Reflexión lunfarda: La Primavera.

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img_20160923_110220El feliz y promisorio advenimiento, de la estación primaveral, con toda su profunda magia, su particular encanto y su especial hermosura, constituye también, un tema y motivo de canto, para la musa canyengue y rea del lunfardo. La llegada de la primavera, que de un modo súbito y sorpresivo, hubo de irrumpir e ingresar al gris y frío mundo cotidiano, dominado por el inclemente y riguroso invierno, y de pronto, entró, como una suave y tierna brisa, al ámbito de nuestros hogares; trayendo el sol de sus hermosas mañanas, sus trinos y gorjeos, de calandrias y zorzales, el amplio y deslumbrante colorido de sus flores, y sus múltiples aromas y fragancias, de praderas, parques y jardines. La llegada de la primavera, que de una forma casi natural e imprevista, apareció en medio de las plazas, y en cada una de las calles y veredas del barrio; transmitiéndonos su dulce perfume, sus cadenciosas melodías, su ternura de pétalos y capullos, y su aliento de honda fe, luminosa esperanza, largas ilusiones, y un  venturoso optimismo. La llegada de la primavera, que dejó atrás, las angustias y congojas, de las heladas y silenciosas horas invernales, propicias para la meditación, el reposo, las penas, los recuerdos, las sentidas nostalgias y, las prolongadas añoranzas. La llegada de la primavera, que nos acerca un aire puro y renovado, lleno de buenas ondas, ritmo, impulso, movimiento, y muchas y desbordantes energías. La llegada de la primavera, que nos arranca de la pesarosa e implacable rutina; nos infunde un ánimo distinto, y nos insufla un espíritu dinámico, activo y vigoroso… La llegada de la primavera, que nos aleja del adormecimiento, el letargo, la inercia y la inoperancia, y nos muestra un paisaje diferente, lleno de árboles brotados, plenos verdores, infinidad de matices, e imágenes floridas. La llegada de la primavera, que nos invita a un cambio, de la mente y del alma, y nos hace renacer y creer en el futuro: un futuro de paz, alegría, emociones y nuevos sueños…

Primavera, por Carlos Armando Costanzo.

Llegaste, bien pulenta y pispireta, de una forma especial, esta matina, y con tu sol, que todo lo ilumina, pintaste de color, mi triste jeta. Llegaste, siempre posta y muy coqueta, con tu facha feliz, como una mina, y al junarte, che, naifa, en una esquina, se copó de ilusiones, mi croqueta… Llegaste, con tu cacho azul de cielo, tu fragancia y tu encanto, sin camelo, tus flores y tu imagen bien canchera… Y al entrar a mi zapie, de repente, todo cambió, de un modo sorprendente, gracias a vos, debute primavera. Y hoy, yo sólo te pido – parla amable -, con este, mi chamuyo humilde y tierno, que te llevés, el ofri insoportable, la onda fiera y las gripes del invierno.