Reflexión lunfarda: La pérdida de la Cultura del Trabajo, en la Argentina del siempre lo mismo…

Infortunadamente, desde hace ya largo tiempo, el país viene experimentando y padeciendo el penoso y lamentable fenómeno social de la pérdida, desaparición y muerte, de la fundamental y sagrada Cultura del Trabajo; un factor esencial y primordial para el fomento de las actividades productivas, el desarrollo económico, el crecimiento, la expansión industrial, la auspiciosa generación de riqueza y, el pujante y venturoso progreso de las naciones y los pueblos. Se mató la Cultura del Trabajo, acentuándose el país que nivela hacia abajo y necesita de la ignorancia, el analfabetismo y la miseria dependiente, para continuar siendo la Argentina del siempre, siempre, siempre lo mismo…

La nítida y manifiesta carencia de la Cultura del Trabajo, en el marco y el contexto de la Argentina, del círculo vicioso y la trampa del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada (pues no existe la menor intención ni el más mínimo propósito de cambiar nada), nunca pasa nada, todo queda en la nada (la impunidad judicial, total y absoluta), siempre se habla mucho de lo mismo, todo resulta igual, toda da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo siempre lo mismo… La Argentina que nivela hacia abajo –especialmente, en materia educativa -,  en la que siempre pierde, se perjudica, se empobrece y se funde el laburante, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja y paga sus impuestos y obligaciones tributarias.

La pérdida de la Cultura del Trabajo, juntamente con la Cultura del Estudio y el saber, la Cultura del Esfuerzo y la Cultura del Mérito, entendiéndose por este último, lo que nos hace dignos de elogio, reconocimiento y recompensa, por los distintos logros y procederes, nuestras acciones y nuestras obras.

El ex presidente de la Nación, Dr. Nicolás Avellaneda, subrayaba: “Nada está perdido cuando queda en pie un pueblo que trabaja”.

El teniente general Juan Domingo Perón, en las páginas de sus diferentes escritos, discursos, arengas y alocuciones, de la década de 1950, con énfasis y plena convicción, afirmaba a través de su pensamiento: “El progreso del país depende de la forma en que cada habitante  trabaja, produce y ahorra. El que no trabaja, produce y ahorra,  es un elemento destructivo y un parásito social. La única moneda que vale para nosotros es la del trabajo y los bienes de producción que nacen del trabajo. Producir y ahorrar deben ser dos pensamientos grabados en la conciencia económica del pueblo. El pueblo capitaliza la economía por el ahorro, y la producción de su trabajo y la economía sirven al bienestar del pueblo. El objetivo y la norma para el porvenir son los siguientes: ¡El país debe producir por lo menos todo lo que consume!”.

El abogado, dirigente político, periodista, orador, docente y ex legislador chivilcoyano, Dr. Francisco José Falabella, puntualizaba: “La prioridad número uno es que todo el pueblo trabaje, que el trabajo sea organizado y estimulado por el Estado, y que mediante la multiplicación de los bienes y la riqueza – única fórmula -, se le pueda brindar al pueblo el bienestar general”.

Hoy, más que nunca debemos predicar y sembrar con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de Vida (Un buen ejemplo significa mucho pero mucho,  mucho más que miles y miles de palabras), y recuperar, reivindicar, proteger y defender los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como además, la sagrada y sublime Cultura del trabajo, el estudio, el esfuerzo y los méritos, reales y verdaderos.

No podemos aguardar resultados distintos haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal sólo se necesita que los buenos no hagan nada a fin de impedirlo; en el mundo, cosecharemos lo que hemos sembrado y, los Hombres al igual que los árboles se conocen y aprecian por sus propios frutos.

Sólo salvará a la Argentina, la sagrada e imprescindible Cultura del Trabajo, con la serena paz, la fraterna unión, el espíritu de concordia – sin grietas, antinomias, odios, mezquindades ni egoísmos -,  la voluntad férrea y mancomunada y, la tesonera laboriosidad de todos, sin excepción… El único rumbo posible: El luminoso y esperanzado camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo…

La Cultura del Trabajo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Cultura del laburo, te has rajado, cultura del laburo, te has perdido; los chantas te mandaron al olvido, y quedaste en la lona, y a un costado… Después…, después de todo lo yugado, con tu vigor debute y encendido, terminaste forfai – cuore dormido -, y hoy, te ven como un cacho del pasado… Qué pálida, tu ausencia tan notoria, así te fuiste al bombo con tu historia, dejando tanta fiaca y vagoneta… Si hasta yo, cuando juno alguna pala, me pianto más ligero que una bala, borrándome del mapa y el planeta. Ojalá, por el bien de la Argentina, que feliz y canchera, desde abajo, podás volver de nuevo, una matina, che, pulenta Cultura del Trabajo.

 

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