Reflexión lunfarda: El país del “más de lo mismo”.

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estressadoLa sincera y sentida reflexión lunfarda, hoy nos invita, a meditar, de un modo profundo, acerca de la urgente y primordial necesidad, de cambiar, verdaderamente, y dejar de ser, el país del “más de lo mismo”; ese país, donde, a pesar del transcurso del tiempo y los momentos históricos, “no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, todo da lo mismo, y todo, por último, termina siendo, más de lo mismo…” Debemos dejar de ser, en efecto, esa sociedad, donde infortunadamente, pierden las personas buenas, honradas y laboriosas, que tanto trabajan y luchan, de un modo anónimo y silencioso, cada día, siendo inocentes víctimas, de la injusticia, la corrupción, la impunidad, las desigualdades, las crisis económicas y financieras, los ajustes, los recortes, y las cargas y presiones, impositivas y tributarias; y por otra parte, ganan, prosperan y se enriquecen, quienes infringen las leyes y las disposiciones legales, siempre “viven de arriba”, transitan por izquierda, carecen de reales méritos, y cometen hechos, operaciones y maniobras, de carácter delictuoso. Debemos dejar de ser, esa sociedad, donde parecieran ser, totalmente iguales, los hombres honestos y los malandrines, sin diferenciarse las condiciones y cualidades individuales, y la calidad humana de los individuos; y así predominan, frente al amor por el prójimo, la humildad, la solidaridad y el espíritu noble y generoso, una gigantesca montaña de hondos rencores, maldad, desunión, discordia,  soberbia, avaricia, mezquindad y, un obscuro egoísmo. Debemos dejar de ser, ese país, donde en el plano educativo, suele nivelarse, directamente, hacia abajo, sin rendimientos ni resultados, de ninguna índole; donde no se fomenta, promueven ni estimulan, el trabajo, el estudio y la enseñanza, y muchos caen después, en el desaliento, la inacción y la inoperancia, ante circunstancias adversas y desfavorables. Debemos dejar de ser, la sociedad del facilismo, donde sin laburar, se consigue la guita rápida y copiosa, y abundan los arribistas y oportunistas, los tránsfugas, los chantas, los bribones, y los chorros y atorrantes. Debemos dejar de ser, ese país, de las promesas, el grupo, la sanata, la frivolidad, las cortinas de humo, el tener, por cualquier medio, la frustración, y las tristes y largas decepciones…  Debemos dejar de ser esa sociedad, sin premios ni castigos, donde se sanciona y abruma, a los que se esfuerzan y trabajan, y se beneficia y recompensa, a quienes, nada realizan ni aportan, al presente y el futuro, de nuestra patria. Debemos dejar de ser, ese país, del “más de lo mismo”, donde suele hablarse en extrema demasía, pero es muy poco, lo que se hace; debatiendo, de una manera constante y repetida, sobre idénticas cuestiones, que jamás se resuelven… Debemos de predicar y sembrar, con el testimonio de nuestra conducta, y el buen ejemplo de vida, y recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como también, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio y la instrucción pública. El único camino, con un esperanzado horizonte de porvenir, es sin dudas, la senda del trabajo, la educación y las virtudes ciudadanas. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y los hombres, como los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos.

El más de lo mismo, por Carlos Armando Costanzo, director-organizador del Archivo Literario Municipal y del Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Dejemos de batir “más de lo mismo”, aquí, todo está igual, no cambia nada: El chamuyo, la bronca, la pavada, el bajón y el fulero pesimismo. Dejemos, che, huevón, el egoísmo, las tramoyas, la fiaca, la avivada; la sanata, que engrupe a la gilada, y la falta de amor y patriotismo… Dejemos de meter, siempre la mano, y olvidemos el curro y el afano, el verso y la ambición, que tanto avanza… Y volvamos, chabón, a los valores, la moral, la justicia sin errores, la honradez más debute y la esperanza. Y que en un ispa flor, sin mishiadura, de una forma pulenta y permanente, haga roncha, ganando el que labura, y al final, vaya en cana, el delincuente.