Un sangriento episodio, registrado en el Hospital de Cirugía (1928).

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Un sangriento episodio, registrado en el Hospital de Cirugía (1928).

En el mes de enero de 1928, hubo de registrarse, en las instalaciones del Hospital de Cirugía “General José Inocencio Arias”, un sangriento y trágico episodio, que conmovió a la opinión pública local, arrojando el saldo, de una persona muerta, y un herido grave. El diario vespertino “La Verdad”, del 19 de enero de 1928, señalaba que, dicho suceso, aconteció “Siendo las 13. 40, del 18 de enero, en el sanatorio “General José Inocencio Arias”, más conocido por sanatorio Fornos, el que está actualmente, para el servicio particular, a cargo de los doctores E. Gilardi y J. Martín, teniendo como encargado general y enfermero, al señor Roberto Rosales. Allí estaban internados, entre otros, José Vaccardi, italiano, de unos cuarenta años, y Julio La Scala, argentino de 19 años de edad, y domiciliado con su familia, en la calle General Alvear. Poco antes de la hora indicada, el enfermero Rosales, abandonó, por unos instantes, el local, y en esas circunstancias, se oyeron dos disparos de revólver, que alarmaron al vecindario. Varias personas, que acudieron inmediatamente al lugar, hallaron a La Scala, en el hall del sanatorio, junto a la entrada de la sala de hombres, con una herida en el costado izquierdo del cuerpo, a la altura del corazón; a raíz de la cual, dejó de existir, pocos momentos después. Mientras tanto, atraídos por gemidos, que provenían de la sala, algunos vecinos penetraron en la dependencia, donde comprobaron que el enfermo Vaccardi, se hallaba bañado en sangre. Inmediatamente, el señor Rosales, quien ya había regresado, solicitó telefónicamente, la intervención de la policía, y dio aviso al director del establecimiento. Pocos minutos después, concurrió el Dr. Gilardi, no tomando ninguna medida, hasta tanto llegara la autoridad policial, la que como siempre, se lució por su ausencia, pues hasta el momento de retirarse nuestro cronista, tres cuartos de hora después, de haber ocurrido el hecho, todavía no había tomado intervención alguna”. El relato periodístico, puntualizaba luego, que: “La investigación policial, a cargo del comisario Alcides Calvento, permitió comprobar que Julio La Scala, se había suicidado, empleando  un revólver marca Corso, calibre 32 corto, con el cual previamente, descerrajó un tiro al internado Vaccardi. Entre sus ropas, se halló una carta dirigida a un miembro de su familia, en la cual, daba cuenta de esa determinación. En cuanto a la agresión, al otro enfermo, a quien hirió gravemente, en la cabeza, se aceptó la hipótesis, de que la había realizado, por espíritu y razones humanitarias, ya que según versiones, La Scala, no podía soportar el sufrimiento ajeno, y sabía que su compañero de internación, padecía una enfermedad incurable”. La crónica del lamentable hecho, finalizaba subrayando que: “La policía, resolvió dar a publicidad, la carta del suicida, un temperamento que, prácticamente, nunca hemos visto adoptar, en similares casos. La nota de Julio La Scala, expresaba: Che, Celina, Me mato, porque me guié bárbaramente, desordenadamente y desastrosamente, en la vida, y porque tiré el dinero, como si tuviera agua. Lo único que les pido, es que me entierren en el nicho, de mi querida madre. Yo sólo sé, por qué me mato. Nada más. Firmado: Julio”.