Reflexión lunfarda: La Justicia y la impunidad, en la Argentina del eterno más de lo mismo…

El ciudadano común, suele percibir a diario, la absoluta carencia de una auténtica y verdadera Justicia y, la negra sombra de una enorme impunidad, que en forma sistemática y deliberada, impide y entorpece el esclarecimiento de los hechos delictuosos: Se demoran o dilatan los procesos y las causas, se destruyen elementos probatorios, se presentan cientos de recursos, se declaran incompetentes, los jueces del tribunal, se archivan y adormecen  expedientes y, todo queda, finalmente, en la nada… En la Argentina, pueden observarse, desde hace mucho tiempo, tres constantes, que resultan infalibles e inevitables: La nivelación hacia abajo, en materia educacional y pedagógica; la extrema lentitud de la Justicia y una completa impunidad, porque nunca hay culpables y responsables, de ningún acto de corruptela, y la derrota del honesto y abnegado laburante, pues siempre pierde quien lucha, se esfuerza y trabaja… Por este camino, nunca llegaremos a ninguna parte… No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo… Sólo existe un rumbo posible: VOLVER AL CAMINO DE LA EDUCACIÓN, LA HONRADEZ Y EL TRABAJO. Los Hombres como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

El tema tan crucial e inquietante, de la justicia y de la impunidad, constituye también, un serio y profundo motivo de reflexión y de análisis, por parte del Lunfardo, considerando y evaluando la postura y la actitud, de marcado descreimiento, decepción, desconfianza y desengaño, de nuestra ciudadanía, frente al desempeño y la actividad de los magistrados y los ámbitos judiciales. El tema, tan deplorable, de la justicia, que suele cuestionarse y censurarse, en forma constante, frente a la falta de respuestas, para tantas causas, la prolongación de los tiempos procesales, las medidas cautelares, las maniobras dilatorias, los recursos de apelación, el archivo, el adormecimiento y el letargo de los expedientes, etc. El tema de la justicia, que nos invita a meditar, de un modo sincero y comprometido, acerca de la manifiesta carencia, en el seno de nuestra sociedad contemporánea, de un adecuado sistema de premios y castigos. El tema de la justicia, en medio del contexto actual, del país del “más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo (un individuo honesto o un delincuente), y todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo… El país, de chantas y de chorros, de curros, de coimas y de afanos; el país, de la corrupción, las ambiciones y la guita, el verso, el grupo, el camelo y las sanatas; el país, trucho y berreta, atado con alambre, en el cual, hay gente que se ha hecho y se hace rica, de una manera ilícita, viviendo de arriba, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se empobrece, se perjudica y, hasta se funde, en el aspecto económico, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… El tema de la justicia, bien definida por el Digesto romano, en el libro primero, el título primero y la ley Nro. 10, que bien  señala: ”La perpetua y constante voluntad de dar a cada uno lo suyo”, en latín: “Justitia est constans et perpetua voluntas jus suum cuique tribuens”. Hoy, más que nunca, debemos recuperar, el elevado y sublime sentido de la justicia, auténtica y verdadera, recobrando los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, el hábito, la mentalidad, la conciencia y, la sagrada cultura del trabajo. Quizá, en nuestro país, a lo largo del tiempo y de la historia, se repiten con frecuencia, tres fenómenos permanentes: La nivelación hacia abajo, especialmente, en materia escolar y educativa; la completa impunidad (nunca hay culpables ni responsables, de nada), y pierde, al fin de cuentas, la persona que trabaja… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, con el objeto de impedirlo… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, mediante el testimonio de nuestra proba y recta conducta y, el noble y buen ejemplo de vida, y volver, entonces, al fundamental y seguro camino, de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Los Hombres, como los árboles, se conocen por sus frutos…

La Justicia, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – orgnizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Me pianté, lo más pancha, de repente, de este rioba infernal de la Argentina; cansada de yugar, doblé una esquina, y en un bondi, me fui, rápidamente… Mi ausencia, la junó la pobre gente, que sale a laburar, cada matina, y piensa que da igual – verdad genuina -, ser honrado chabón o delincuente… Me fui, de este despiole cotidiano, y quedaron las coimas y el afano, matufias, ambición, pura macana… Y al final, lo que yo me presumía: Total impunidad, la fulería, y el chorro que jamás, termina en cana. Tal vez, un yorno vuelva – gran noticia -, para que salga el sol y haya justicia.

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