Reflexión lunfarda: Y termina perdiendo el laburante, en la Argentina del siempre lo mismo…

 

Quiera Dios, que en un futuro no muy lejano, desaparezca el nefasto círculo vicioso de la Argentina del siempre lo mismo, donde termina perdiendo el noble, decente y honrado laburante…

La Argentina del siempre lo mismo y el clásico y legendario “canvalache discepoliano”, en la que da igual la persona honesta o el delincuente…

Esta Argentina que no cambia y viene repitiendo a lo largo del tiempo y el curso de los años, su obscura y penosa historia de pérdida y destrucción de valores y ejemplos morales y espirituales, injusticia, corrupción, impunidad, crisis económicas y financieras, promesas incumplidas, relatos ficticios y fantasiosos, falsedades y cortinas de humo, descreimiento, ignorancia cívica, nivelación hacia abajo, miseria y decadencia…

A pesar de lo malo, sólo salvará al país, la recuperación de la sagrada cultura del Trabajo, la producción, la generación de bienes de capital y riqueza, el desarrollo, el avance y el progreso… Lejos del trabajo, seguiremos transitando el mismo rumbo equivocado del “siempre lo mismo”, sin ningún porvenir, salida ni destino alguno…

Quiera Dios, que después de superarse esta muy prolongada y difícil etapa de la Cuarentena Social, Preventiva y Obligatoria, por el amenazante flagelo del Coronavirus, tengamos la gran oportunidad – acaso, la única y la última -, de dejar de ser la Argentina del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada (acaso, no exista intención o propósito de cambiar nada), nunca pasa nada, todo queda en la nada (la impunidad judicial, total y absoluta), siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo (un hombre honrado o un delincuente), y todo termina inexorablemente siendo, “siempre lo mismo”, “siempre lo mismo…”. La Argentina, en la que hay gente que se ha hecho rica, de modo ilícito, sin laburar; otros viven de garrón y de arriba, e infortunadamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja y abona sus impuestos y obligaciones tributarias.

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo y, los Hombres al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

Debemos ante todo, predicar con el testimonio de nuestra conducta y el buen  ejemplo de vida, y recuperar los principios y valores, el sentido ético, la conciencia moral y, la mentalidad, el hábito y la sagrada cultura del Trabajo. El país, habrá de salvarse, a través de la cultura del Trabajo, porque el único rumbo posible, es volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Y que en un futuro, no muy lejano, dejemos de ser la Argentina del siempre lo mismo, donde termina perdiendo el auténtico y esforzado laburante…

La gran y luminosa esperanza, está en el Trabajo. Por eso, quiera Dios que en el futuro, deje de perder el anónimo y heroico laburante…

Y termina perdiendo el laburante…, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Escuchame, chabón, zabeca dura, aquí, viejo, sabés, no cambia nada: El afano y el curro, la avivada, las tramoyas, el verso y la amargura. El país de la lunga mishiadura, el chamuyo, la fiaca y la pavada; tanto chanta que engrupe a la gilada, mientras yuga el salame que labura… El país del mortal siempre lo mismo: La ambición por la guita, el egoísmo, el bajón y la pálida, el aguante… Caza bien  lo que bato, zanagoria: Aquí nunca, chabón, cambia la historia, y termina perdiendo el laburante. Quiera Dios, que una posta primavera, de justicia fetén – tiempo mejor -, se levante pulenta, la bandera, del fratelo y cabal trabajador.

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