Reflexión lunfarda: La noche de Reyes.

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reyesLa tan especial y cautivante noche de Reyes, con toda su atmósfera de magia y ensueño, su particular encanto, sus ilusiones y su fantasía, constituye también, un motivo de sentida evocación, para el lunfardo. La noche de Reyes, con su honda emoción y su bagaje de tierno amor, inocencia, pureza y conmovedora dulzura, siempre, entrañablemente unida, a las candorosas horas de la niñez, casi lejana… La noche de Reyes, que nos recuerda , la legendaria presencia evangélica, de los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes llegaron desde un remoto país de Oriente, con el propósito de adorar al Niño Jesús, el Emanuel y el Mesías, Salvador del Mundo; el cual, había nacido, en un humilde pesebre, del pueblo de Belén de Judea. La noche de esos queridos Reyes, que brindaron al Redentor, sus ofrendas de oro, incienso y mirra: Oro, como Rey, incienso, por su carácter de Dios, y mirra, por su condición de hombre mortal. La noche de Reyes, esos sugestivos personajes del Evangelio, que luego de ofrecer sus dones a Jesús, de acuerdo con el relato bíblico, retornaron a su comarca, por otro sendero, a fin de evitar el encuentro con el sanguinario rey Herodes, que alentaba el siniestro objetivo, de encontrar al anunciado Mesías, para darle inmediata muerte. La noche de Reyes, que perdura y se prolonga, a través del tiempo y el transcurso de los años, conservando su aureola de fascinación y misterio, su ingenuidad infantil, sus zapatos y su verdadero cariño. La noche de Reyes, que nos remonta a los días plenos y felices, de la infancia, y nos invita, de un modo piadoso, por otra parte, a recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos y espirituales, y a ser más buenos, más nobles, más justos, y también, más honrados, generosos y solidarios.

Noche de Reyes, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Cheno de Reyes, lunga y fachendosa, llena de posta encanto y flor de briyo, que ha copado el mistongo conventiyo, con su cacho de pinta luminosa. Cheno de Reyes, cálida y hermosa, sobre el rioba canchero y muy senciyo; los purretes, gozando el apoliyo, el silencio, la estreya misteriosa… Debute paz, la luna y sus desteyos, los piolas Reyes Magos, los cameyos, un camino pulenta, sin distancia… Cheno de amor fetén, tan imborrable, que manya en su recuerdo inolvidable, el cuore y la ilusión de nuestra infancia. Y yo – minga de sueños trasnochados -, cachuzo, sin un sope y en la vía, estoy, con los tamangos remendados, esperando a los Reyes, todavía…