en pajaritos de colores, espejismos del desierto y, ficticios ilusionismos; los vendedores de imagen, de meras palabras y de promesas truchas, con carencia de escrúpulos éticos, pero llenos de un maquiavélico y excesivo cinismo, para engrupir a la gente y a toda la gilada… El tema ya no pasa, por ser bueno o por ser malo, sino por quien engrupe mejor a la gilada… Creamos en las personas, no por sus simples afirmaciones verbales, sino por su acción, sus realizaciones y sus propias obras… Creamos, no por lo que dicen, sino, en definitiva, por lo que hacen… Tengamos la capacidad y la inteligencia suficientes, a fin de poder discernir y diferenciar,  la Verdad de la mentira. Existe una regla única y un método infalible, que nos permiten identificar y calificar a los individuos: La categórica y contundente frase de Jesús, en las sabias y aleccionadoras páginas del Evangelio: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de oveja, pero por dentro, son lobos rapaces. Por sus frutos, los conoceréis… LOS HOMBRES COMO LOS ÁRBOLES, SE CONOCEN POR SUS FRUTOS”.

La gran importancia de la Verdad, constituye sin dudas, un tema de profunda reflexión y sincero examen o análisis, por parte del Lunfardo, que destaca y resalta, la magnitud y dimensión de esta auténtica y elevada virtud humana, que nos aleja de la obscura mentira, la vil patraña, las falacias y, el pernicioso engaño. La gran importancia de la Verdad, que subrayaba, de una manera clara y categórica, el mismo Jesucristo, en las maravillosas y bellas páginas del Evangelio, cuando en el diálogo con Pilatos, durante el infame y angustioso proceso, al cual fuera sometido, puntualizaba: “Yo soy Rey, para esto he nacido y he venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad; todo aquel que es de la Verdad, escucha mi voz”. El heroico y glorioso Libertador General San Martín, en la segunda de las máximas, dedicadas, en 1825, a su hija Mercedes Tomasa, escribía: “Inspirarla amor a la Verdad y odio a la mentira”. Por su parte, el eminente y tan prestigioso médico cardiocirujano y, genuino y honroso benefactor, en la historia del mundo, Dr. René Gerónimo Favaloro, en la enfática y elocuente “Declaración de Principios de la Fundación”, manifestaba: “Hay que sacrificarlo todo, en aras de la Verdad, y nada más que la Verdad. Decir siempre en voz alta, lo que se piensa por dentro. Nada puede sustentarse sobre la mentira”. La importancia de la Verdad, frente al grupo, la sanata y el camelo, de los vulgares vendedores de imagen, de sistemáticas mentiras, de mera figuración, de cartón pintado y, de “carne podrida y en mal estado”, que suelen  engrupir a la gente y a la ciudadanía, con falsas promesas, superfluos y frívolos anuncios, y vanas palabras, sin  ninguna significación ni contenido. La importancia de la Verdad, delante de los chantas, improvisados, tránsfugas, atorrantes y farabutes, quienes sólo hablan y hablan, en forma superlativa, pero a los que les falta, trayectoria,  obra valedera, realizaciones tangibles y concretas y, positivos y ponderables méritos; y que por otra parte, carecen de acción emprendedora y de capacidad ejecutiva, para concebir, planificar y hacer cosas, dignas de estimación y reconocimiento… La importancia de la Verdad, dentro del contexto actual, de la Argentina del “siempre lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – impunidad absoluta -, siempre se habla mucho, de lo mismo, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, “siempre lo mismo”. Esta Argentina, decadente, trucha y berreta, atada con alambre, en la que hay gente que, se ha enriquecido y se enriquece, de un modo ilícito, viviéndola de arriba, sin  trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, en el plano económico y dinerario, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… Terminemos entonces, con los simples anuncios, las mentiras y las palabras; terminemos con los vendedores de imagen y los inventos de las cúpulas del poder, el marketing y las redes sociales, y que finalmente, prevalezca la Verdad, como base y factor fundamental, para forjar y construir la sociedad, el país y la Patria, del presente y, del venturoso y esperanzado futuro. Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el buen ejemplo y el testimonio de nuestra propia vida, y recuperar los principios éticos, los valores morales y espirituales y, la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus frutos. Alejémonos de los vendedores de imagen, las apariencias engañosas, los espejitos de colores, los ilusionismos y las mentiras… Creamos, no en las palabras, sino en  los que luchan y trabajan, y en los hechos veraces y concretos y, los resultados tangibles y positivos. Existe únicamente, un rumbo: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

La Verdad, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, cabrón, que soy rey de la avivada, el campeón de la mula, el bolacero, el eterno chantún y el gran versero, que promete y no cumple, nunca nada… Che, cabrón, de la pinta remanyada, fanfarrón y de estilo bien canchero, que sos todo un perfecto chamuyero, engrupiéndola, al toque, a la gilada… Ya cortá, con tu espiche y tu parola, la actitud de sentirte un rana piola, la sanata y la fiera falsedad… Y borrando tu imagen muy berreta, hoy, sacate, de pronto, la careta, y batime, che, loco, la verdad. Porque sin la mentira ni el afano, el camelo y el tongo, que sabés, tendremos un país, posta y humano, de laburo, justicia y honradez.

 

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