Un libro fotográfico, de Rodolfo R. Conti: “Chivilcoy que no miramos”, dedicado al acervo arquitectónico, de nuestra ciudad (2018).

 

En fecha reciente, salió a la luz pública, un magnífico y significativo libro, del notable fotógrafo local, Rodolfo R. Conti, titulado: “Chivilcoy que no miramos”, el cual, nos ofrece, de una forma prolija y minuciosa, con papel de alta calidad y, una óptima impresión, un armonioso conjunto de imágenes, que corresponden a frentes o frontispicios, de distintos inmuebles, de la planta urbana, de nuestra ciudad; imágenes que,  exhiben y manifiestan, ante la contemplación, de los ojos asombrados, de cualquier observador o curioso, una particular y muy atrayente hermosura artística, digna del rescate, la incorporación y, la permanencia, en la memoria visual de los chivilcoyanos. En las palabras preliminares, de dicho volumen, denominadas: “Las huellas del Chivilcoy de ayer, que muy pocos descubren…, el fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, Carlos Armando Costanzo, puntualiza: “De aquel antiguo y ya distante, Chivilcoy del ayer, perduran aún, en el campo edilicio y arquitectónico, algunas notorias huellas, vestigios, señales y testimonios, que muy pocos suelen descubrir y apreciar, excepto, unos pocos, profundos y atentos ojos observadores, de nuestro viejo y entrañable pasado lugareño. Tal es el caso, del conocido y destacado fotógrafo, Rodolfo R. Conti, un hombre de bien demostrada capacidad e idoneidad profesionales, entusiastas iniciativas y, numerosas y estimables inquietudes, quien, de una manera fiel y apasionada, con particular sensibilidad interior, singular destreza y, mirada honda e inteligente, supo captar y aprehender, mediante su inseparable cámara, una significativa cantidad de imágenes, del lejano ayer, de nuestra ciudad, de antaño… Imágenes de diversas fachadas, bellas molduras, atrayentes adornos u ornamentos y, restos de frentes, de distintos inmuebles y edificios chivilcoyanos; auténticas y verdaderas obras, de naturaleza artística, que nos sorprenden, asombran, cautivan y embelesan, por tanto encanto, cabal perfección, sutil minuciosidad y fina hermosura. Trabajos de excelencia, con un manifiesto influjo estético europeo, que fueron los frutos, de una serie de constructores locales, de fines del siglo XIX y principios del siglo XX; constructores de admirable calidad, que supieron dejar una impronta, firme e imborrable, dentro del escenario ciudadano. Mencionaremos así, al distinguido arquitecto italiano, Carlos Luchini (1843 – 1907), el cual, dirigió la edificación, del frontispicio del Cementerio Municipal, habilitado el 6 de noviembre de 1893, del templo de Nuestra Señora del Rosario, inaugurado el 24 de mayo de 1895, del Palacio Municipal de Chivilcoy, cuya inauguración, data del año 1900, durante el gobierno comunal, de Don Vicente Domingo Loveira, y de la sede de la Asociación Italia, sobre la avenida Soarez, inaugurada el 6 de julio de 1902; Pedro A. Barbe, Juan Bombelli, Ambrosio Brianza, Domingo Colombo, Aquiles Irace, Simón Rodríguez, los hermanos Migliorini, Nisífero Bandieri, Inocencio Barbieri, Juan Bianchi, Ángel Calegari, Cayetano Cremona, Antonio Donato, Juan Gianini, Próspero Larocca, Pablo Magni, Vicente Mamarella, Juan Mandarano, Cayetano Mariano, Juan Martella, Fortunato y Emilio Panzardi, Juan Roldán, Domingo Stoppani, José Trotta, etc. Felicitamos, pues, de una manera franca y efusiva, al amigo Rodolfo R. Conti, – todo un genuino valor de la fotografía chivilcoyana -, que a través de una labor tenaz, paciente y comprometida, ha contribuido, eficaz y poderosamente, al rescate de la arquitectura, el arte y, el patrimonio histórico, acaso, ya perdido u olvidado; enriqueciendo así, con este importante y tan útil aporte, el estudio del ayer lugareño, y el acervo cultural, de nuestra ciudad”.

Décima a los frentes del ayer…, por el procurador Carlos Armando Costanzo.

CON su imagen y su gloria, aquellos frentes, de ayer, hoy, vuelven a renacer, en medio de nuestra historia, y aflora así, la memoria, del paisaje ciudadano, que nos trajo, de la mano, la más profunda hermosura, de la vieja arquitectura, y el arte chivilcoyano

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