Reflexión lunfarda: Mi padre, Don Carlos Armando, el maestro normal.

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El maestro normal, Don Carlos Armando, al inaugurarse, por su iniciativa y labor realizadora, el mástil de la Escuela primaria Nº 9, de General Conesa (Provincia de Río Negro), en la década de 1950.

Humildemente, quisiera recordar hoy, la figura de mi padre, el maestro normal, Don Carlos Armando, de quien se cumple, el trigésimo aniversario de su desaparición física, acaecida, a los 82 años de edad, el 16 de agosto de 1987, después de transitar, una existencia tesonera y laboriosa, consagrada al quehacer pedagógico, la docencia, la vida escolar y la enseñanza. Mi padre, había nacido en Chivilcoy, el 31 de marzo de 1905, en el hogar, del artesano zapatero, Don Carlos Armando, y de Doña Cristina Laurito, y cursó sus correspondientes estudios de magisterio, en las aulas de la Escuela Normal “Domingo Faustino Sarmiento”, de nuestra ciudad; obteniendo el respetivo título, de maestro normal nacional, en el mes de noviembre de 1926. El respectivo diploma habilitante, fechado el 24 de mayo de 1927, se hallaba firmado por el ministro de Justicia e Instrucción Pública, de la Nación, Dr. Antonio Sagarna, y el subsecretario de la mencionada cartera, profesor Próspero Alemandri; lo que bien refleja y evidencia, el alto valor y la singular importancia, asignados, en aquella época, al magisterio y la actividad profesional del docente. Breve tiempo más tarde, el 20 de junio de 1928, se lo nombró maestro de grado, en la Escuela primaria Nro. 9, de la localidad de General Conesa, en el entonces Territorio Nacional, de Río Negro, y hacia allí partió, con un inmenso bagaje de entusiasmos juveniles, proyectos, ilusiones y bellos sueños. Asumió sus tareas y funciones educacionales, el 3 de julio de 1928, y comenzó así, una prolongada y rica trayectoria, siempre al servicio de la instrucción pública y de la infancia. Fue, en primer término, maestro de grado, luego, subdirector, y finalmente, director de la Escuela Nro. 9, de General Conesa. Con múltiples y ponderables iniciativas e inquietudes personales, promovió la fundación, de cinco nuevos establecimientos educativos, en Río Negro: creó una biblioteca y un museo escolares; organizó una huerta; presidió numerosas comisiones vecinales; actuó, como corresponsal periodístico, de distintos órganos de prensa, etc. En el año 1957, se lo designó director de la Escuela primaria Nro. 106, de la localidad de Coronel Mom, dentro del distrito bonaerense de Alberti; acogiéndose, a los merecidos beneficios jubilatorios, en 1960. Supo entregarlo todo, por su vocación pedagógica, y en nombre del silabario y la enseñanza; brindándose, enteramente a la escuela, sin limitaciones ni horarios, y ofreciendo luego, como producto de su tarea, resultados concretos, tangibles y provechosos…  A comienzos de 1958, había contraído matrimonio, con Catalina Cleopatra Costanzo (1921 – 2011); fruto de cuya unión, nació, el 24 de diciembre, de ese mismo año, el autor de estas modestas líneas evocativas. Asimismo, entre 1969 y 1979, hubo de ejercer “Ad Honorem”, el cargo de Agente Fiscal, en el Juzgado de Paz, de Chivilcoy, durante la gestión de Don Salvador Pedro Costanzo (1898 – 1990), último e inolvidable, juez de paz lego, en los anales de nuestra administración de justicia lugareña. En el mes de abril, de 1983, al conmemorarse el trascendente y glorioso centenario, de la Escuela Nro. 9, de General Conesa (Provincia de Río Negro), el maestro normal, Don Carlos Armando, recibió un caluroso reconocimiento y, un significativo homenaje, por toda su obra educacional, en favor de la infancia, la instrucción popular y el futuro de la Patria.

A  mi padre, Don Carlos Armando, el maestro normal.

A lo lejos, hoy, juno su presencia, desde el aula cachuza del pasado, con su parla, su cuore apasionado, su honradez y su límpida conciencia. Y remanyo, de pronto, su paciencia, su sabiola, su espíritu abnegado; su laburo polenta y esforzado, y su lucha fetén, por la docencia. A lo lejos, con flor de patriotismo, campaneo su embale y optimismo, sus valores sin grupo y su pujanza… Y sé bien, que en la vida de la escuela, junto al banco y la posta escarapela, fue un ejemplo debute de enseñanza.