Reflexión lunfarda: La muerte del mercado interno, en el país del más de lo mismo…

La situación del país, con el notorio y pronunciado enfriamiento, de las actividades económicas, y la clara y manifiesta caída del consumo, por parte de la ciudadanía, sin dudas, ha provocado, la penosa e inexorable muerte del mercado interno y del movimiento comercial cotidiano… Surgió, entonces, la tan repetida y popularizada frase: “En la calle, no hay un mango…”, reflejando así, el estado general de la plaza, sin dinero efectivo circulante… Lamentablemente, los planes y programas, de recortes y ajustes, se aplican siempre, contra la gente trabajadora…  La única norma o regla, el mejor sistema y el método infalible, para identificar y calificar a las personas, son las sabias palabras de Jesucristo, en las aleccionadoras y bellas páginas del Evangelio: “Los Hombres,  como los árboles, se conocen por sus propios frutos”. Prediquemos y sembremos, con el buen ejemplo, de nuestra conducta, porque los Hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus frutos. Menos apariencia externa, figuración, frivolidad, cartón pintado y palabras…, y más trabajo, hechos concretos y resultados…

La actual situación económica del país, que agobia y apesadumbra a los argentinos, constituye también, un particular motivo de análisis y reflexión, por parte de la voz del Lunfardo, la cual, a la luz de un notorio y alarmante proceso, de índole recesiva, con una constante y profunda caída del consumo, observa, de una manera triste y penosa, la lenta e inexorable muerte del mercado interno. Ese mercado interno, que, vertiginosamente, se desmorona y derrumba, ante la carencia de transacciones y operaciones, comerciales y contractuales, a raíz, de una marcada y manifiesta pérdida, del poder adquisitivo y la capacidad de compra, por parte de las clases trabajadoras, los sectores obreros, la gente y, nuestra ciudadanía. Ese ciudadano común, víctima fatal y permanente, de los ajustes y recortes, los incrementos de precios y tarifas y, las enormes y desmesuradas cargas impositivas, y cargas fiscales y tributarias. Ese ciudadano común, que se encuentra aprisionado, dentro del esquema y el contexto, del país y la sociedad, del más de lo mismo: un grave y nefasto círculo vicioso, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inevitablemente siendo, más de lo mismo… El país, trucho y berreta, atado con alambre, de los curros, las coimas y el afano, la corrupción, la impunidad, las injusticias, las promesas incumplidas, el camelo, la improvisación, el arribismo y el oportunismo; en el que, hay personas, que se hicieron y se hacen ricas, de un modo ilícito, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y hasta concluye fundido, el individuo bueno, honrado y laborioso, que trabaja… Lamentablemente, los planes y programas económicos, ministeriales y gubernativos, se conciben, elaboran y ejecutan, contra la gente de trabajo… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo… Debemos, ante todo, recuperar los principios éticos, y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; como asimismo, la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del Trabajo, predicando y sembrando, con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo, de proba y recta vida. Los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos, como bien lo señalaba Jesucristo, en las sabias y bellas páginas evangélicas, y esa norma, es sin dudas, la única regla, el mejor sistema y, el método infalible, para identificar y calificar a las personas: Más allá de las falsas apariencias, las frívolas y superfluas imágenes exteriores, los rutilantes espejitos de colores,, el artificioso cartón pintado y, las meras y vanas palabras y expresiones, puramente verbales, los Hombres, se conocen por su trayectoria, sus obras y realizaciones, sus méritos y sus frutos… Detengamos la muerte del mercado interno, mediante el  severo e implacable enfriamiento de la economía, con una actitud distinta, de nuestra parte, que defienda y exalte, la gran importancia de la Patria del Trabajo, la lucha, el esfuerzo, las actividades productivas y, la generación de bienes y riqueza, frente a la Patria Financiera, de las especulaciones bursátiles y cambiarias, la plata dulce y fácil, el enriquecimiento rápido y los suculentos negocios de unos pocos, en detrimento, del dolor y la miseria, de la mayoría… Sólo existe un rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

No hay un mango, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyno, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

No hay un mango en la yeca, che, gomía, – hoy, te chanto y chamuyo, esta novela -: Todo pinta, mistongo y mortadela, se rajó, de repente, la alegría… Nos chapó la tremenda fulería, y ninguna parola nos consuela; la malaria, hace roncha y gran escuela, y así estamos, galgueando y en la vía… Falta el morfi, que aquí, se necesita, se acabaron los sopes y la guita, nos copó, la terrible mishiadura… Y así estamos, fratelo zanagoria, puchereando el país – la misma historia -, donde pierde, el salame que labura. Quiera Dios – te la bato, muy senciyo -, que en un lindo futuro, por llegar, con un poco de mosca, en el bolsiyo, disfrutemos de un posta bienestar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *