Reflexión lunfarda: Yo quisiera otro país, en el futuro

La usual y frecuente expresión, vertida por mucha gente: “Yo quisiera otro país”, ha ganado la calle y la opinión pública, y se suele escuchar, de un modo constante y reiterado; traduciendo y reflejando, sin dudas, un estado de angustia, malestar y generalizado descontento, y significando, por otra parte, el vivo y profundo anhelo ciudadano, de un auténtico y verdadero cambio. Un cambio, de veras, real y concreto, en medio del contexto, de una sociedad y de un país actuales, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se hablo mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, inexorablemente siendo, más de lo mismo… Un cambio, para un país, muchas veces, en el aire y atado con alambre…, el país del chanterío, la corrupción, la injusticia, la impunidad, las falsas y engañosas apariencias, la desigualdad, el curro, la coima y el afano, en el que, hay individuos, que se hicieron y se hacen ricos, de arriba, por izquierda y en forma ilícita y fácil, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica y hasta resulta fundida, en la faz económica, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… La persona que trabaja, inocente, fatal e  inevitable víctima, de los ajustes y recortes, los altos procesos inflacionarios, las devaluaciones del peso y, los incrementos de precios y tarifas… Un cambio, para un país, donde abundan las promesas incumplidas y las manifestaciones puramente verbales, y faltan, las acciones y realizaciones tangibles, y los hechos y resultados, positivos y valederos. Un cambio, para un país, con una enorme, desconsoladora y deprimente ausencia, de ejemplos válidos, aleccionadores y edificantes, que nos enaltezcan, prestigien y enriquezcan, como sociedad, y constituyan, asimismo, una brújula, un Norte y, una importante guía. Hoy, más que nunca, debemos recuperar esos buenos modelos, arquetipos o paradigmas; los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, y fundamentalmente, la mentalidad, la conciencia y la cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la lucha, la superación, el progreso y la tan útil y provechosa enseñanza. Sin ejemplos, sin valores y sin trabajo, se carece de cualquier expectativa o perspectiva, horizonte de porvenir y, todo halagüeño y venturoso destino. Sólo existe un rumbo posible: “Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo, y los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos.

Yo quisiera un país…, Por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Ya no quiero, chabón, siempre la historia, esta historia del más…, más de lo mismo, con el triste bajón, el pesimismo, y la bronca total – minga de gloria -. Chapá toda verdad, tené memoria, frente a tanto camelo y eogísmo, y zafando del pozo y el abismo, no caigás en el fondo, zanagoria. Ya no quiero, los curros y el afano, el ajuste feroz, de cayetano, y ese morfi, tan lejos de la panza… Ojalá, que bancando la rutina, campaniemos, al fin, una matina, de sol posta, ilusiones y esperanza. Yo quisiera un gran ispa, de laburo, con un cuore pulenta y palpitante, que no arrugue y le meta, hacia delante, por un lungo camino, más seguro. A pesar del tortazo, fiero y duro, de los chorros, el chanta y atorrante; quiero un ispa, de pinta y forte aguante, que carbure los sueños del futuro… Quiero un ispa, sin tiempo de malaria, remanyando una Patria solidaria, de justicia y valores muy genuinos… Y que hoy briye, una luz bien fachendosa, en la noche mistonga y tenebrosa, de millones de hogares argentinos.

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