Reflexión lunfarda: El viejo maestro de escuela.

Compartir

 

Ilustraciones, de distintos libros de lectura, de la escuela primaria, correspondientes a las décadas de 1940, 1950 y 1960.

Ilustraciones, de distintos libros de lectura, de la escuela primaria, correspondientes a las décadas de 1940, 1950 y 1960.

El inicio del correspondiente ciclo lectivo, del presente año 2017, le ofrece a la voz y el sentir del lunfardo, la oportunidad evocativa más propicia, a fin de recordar, de una forma sincera y emocionada, la ilustre y gloriosa figura, del viejo maestro de escuela, quien a lo largo de tantos prolongados años, con auténtica vocación docente, empeñosa voluntad realizadora, múltiples esfuerzos y, un sublime y admirable patriotismo, bregó siempre, en favor del saber, la instrucción pública y la enseñanza, consciente de su gran misión pedagógica, asumida como un alto apostolado. El viejo maestro de escuela, que trabajó y luchó, tesonera y abnegadamente, y todo lo dio, entregó y ofrendó – sus ardua labor, sus proyectos, su propia vida y sus mayores sueños -, por la mejor educación, la tierna y dulce infancia y, los pequeños niños, futuros y promisorios hombres, del país y el mundo del mañana. El viejo maestro de escuela, que desarrolló su colosal tarea, sin pausa ni descanso; interpretando la función de la docencia, no como un mero cumplimiento burocrático de horarios, sino como una digna y enaltecedora obra de formación, capacitación,  ilustración y enseñanza, para educar e iluminar la conciencia, el corazón y el alma de la niñez argentina. El viejo maestro de escuela, que infundía conocimientos, guiaba, aconsejaba y, sembraba e inculcaba principios éticos y valores morales, humanos y espirituales. El viejo maestro, que de una manera humilde, y en silencio, hacía Patria, todos los días, y cada una de sus agobiantes jornadas, junto al aula, los bancos, el pizarrón, el mástil, la querida bandera y, el azul y apacible cielo, de su modesta escuela, perdida, acaso, en el amplio escenario geográfico, de nuestro suelo… Ese viejo maestro, que sufrió y padeció, con cabal entereza y extraordinario estoicismo, las injusticias sociales, los magros y pobres salarios, la constante marginación, la indiferencia oficial y la triste miseria… Hoy más que nunca, necesitamos, ese aleccionador y bello ejemplo, frente a un actual sistema educativo, que suele nivelar e igualar, hacia abajo; careciendo, en la práctica, de verdadero contenido, de todo tipo de rendimientos satisfactorios y, de resultados concretos, positivos y valederos… Hoy más que nunca, necesitamos ese honroso y sin igual ejemplo, en el contexto de un país y una sociedad, donde cada vez, se habla más y se trabaja menos, y prevalece la seudo o anti cultura del “facilismo”, para conseguirlo todo, sin trabajo, sin esfuerzo, sin estudio ni mérito intelectual alguno; un país y una sociedad, sumergidos, infortunadamente, en el vacío y el círculo vicioso del “más de lo mismo”, donde “no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, todos son iguales, se habla mucho, siempre de lo mismo, todo da lo mismo, y todo, termina siendo, inexorablemente, más de lo mismo”. Debemos recuperar, sin dudas, los principios éticos y los valores morales, predicando y sembrando, con el testimonio de nuestra buena conducta (Una acción, representa mucho más, que miles de palabras), y elegir, para siempre, el saludable y bienhechor sendero del trabajo, la honradez, la educación y la enseñanza. Una sociedad y un país, sin trabajo ni educación, no tienen porvenir ni tampoco, destino… Los hombres, al igual que los árboles, se conocen por sus propios frutos.

 El Viejo Maestro, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador, del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y de la Academia Porteña del Lunfardo.

Aquel viejo troesma, ya olvidado, de la infancia mistonga y de la escuela, con su vida, su aguante de novela, y su cuore tan noble y esforzado. Aquel viejo troesma, del pasado, junto al aula y la posta escarapela, que cinchando, dejó la lunga estela, de un debute camino iluminado… Aquel viejo troesma, del laburo, la pulenta, los sueños de futuro, la parola sin grupo y la esperanza… Hoy, le bato este humilde y fiel mensaje, y le rindo bien piola, mi homenaje, por su eterna lección y su enseñanza. Yo bocino su ejemplo tan hermoso, de troesma, de capo y de gomía, que a pulmón, y de un modo silencioso, muestra Patria, fue haciendo, cada día.