Reflexión lunfarda: Oración del Año Nuevo.

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La culminación del año 2016, y el promisorio comienzo del nuevo año 2017, nos están invitando, a una sincera y profunda reflexión, con un especial sentimiento de amor, paz, salud, bienestar, progreso y prosperidad, para la etapa que, ahora se inicia, como punto de partida, del sostenido camino de 365 días y 12 meses, determinado por el fiel y puntual calendario. Una reflexión, que nos conduzca a pensar, en la imperiosa necesidad, de recuperar y reivindicar, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales; la mentalidad y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza, y la virtud de la humildad, la honradez, la verdad, la justicia, el respeto, la integridad y la transparencia. Una reflexión, que remarque, y nos indique, en primer término, la fundamental importancia, de predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de vida, pues un buen ejemplo, representa mucho más, que miles de palabras, vanas y superfluas. Una reflexión, que nos recuerde el trabajo, la lucha, el ahínco, el impulso y la voluntad, firme y laboriosa, en medio de una sociedad, frívola e inoperante, con una manifiesta inclinación a la vulgaridad, las cosas triviales o banales, y la absoluta pavada; donde cada día, se habla más, pero es muy poco o nada, lo que se hace… Una reflexión, sobre la escuela, la instrucción pública, el saber y el conocimiento, dentro de un contexto educativo, donde se iguala y nivela, totalmente, hacia abajo, sin ningún resultado positivo, satisfactorio y valedero. Una reflexión, para una estructura social, en la que, por desgracia, pierden y se perjudican, las personas buenas, honradas y trabajadoras, y por el contrario, ganan, se benefician y favorecen, los deshonestos y corruptos, que infringen las normas legales, viven de arriba, circulan por izquierda, y de un modo exorbitante, aumentan sus patrimonios y se enriquecen… Una reflexión, para entender que, sí no modificamos, nuestros pensamientos, procederes y actitudes, y luego se instaura, el imperio de la ley y la auténtica justicia, y un sistema de premios y castigos,  todo habrá de continuar, de idéntica manera; porque en definitiva, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo (el hombre probo, como el malandrín o delincuente), y todo, al final, termina siendo “más de lo mismo”. Una reflexión, para tener presente que, no podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a los efectos, de impedirlo, y los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos. Una reflexión, que, nos aleje, del círculo vicioso y nefasto, del “más de lo mismo”, y nos ayude a recobrar el sendero del reencuentro fraterno, el trabajo, el esfuerzo, la lucha, el estudio, la superación, la cultura y la enseñanza, en medio de la sociedad, del ligero y superficial facilismo, donde todo se logra y consigue sin laboriosidad, sin dedicación, sin sacrificios, ni tampoco, méritos de ninguna índole… Una reflexión que, frente al año 2017, nos muestre un horizonte, luminoso y esperanzado…

Oración lunfarda del Año Nuevo, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña de Lunfardo.

 Año Nuevo, te pido, esta matina, con el cuore dulzón, de una plegaria, un buen cacho de amor, la paz genuina, la salud, la polenta necesaria. Yo te pido, por toda la Argentina, un futuro, sin broncas ni malaria; la concordia, debute y tranquilina, y una Patria fratela y solidaria. Yo te pido, el embale cotidiano, la honradez, sin tramoya y lungo afano, el laburo más posta y la bonanza… Y ya lejos, de fieros sinsabores, hoy, hagamos un ispa de valores, sueños piolas y un kilo de esperanza. Danos, flaco, por fin, como gomía, contra todo bajón y pesimismo, una gran pichicata, de alegría, y una lluvia banana, de optimismo.