Reflexión lunfarda Oración a la Virgen

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img_1640Se ha conmemorado, el 8 de diciembre, la antigua y tradicional festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, una remota festividad de la Iglesia, asociada a la blancura y la pureza espirituales, cuyos orígenes se remontan al siglo VII, en la región geográfica de Oriente; con posterioridad, un siglo más tarde, en el siglo VIII, se trasladó a Occidente, y hubo de alcanzar un particular esplendor, en el territorio de Irlanda. Promovida y defendida por los frailes franciscanos, durante la Edad Media, gozó después, de una profunda devoción, y una considerable popularidad. En 1854, el papa Pío IX, proclamó el dogma de la “Inmaculada Concepción de la Virgen”, declarando que “María, por un privilegio único, fue preservada de la mancha del pecado original, desde el primer instante de su concepción”. Y la voz, sencilla y emotiva, del sentir lunfardesco, frente al sagrado altar de la Virgen, luego de arrodillarse, respetuosamente, eleva una oración, colmada de honda fe mariana, cariño, ilusión y esperanzados anhelos. Una oración, nacida desde el interior del alma conmovida, por los que trabajan, luchan y se esfuerzan, de un modo anónimo y silencioso, cada día; construyendo y edificando, con tesón, empeño y sacrificios, el país y la patria, en que habitamos. Una oración, por todos aquellos, que en medio de una sociedad, materialista e indiferente, resultan tristes y penosas víctimas de la marginación, la pobreza y la indigencia; el dolor, la ignorancia, la desprotección y el total desamparo. Una oración, para recuperar y reivindicar, los principios éticos y los valores morales y humanos; el amor hacia el prójimo, el bien, la humildad, la justicia, la verdad y la honradez, frente a la corrupción y la impunidad; la nobleza, la rectitud y la transparencia, el corazón generoso y solidario, y la tan necesaria e imprescindible cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, y los auténticos y reales méritos. Una oración, para recobrar la educación y la enseñanza, lejos de la nivelación hacia abajo, y del catastrófico y deplorable fracaso educacional; soñando un porvenir, halagüeño y luminoso, de capacitación, saber y conocimientos. Una oración, para sembrar y predicar, fiel y constantemente, con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de vida; un ejemplo aleccionador y edificante. Una oración, para lograr una genuina y saludable transformación, sin falsos anuncios de cambios, y promesas vanas e incumplidas… Una oración, para dejar de ser, el país del “más de lo mismo”, donde, desde tiempos lejanos, siempre se habla y debate, acerca de idénticas cuestiones y cosas, pero nunca, se resuelve, favorablemente, nada… Una oración, para lograr la ruptura, de ese fatal círculo vicioso, en el cual “no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, al final, siendo, más de lo mismo…” Una oración, para no bajar los brazos, y hundirse en la resignación, la chatedad, y la actitud pasiva, inoperante y conformista; pensando que, todo da lo mismo (la persona honesta y decente, el individuo sin conciencia ni escrúpulos, o el ladrón y el maleante), y que todo, concluye siendo “más de lo mismo”. Una oración, para avanzar, con proyectos de vida, expectativas sonrientes y sueños optimistas, hacia el progreso, el bienestar y los años futuros, por el gran camino del trabajo, la educación y la enseñanza.

Plegaria lunfa a la Virgen, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy, te quiero batir, humildemente, la parola de un ruego cotidiano, con un kilo de aguante, bien cercano, y el embale de un cuore transparente. Hoy, te quiero pedir, sinceramente, el amor más debute, en cada hermano; la honradez, en un ispa sin afano, el jotraba y el morfi permanente… Hoy, te quiero pedir – lindo futuro -, la pulenta banana, del laburo, la más lunga alegría y la bonanza… Remanyá mi oración, simple y sentida, y dejá para siempre, en nuestra vida, un chamuyo, un chamuyo de esperanza. Escuchá esta plegaria arrabalera, desde el posta y azul rioba del Cielo, y llenándome el alma y la piojera, dame todo tu amparo y tu consuelo.