Reflexión Lunfarda: Siempre pierde el que labura, en el país del más de lo mismo…

Infortunadamente, a lo largo del tiempo y de los años se observan, de un modo inevitable, en el seno del país y de nuestra sociedad, tres factores constantes, que se repiten, inexorablemente: La igualación y nivelación, hacia abajo; la carencia de responsables y culpables, por la falta de una verdadera justicia, y la penosa circunstancia de que, siempre termina perdiendo, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja, y construye la Patria, de cada día. No podemos esperar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo…

La tan repetida y popularizada frase “Siempre pierde el que labura”, la cual, de una manera franca y notoria, hubo de generalizarse, en diferentes ámbitos y sectores, de nuestra ciudadanía, nos está invitando hoy, a reflexionar, acerca del contenido de esta expresión, que denota, en forma muy manifiesta, la difícil, desfavorable y desventajosa situación, de quien trabaja, y con su tenacidad, sus múltiples sacrificios y su enorme esfuerzo cotidiano, contribuye, anónima y silenciosamente, a construir y forjar, la Patria nuestra de cada día. En efecto, vivimos dentro del penoso contexto, del país y la sociedad, del “más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho, de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo…; el país, trucho y berreta, atado con alambre, en el que pierde, de un modo fatal e indefectible, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… La persona que trabaja, ese ciudadano común, víctima inocente e indefensa, de las crisis financieras, los ajustes y recortes económicos, los incrementos de precios y tarifas, las promesas incumplidas, las usuales cortinas de humo, para “entretener a la gilada”, las falacias, fraudes y engaños, las graves injusticias, las desigualdades y, la desmedida y exorbitante corruptela… La persona que trabaja, y padece, serena y pacientemente, las despiadadas cargas fiscales y las presiones tributarias, sobre su propio patrimonio… La persona que trabaja, con una conducta de rectitud, honestidad, verdad y transparencia, frente a los pillos e inescrupulosos, los arribistas y oportunistas, los que “viven de arriba”, los que ganan la “guita fácil, sin laburo”, y los que carecen de trayectoria válida, de obra, de realizaciones y, de auténticos y probados méritos. La persona que trabaja, y que muchas veces, se acobarda, desanima o desalienta, abrumada y sin fuerzas ni energía, a raíz de los escollos, los problemas, los conflictos y las innumerables adversidades… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el testimonio de nuestros procederes y el buen ejemplo de vida, y recuperar los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como así también, la mentalidad, la conciencia y la sagrada cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. En medio del país y de una sociedad, que igualan y nivelan, hacia abajo, el único rumbo futuro posible, es sin dudas, el camino de la Educación, la Honradez y el Trabajo. Basta de palabras, frívolas,  vanas y totalmente vacías… Hacen falta hechos tangibles, concretos y valederos… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo,  y los hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus frutos, como lo puntualizara, sabiamente, Jesús, el Divino Maestro, en las aleccionadoras y bellas páginas, del evangelio cristiano.

Siempre pierde el que labura, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Siempre pierde, che, flaco, el que labura, – por desgracia, melón, esa es la historia -; mi chamuyo manyá, tené memoria, yo te bato la justa, bien segura. El eterno yugar, la yeca dura, el mistongo vivir – minga de gloria -, y aunque mucho cinchés – triste victoria -, no zafás de la lunga mishiadura… Siempre pierde, el chabón, pobre y honrado, pero el chorro, el chantún y el atorrante, están piolas y nunca van en cana… Quiera Dios, que en un tiempo más copado, haga roncha –triunfando el laburante -, la debute esperanza del mañana.

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