Reflexión lunfarda: Las muchas palabras, el poco trabajo y la carencia de resultados…

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charlatan

Vivimos, lamentablemente, en medio de una sociedad y un país, donde suele hablarse cada vez más, y trabajar, por el contrario, cada vez menos, con una exorbitante y extraordinaria multiplicidad, de meras y vanas palabras, que carecen, en verdad, de todo contenido, y no logran traducirse y materializarse, en una serie de resultados concretos, tangibles y positivos, por el bienestar de la ciudadanía, y en beneficio y favor de la gente… Se habla, sin dudas, demasiado, desde el ángulo
puramente, teórico o abstracto, pero faltan resultados prácticos y efectivos, que se perciban en la calle. Hay quienes, solamente hablan, pero lejos de la acción, el trabajo, el esfuerzo, la entrega y el sacrificio, permanecen cruzados de brazos, sumidos en la total inoperancia, y no mueven, jamás, un dedo, para realizar una transformación o un cambio. Si nos quedamos, solamente, con las palabras, no llegaremos, nunca, a ninguna parte… El único sendero posible, es el camino del trabajo, el estudio, la educación y la enseñanza.

La reflexión lunfarda que hoy, ofrecemos a ustedes, nos está invitando a meditar, acerca de las excesivas y superfluas expresiones verbales, y la escasa contracción hacia el trabajo; subrayando, la imperiosa y urgente necesidad, de recobrar o recuperar, precisamente, la ya perdida cultura de la laboriosidad, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza, frente a lo que podríamos calificar, como “ la anticultura del facilismo”, donde todo suele lograrse o conseguirse, sin ningún tipo de trabajo, sin el más mínimo esfuerzo, sin el menor estudio y, sin mérito personal alguno… Nos encontramos en un país, en el cual, se habla cada vez más y se trabaja, cada vez menos, con toda una superabundancia de locuacidad y verborrea, que después, infortunadamente, no se traduce o convierte, en resultados tangibles, concretos y positivos, para la satisfacción de la gente, y el bienestar y el condigno progreso, de los sectores y clases populares, y la ciudadanía, en su conjunto. Se habla demasiado, en especial, a través de la pantalla grande, de los diferentes programas y ciclos televisivos, con paneles, columnistas, hombres del periodismo y funcionarios gubernativos, que opinan y debaten, acerca de los más diversos asuntos y temas, de la actualidad argentina. Se habla demasiado, y se sigue hablando de idénticas cuestiones y problemáticas; pero nunca, logra solucionarse, ni se resuelve nada… Los espectadores, sólo vemos, personas que hablan – no que trabajan -, y nos quedamos luego, atónitos y descorazonados, con las manos vacías, sin ningún contenido provechoso, y únicamente, con meras e inútiles palabras… El “Eclesiastés” bíblico, del Antiguo Testamento, nos recuerda, en su capítulo tercero, que: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su hora”, y en el capítulo quinto, nos señala que: “donde abundan las muchas palabras, abundan también, las vanidades”. Todo tiene su tiempo: Debe existir un tiempo para hablar, y otro tiempo para hacer y realizar, con un noble y edificante sentido emprendedor, y un criterio ejecutivo y progresista. El sabio y famoso filósofo español, José Ortega y Gasset (1883 – 1955), en una de sus visitas a nuestro país, nos aconsejó: “¡Argentinos, a las cosas!”, queriendo significar así, la vital y fundamental importancia de la acción, el empeñoso impulso y la pujanza hacedora. Hoy, más que nunca, debemos recobrar la conciencia colectiva, el hábito y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza; como asimismo, los principios éticos, y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales. De lo contrario, continuaremos viviendo en un largo y profundo mar de palabras, que no nos resuelven ni solucionan nada; cada día, más tristes, desencantados y empobrecidos… Continuaremos viviendo, dentro del aciago y obscuro círculo vicioso del “ más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, siempre se habla mucho, de lo mismo, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo… Si esta sociedad, frívola, indiferente y materialista, no se transforma; si los que siempre pierden, son aquellos que trabajan, se esfuerzan y luchan; si no se restauran las justicia, la verdad, y un adecuado sistema de premios y castigos; si no se observan resultados halagüeños y alentadores; si se deja de igualar y nivelar hacia abajo, en materia docente y pedagógica, y  si, finalmente, no se elige el camino del trabajo, el estudio, la educación y la enseñanza, el país, jamás habrá de tener porvenir ni tampoco, destino… No podemos esperar resultados distintos, haciendo siendo lo mismo, y los hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus propios frutos. Como expresaba un gomía del barrio: “Dejemos de ser, el ispa del curro, el afano, el chamuyo, la sanata, la fiaca y la pavada; terminemos con el verso y el grupo, y agarremos, de nuevo, la pala…”

El bolacero, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Basta, chabón, – te bato, bien seguro -, oí este simple espiche, y dame bola: Cortá, che, cusifai, con la parola, y pensá, seriamente, en el futuro. Basta, chabón – Araca, te lo juro -: Dejá de andar, salame, a la bartola, y después, en la yeca, hacé la cola, para chapar, acaso, algún laburo… Basta, chabón, de ser un bolacero, un eterno chantún y un gran versero, que a los giles, vas siempre empaquetando… Empezala a yugar – así, senciyo -: Una pala, un buen pico y un martiyo, todavía, te siguen esperando.