Reflexión lunfarda: Un cachito de esperanza, en nuestra Argentina del siempre los mismo…

La humilde y sencilla meditación de la fecha, nos invita a reflexionar sobre la clara y verdadera importancia, de mantener y conservar una pequeña e ínfima luz y una tímida y temblorosa llama de esperanza, a lo largo de nuestras existencias terrenales, en este tránsito arduo, difícil y agobiante, por los distintos caminos y rumbos de la Vida. Un puñado de esperanza y consoladoras y reconfortantes expectativas,  para poder enfrentar y vencer, con dignidad, coraje, decisión, estoicismo y firme entereza, los diversos obstáculos o escollos,  los contratiempos, las contingencias y, las diferentes y penosas adversidades, que nos fijan y determinan, las actividades, situaciones y circunstancias, del quehacer y el desenvolvimiento cotidianos. Un manojo o ramillete de esperanza, para sobrellevar de la mejor manera posible, las intensas luchas, los dolores, los egoísmos y mezquindades, las ruines miserias, las bajezas y, las vanidades humanas, de cada nuevo día. Un fugaz pero brillante destello de esperanza, que nos proporcione un eficaz estímulo, un constante aliciente y un valioso incentivo moral, para proseguir la sostenida e infatigable brega de nuestras jornadas; avizorando y contemplando el horizonte futuro, de un azul porvenir, auspicioso y halagüeño, con genuinas ganas, entusiasta empuje, ardorosa fe y un auténtico y saludable optimismo. Una pizca y un hilo de esperanza, en medio del marco y el contexto, de la sociedad y el país actual, del siempre lo mismo, donde, infortunadamente, las cosas continúan siempre, de idéntica forma,  no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inexorablemente siendo, siempre lo mismo… La Argentina de la corrupción, la impunidad y carencia de justicia, las desmedidas ambiciones, la marginación y las desigualdad social, la falta de oportunidades laborales, las promesas incumplidas, el grupo, la sanata y el chanterío, donde hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de un modo ilícito y de arriba, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, de un modo inevitable, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja, víctima de los reiterados ajustes y recortes fiscales, las cargas impositivas y, las enormes presiones y exigencias tributarias… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar con el aleccionador testimonio de nuestra conducta y el buen ejemplo de Vida (en un país, de pésimos y deleznables ejemplos, modelos o paradigmas), y recuperar, conservar y salvaguardar un cálido y tierno rayo de sol y de esperanza, en el fondo de la noche obscura y tenebrosa, junto con los principios y valores humanos, patrióticos y espirituales y, la mentalidad, el hábito, la conciencia y la sagrada y sublime cultura del Trabajo… No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; en la Vida, terminaremos cosechando y recogiendo, lo que hemos sembrado y, como método de identificación, infalible, y  regla fundamental y categórica: “Los Hombres al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos”. Sólo encontraremos un único rumbo posible, si aspiramos al bienestar, el progreso y un mejor futuro: “El Camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo”.

Un cachito de esperanza, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

En un mundo de curros y de afano, chantas, chorros y pinta matufiera; un tremendo balurdo en la piojera, el cabrón y el malandra soberano. En un mundo de aguante cotidiano, y malaria, viviendo en la palmera, donde mucha injusticia, hace bandera, y se pude meter, tanto la mano… En un mundo de verso y de camelo, donde siempre se engrupe al pipistrelo, y hay angurria, egoísmo y desconfianza…; hoy, tengamos, sin bronca y fulería, un cachito de paz y de alegría, lungos sueños, laburo y esperanza. Porque al fin, todos somos, de movida, hermanos ante Dios – lo bate el tango -, y al piantarnos del mundo y de la Vida, no chapamos jamás, un solo mango.

 

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