Reflexión lunfarda: Oración por quien trabaja y siempre pierde, en el país del más de lo mismo…

Láminas alusivas al trabajo, publicadas en las páginas, de distintos libros lectura, de escuela primaria, aparecidos en las décadas de 1950 y 1960.

Vivimos inmersos, en el país del más de lo mismo, donde a lo largo del tiempo y de los años, se repiten, de un modo fatal e inevitable, tres reiteradas e históricas constantes: Se nivela e iguala hacia abajo, fundamentalmente, en materia educativa; nunca existen culpables ni responsables, de nada, por la carencia de una verdadera justicia, y al final, siempre pierde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… A un país y a una sociedad, debemos juzgarlos, a través de sus resultados, concretos y positivos, y no podemos aguardar, resultados distintos, haciendo siempre lo mismo…

En fecha reciente, el pasado 1 de mayo, hubo de conmemorarse, el Día Internacional del Trabajo, una trascendental y muy significativa efemérides cívica, de toda la humanidad, que, nos recuerda los trágicos sucesos, producidos en la ciudad estadounidense de Chicago, en el año 1886, por el vehemente y legítimo reclamo, de la implantación de las ocho horas laborales, y la posterior ejecución, en 1887, de varios dirigentes y líderes sindicales, que luchaban, enérgica y valerosamente, en favor de los sagrados derechos de los obreros. El 1 de mayo, “ Día Internacional del Trabajo”, se instauró con posterioridad, en 1889, como un auténtico y bien merecido homenaje, a los trabajadores del mundo, a través de una resolución de la Segunda Internacional Socialista, que se había reunido en Francia; comenzando luego, las respectivas conmemoraciones, de la citada fecha, a partir de 1890. Esta singular y entrañable efemérides, entonces, nos invita hoy, de una manera franca y particularmente sentida, a elevar nuestra oración, por quien trabaja, y con sus múltiples esfuerzos cotidianos, y sus arduas y tesoneras luchas, sin dudas, contribuye a construir y edificar, de un modo obscuro y silencioso, el querido terruño de los argentinos, y la Patria nuestra, de cada día. Ese modesto e indefenso ciudadano común, y ese trabajador humilde y desconocido, en medio del contexto de un país y de una sociedad, donde infortunadamente, de una forma inevitable, siempre “pierde el que labura”, víctima de las crisis económicas y financieras, los ajustes y recortes presupuestarios, los incrementos de precios y de tarifas, las falsas promesas gubernativas, los vulgares vendedores de imágenes, las falacias, engañosas afirmaciones verbales y, las ya clásicas y densas “cortinas de humo”, que confunden, entretienen y “engrupen a la gilada”, etc. El ciudadano común y el trabajador, anónimo y olvidado, en este nefasto y eterno círculo vicioso, del país y de la sociedad, del más de lo mismo; un país, en el que no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo… Quizá, desde hace ya, mucho tiempo, sin que podamos advertirlo, o no tengamos real conciencia de ello, venimos padeciendo, como un cruel y siniestro karma, las graves consecuencias, de tres repetidas constantes: se nivela e iguala, hacia abajo, fundamentalmente, en materia educativa; jamás existen responsables o culpables de nada, y siempre pierde, la persona buena, honesta y laboriosa, que trabaja; beneficiándose o favoreciéndose, por otra parte, a los que violan e infringen las leyes y normas legales; los que, merced a la corrupción, hubieron de enriquecerse, en grado exorbitante y nunca devolvieron o restituyeron ni un centavo…; los que “viven de arriba”; los arribistas, oportunistas y paracaidistas, y los que carecen de trayectoria, realizaciones, obras y, meritos verdaderos. No podemos aguardar, resultados distintos, haciendo siempre lo mismo… Dejemos atrás, la seudocultura del “facilismo”, donde todo se consigue, sin trabajo ni esfuerzos, de la menor naturaleza… Hoy, como un urgente y necesario imperativo, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de vida y, recobrar o recuperar los principios éticos y los valores morales, patrióticos y espirituales, como asimismo, el hábito, la mentalidad y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio y la enseñanza. Sólo hay, una senda posible, para un futuro de luz, progreso, bienestar y esperanza: el camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo. Los Hombres, como los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos.

Oración por quien labura, del procurador Dr. Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Yo te bato, che, Dios esta plegaria, y te pido –parola posta y pura -, por el tipo mistongo que labura, y la yuga forfai, en forma diaria. Yo te pido, con onda solidaria, por quien sabe enfrentar la yeca dura, y se banca la fiera mishiadura, la pobreza cachuza y la malaria… Yo te pido, che, Dios, como un gomía, por aquel que no arruga, y en la vía, siempre cincha, de un modo persistente… Y que lejos, del chanta y atorrante, triunfe al fin, el glorioso laburante, y esté en cana, el eterno delincuente.

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