Reflexión lunfarda: El viejo Cabildo de Buenos Aires

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La conmemoración del 207 aniversario, del fervoroso y vibrante grito, de la histórica Revolución criolla, de aquel viernes 25 de mayo de 1810, nos aproxima hoy, a la imagen escolar inconfundible, del viejo y querido Cabildo de Buenos Aires, donde se desarrollaron, los tan significativos y singulares acontecimientos cívicos, y la gloriosa gesta porteña, que hubieron de señalar el feliz y auspicioso natalicio de la Patria y de nuestra Nación Argentina. El viejo Cabildo de Buenos Aires, que constituyó la autoridad máxima de gobierno, desde el año 1850, hasta 1821, cuando se determinó su inexorable supresión. El viejo Cabildo, cuyo edificio, tan típico y pintoresco, comenzó su construcción, en el año 1765, finalizándose los trabajos de la torre, en 1763. El viejo Cabildo, con su recordada Sala Capitular, del primer piso, donde se desenvolvieron, los diferentes y trascendentales sucesos, de la crucial semana de Mayo, de 1810. El viejo Cabildo de Buenos Aires, oficialmente declarado, Monumento Histórico Nacional, mediante la ley Nro. 11.688, sancionada por el Congreso, el 30 de mayo de 1933. El viejo Cabildo que, a lo largo del tiempo, y el curso de las distintas décadas, fue objeto, de diversas modificaciones edilicias, que transformaron, de una manera notoria, su aspecto y su peculiar fachada: En 1869, tenía cinco arcos, a cada lado de la torre; en 1890, se resolvió efectuar un cambio de estilo: de español colonial, a franco – italiano, y en 1930, se procedió a demoler la torre, adquiriendo así, otra imagen y presencia. Finalmente, la última restauración, se realizó en el año 1940, hallándose a cargo de un calificado equipo, profesional y técnico, que hubieron de integrar, los arquitectos Mario Buschiazzo y Martín Noel, y el ingeniero Vaquer, de la Dirección Nacional de Arquitectura. Para cumplir su trabajo, el arquitecto Buschiazzo, recopiló planos, documentación e iconografía, de la época, y de esa forma, le otorgó al edificio, idéntico aspecto, al que poseía en 1810, cuando aconteció la Revolución de Mayo. El viejo Cabildo de Buenos Aires, que sin dudas, se convirtió en el fundamental testigo, de los resonantes episodios del 25 de Mayo, y hubo de palpitar el incontenible fervor y la vehemente fogosidad, de los próceres Mariano Moreno, Cornelio Judas Tadeo Saavedra, Juan José Paso, Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Juan Larrea, Domingo Matheu, Manuel Alberti, Domingo French, Antonio Beruti, y tantos otros anónimos y abnegados patriotas, que lucharon y batallaron, con profundo coraje y energía, por los ideales de libertad, las campañas de la independencia, y la causa de la emancipación americana. Un mudo testigo, del paso del tiempo, las sucesiones gubernativas, las contingencias electorales, las crisis económicas y financieras, los ajustes presupuestarios, la mediocridad intelectual, la decadencia moral, cultural y republicana, el derrumbe educativo, la corrupción estatal y, la enorme frustración argentina, propia del país, del “más de lo mismo”, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todo da lo mismo, y todo termina siendo, más de lo mismo; un país, que ha perdido el camino, de la educación, el  trabajo, el esfuerzo y el estudio; un país, que aún busca su rumbo, su futuro y su verdadero destino…

Cabildo de Buenos Aires, por Carlos Armando Costanzo fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Hoy, te chanto un saludo, che, gomía, y te juno, canchero, siempre en vela, con tu vida tan lunga y de novela, y tu aguante bien forte, cada día. Allá estás, en la yeca, todavía, junto al cielo y la linda escarapela, y de un modo pulenta, sos escuela, de la vieja y canyengue Patria mía. Allá estás, con tu facha inolvidable, tu emoción, tu laburo infatigable, el sentir de tu cuore y tu memoria… Y los guapos, sabés, te han proclamado, todo un símbolo, piola y remanyado, y el debute bastión, de nuestra historia.