El viejo Cementerio, de la ciudad de Chivilcoy (1865 – 1893).

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Ilustrativo dibujo, del antiguo cementerio de Chivilcoy, realizado, en el año 2014, por el polifacético y destacado, artista plástico, investigador del pasado lugareño, poeta, escritor y docente, procurador Juan Antonio Larrea. Dicho dibujo, es una recreación, del primer enterratorio, de nuestra ciudad, hacia el año 1890.

Nuestra página evocativa, recuerda hoy, el viejo y casi legendario, cementerio de Chivilcoy, el cual, se construyó, a través de la acertada iniciativa, y la pujante y laboriosa acción realizadora, de la entonces Corporación Municipal, que presidía Don Federico Soarez (1811 – 1890), hacia el año 1865. Dicha obra, representó una erogación, de unos 24.000 pesos; fondos dinerarios, aportados, por la propia comuna, para levantar, el citado enterratorio.

El mencionado cementerio, comprendía un total de cuatro manzanas, que se hallaban delimitadas, por las avenidas 22 de Octubre y Avellaneda, y las calles Padre Zacarías y Laprida. Allí, podían observarse, numerosas sepulturas, en tierra; panteones con nichos, y algunas bóvedas, que se erigieron, a fines de la década de 1860. El primer cementerio, de nuestra ciudad, hubo de funcionar y de cumplir, su misión noble y piadosa, durante casi tres ininterrumpidas décadas, de labor; pues, el 6 de noviembre de 1893, a la hora 16, durante la administración municipal, del Dr. Ireneo A. Moras, se procedió a la inauguración y bendición del actual cementerio, ubicado sobre la avenida De los Fundadores. A partir de la habilitación, de la segunda necrópolis local, se efectuó una serie de traslados, de féretros, hacia el nuevo enterratorio de Chivilcoy; pero, algunos cadáveres – en especial, los que se encontraban en tierra, sin familiares directos, que llevaran a cabo, las respectivas gestiones -, quedaron para siempre, en aquel lugar.

Las ruinas del antiguo cementerio, permanecieron allí, durante casi cuarenta años, hasta comienzos de la década de 1930, cuando bajo la gestión municipal, de Don Rafael Juan Falabella, se hubo de proceder, a su total demolición. En ese tiempo, a raíz de la existencia, de esas lúgubres y misteriosas ruinas, comenzaron a circular, en el vecindario, y en distintos sectores de nuestra comunidad, historias de terror y espanto, elaboradas por la fantasía popular, con fantasmagóricas apariciones, extrañas y enigmáticas “luces malas”, horrendos espectros y sombrías “almas en pena”. A fines de la década de 1960, cuando comenzaron a edificarse, las viviendas del denominado Barrio P.Y.M. (Provincia y Municipio), al practicarse los cimientos, de esas casas, fueron descubiertos, esqueletos y restos humanos, de los difuntos sepultados, en aquel primer cementerio de Chivilcoy. El polifacético y destacado investigador, del pasado lugareño, artista plástico, poeta, escritor y docente, procurador Dr. Juan Antonio Larrea, basándose en los correspondientes planos, realizó, en el año 2014, un interesante y valioso dibujo, del antiguo cementerio,  para prolongar, seguramente, en el tiempo, la ya lejana imagen, desconocida u olvidada, de la primera necrópolis, de nuestra ciudad de Chivilcoy.

Plegaria de los fieles difuntos, de Carlos Armando Costanzo.

Yo te pido, Señor, con fe y ternura, por los fieles difuntos, que a tu lado, descansan en la paz, de un verde prado, sintiendo tu presencia, clara y pura. Te pido, que les des, tu gran dulzura, que los libres del mal y del pecado, y les brindes, el cielo iluminado, de tu azul paraíso de hermosura… Te pido, que en su tiempo de reposo, encuentren el sublime y bello gozo, tu hondo amparo y la bienaventuranza… Y que así, junto a Vos, tengan, ahora, una estrella, de gracia salvadora, y un eterno universo de esperanza.