Trágica muerte, del sacerdote chivilcoyano, presbítero José Lindor Zaccardi (1992).

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El padre Zaccardi, junto a su fiel perrito "Epitalamio".

El padre Zaccardi, junto a su fiel perrito «Epitalamio».

El 16 de noviembre de 1992, en su modesto domicilio, del barrio porteño de Villa Soldati (Comuna Nº 8), fue hallado muerto, víctima de un brutal e incalificable homicidio, el sacerdote chivilcoyano, presbítero José Lindor Zaccardi; un trágico suceso, que hubo de estremecer y conmover, a toda nuestra ciudad, y que infortunadamente, no obstante el tiempo transcurrido, jamás logró esclarecerse, desde el ángulo de las investigaciones judiciales. El presbítero José Lindor Zaccardi, había nacido en Chivilcoy, el 8 de diciembre de 1932, en el hogar de Don Sebastián Zaccardi y Doña Teresa Lopardo, y cursó sus estudios secundarios, en las aulas del Colegio Nacional “José Hernández”, graduándose de bachiller en 1950. Luego, inició la carrera de abogacía, en la Facultad de Derecho, de la Universidad Nacional del Litoral (Rosario), en forma libre; pero posteriormente, impulsado y animado, por un auténtico y profundo sentir religioso, resolvió comenzar el camino de la formación eclesiástica, y tras unos años, en los claustros del seminario, recibió su ordenación sacerdotal, el 17 de diciembre de 1960, bajo el expresivo y hermoso lema: “Gracia, paz y alegría”. Hubo de ejercer, su valeroso y comprometido ministerio, como párroco, en la ciudad de Chacabuco (Iglesia San Isidro Labrador), y en la Iglesia Sagrado Corazón, de Luján; desarrolló, actividades docentes, en el seminario de la ciudad de La Plata, y llevó a cabo, arduas y múltiples tareas de coordinación del Área Consal, del Movimiento para un mundo mejor, cuya amplia esfera territorial, comprendía  nuestro país, y a las naciones hermanas de Chile y Perú. Sus restos fueron inhumados, en el cementerio municipal de Chivilcoy, y seis años más tarde, el 8 de noviembre de 1998, trasladados a la Parroquia Sagrada Familia, de la ciudad de Luján, donde actualmente reposan. La muerte, de una manera cruel y despiadada, sorprendió, al padre José Lindor Zaccardi, a los 59 años de edad, pero en el corazón de la feligresía, y en el alma de nuestra comunidad chivilcoyana, permanecerá, por siempre, la memoria, de este abnegado y admirable mártir contemporáneo, aleccionador y edificante ejemplo de auténtica vocación, valerosa entrega, amplia y generosa prédica evangélica y, nobles y bellas virtudes y cualidades humanas. Un imborrable ejemplo ético y sacerdotal, con su fraterno amor hacia el prójimo, su genuina y admirable humildad, su franca sencillez, sus altos principios y valores morales, su orientación y actitud, de asistencia social, encaminada al auxilio de los pobres y desvalidos, sus tan firmes y sostenidas luchas, y su gran enseñanza de vida. El 22 de octubre de 2002, durante la administración municipal del Dr. Juan Carlos Ferzola, fue declarado, post morten “Ciudadano Ilustre”, de Chivilcoy. Asimismo, se le impuso su nombre, a una calle del sector geográfico del Barrio Obrero y la Parroquia “Cristo Obrero-San Expedito”, y en el mes de junio de 2013,la Editorial Municipal Chivilcoy, bajo la gestión del profesor Aníbal José Pittelli, editó el volumen “Cacho” –A 20 años de su asesinato-; un libro que contiene, una minuciosa semblanza biográfica, y una serie de interesantes e ilustrativos testimonios, sobre la vida, la personalidad y la obra, del presbítero José Lindor “Cacho” Zaccardi.

Al padre José Lindor Zaccardi, soneto de Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña de Lunfardo.

Sacerdote y pastor, cumplió un camino de apóstol, mártir y ejemplar cristiano, y tendiéndole al prójimo, la mano, sembró la gracia del amor divino. Fervor sincero, corazón genuino, prédica y lucha –gran sentir humano-, brindó su ayuda, a cada humilde hermano, y la entrega total, fue su destino… Fibra interior y gesto solidario, sufrió la propia cruz de su calvario, viviendo la fe en Dios, cabal y entero…. Luz que venció, a la noche de la muerte, nos queda su palabra, pura y fuerte: La voz del Evangelio verdadero.