Reflexión lunfarda: El Libertador General San Martín (1778-1850).

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Estampas fotográficas, y láminas escolares alusivas, al Libertador General José Francisco de San Martín (1778-1850), el glorioso Padre de la Patria. Corresponden, a las décadas de 1940, 1950, 1960 y 1970.

Se ha conmemorado, el 167 aniversario, del tránsito a la inmortalidad, del heroico y glorioso Padre de la Patria, el Libertador General José Francisco de San Martín, quien dejó de existir, a los 72 años de edad, el sábado 17 de agosto de 1850, en la ciudad francesa de Boulogne – sur – Mer, donde se había radicado, hacia 1848. Falleció, a las 15 horas, de aquella triste jornada, en el segundo piso, de una finca, ubicada sobre la calle Grand Rue al 100, rodeado por su hija, Mercedes Tomasa, su yerno, Mariano Balcarce, sus pequeñas nietas, los médicos que lo asistían, y unos pocos amigos, de la familia. El gran Capitán de los Andes, y el íntegro y muy virtuoso “Santo de la Espada”, había nacido, el 25 de febrero de 1778, en la localidad correntina de Yapeyú – antiguo pueblo, de las Misiones Jesuíticas -, en el hogar del capitán, Don Juan de San Martín, militar y teniente gobernador, y de Doña Gregoria Matorras del Ser. Ambos progenitores, eran de nacionalidad española, oriundos, de la zona geográfica de León, y tuvieron cinco hijos: María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo Rufino y, el menor los hermanos, el después, insigne prócer de América, José Francisco de San Martín. Hoy, más que nunca, necesitamos el aleccionador y tan edificante ejemplo moral, del preclaro Libertador de Argentina, Chile y Perú, con todo su espíritu, noble y generoso, sus auténticos y fervorosos ideales, de lucha y emancipación americanas, sus inquebrantables principios éticos, su fiel conducta, de estricta justicia, disciplina y austeridad, sus sagradas normas de probidad y rectitud y, su límpida y transparente honradez personal, tan lejos de las malsanas ambiciones, los obscuros egoísmos, las ruines mezquindades, las maniobras ilícitas, el enriquecimiento pecuniario y la negra corruptela…

La casa de Bolulogne -sur-Mer, donde falleció, el General Don José de San Martín, el sábado 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde.

Hoy, más que nunca, el país y nuestra sociedad actuales, inmersos en la indiferencia y la frivolidad; la denominada “cultura del facilismo”; la nivelación hacia abajo; la notoria pérdida de valores, y el frustratorio fenómeno del “más de lo mismo”, –  donde no cambia nada, jamás pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina siendo, más de lo mismo -, requieren, de un modo urgente e imprescindible, su extraordinario y colosal modelo de vida y de atributos humanos, para recuperar, el profundo amor al terruño, el bello y puro sentimiento patriótico, los anhelos de crecimiento, superación y progreso, los sueños de un mejor porvenir, y la más luminosa y halagüeña esperanza. Hoy, más que nunca, necesitamos las sabias palabras del General José Francisco de San Martín, quien, en las célebres “Máximas”, a su hija “Merceditas”, que escribió en 1825, subrayaba: “Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira; respeto sobre la propiedad ajena; que hable poco y lo preciso; amor al aseo y desprecio al lujo; inspirarle amor por la Patria y por la Libertad”. Hoy, más que nunca, necesitamos sus importantes afirmaciones, con respecto a la Educación y el Trabajo, el único camino posible, de la Argentina del futuro: “La ilustración y el fomento de las letras, es la llave maestra, que abre las puertas de la abundancia, y hace felices a los pueblos; estoy cierto, que no encontrarán en la época de mi gobierno, rasgos de venalidad, despotismo ni corrupción; estoy pasando noches amargas, y siempre trabajando, sin alivio; serás lo que debes ser, o si no, no serás nada”.

Al General José de San Martín, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Alto capo del ispa, yo quisiera, rescatar, con mi espiche, humildemente, su presencia chipola y permanente, y su facha banana y bien canchera. Rescatar su pulenta verdadera, su hondo embale y su cuore muy valiente; su laburo, en favor del continente, su pasión, que copó la cordillera… Rescatar su parola y su entereza, su moral y su posta fortaleza, con el sable diquero y el clarín… Y sin chorros, ni chantas farabutes, carburar sus valores, tan debutes, General Don José de San Martín.