El profesor Julio Florencio Cortázar, abandonó Chivilcoy, rumbo a la provincia de Mendoza (1944).

Portada del volumen "Cortázar en Chivilcoy", del escritor e investigador, Gaspar José Astarita. El libro, se editó en  marzo de 1997, y tiene en la tapa, una fotografía juvenil de Cortázar.El 5 de julio de 1944, hubo de abandonar nuestra ciudad, el insigne y prestigioso escritor y docente, profesor Julio Florencio Cortázar, quien había residido, aquí, en Chivilcoy, durante una fructífera etapa de cinco años, desde el mes de agosto de 1939, cuando arribó a estos lares del oeste bonaerense. Cortázar, nacido en Bruselas (Bélgica), el 26 de agosto de 1914, y fallecido en París (Francia), el 12 de febrero de 1984, a los 69 años de edad; cursó sus estudios, en las aulas de la tradicional y calificada Escuela Normal de Profesores “Dr. Mariano Acosta”, graduándose de profesor normal en Letras, hacia el mes de diciembre de 1935. Comenzó luego, a transitar el arduo camino de la docencia, y ejerció, en primer lugar, la enseñanza, en la localidad de Azul; después, se lo hubo de trasladar a la ciudad de Bolívar, y finalmente, se lo destinó a Chivilcoy, en el mes de agosto de 1939, para desempeñarse en los ámbitos pedagógicos de la Escuela Normal “Domingo Faustino Sarmiento”. Un 8 de agosto, del 39, se hizo entonces, cargo, de las correspondientes cátedras de Geografía, Historia e Instrucción Cívica, con cinco, nueve y dos horas, semanales, respectivamente. Durante su permanencia, aquí, en nuestra ciudad, Cortázar hubo de alojarse en la pensión de la familia Varzilio, la cual, se encontraba ubicada en la calle Pellegrini Nro. 195. La citada pensión, pertenecía a Doña Micaela Diez de Varzilio, de estado civil, viuda, quien vivía junto a sus diez hijos, siete mujeres y tres varones. Bajo ese acogedor y hospitalario techo, Cortázar, halló una atmósfera hogareña, cálida y afectuosa; ocupó la habitación Nro. 2, con ventana y balcón, hacia la calle; seguramente, en aquel sitio, redactó algunos de sus primeros relatos y trabajos literarios iniciales, y por otra parte, recibió las periódicas visitas, de su madre, María Herminia Descotte, y de su hermana menor. En Chivilcoy, Cortázar, pronto hubo de vincularse, a la actividad cultural de la época: la recordada Peña, de la Agrupación Artística, y distintos colegas profesores, y escritores de nuestro medio. Publicó artículos , poemas, y hasta un relato enigmático y de suspenso, denominado “Llama el teléfono, Delia”, que se publicó en un suplemento especial del diario socialista “El Despertar”, el 22 de octubre de 1941, con motivo de la celebración del 87 aniversario de la fundación de nuestra ciudad; ofreció varias disertaciones o conferencias, que revelaban y traducían su gran capacidad, su profunda formación intelectual y su amplia erudición humanística, y hasta redactó, con el fotógrafo y realizador cinematográfico Ignacio Tankel (1912 – 1984), el argumento, el guión y los diálogos, de la película “La sombra del pasado “ – primer filme de Tankel, infortunadamente, ya perdido -, que hubo de rodarse en Chivilcoy, entre los meses de agosto y diciembre de 1946, y se estrenó en la sala del cine – teatro “Metropol”, el día patrio, 25 de mayo de 1947. Cortázar, quien firmaba sus escritos, utilizando el seudónimo artístico de Julio Denis, estuvo en nuestra ciudad, a lo largo de un lustro (cinco años), y el 5 de julio de 1944, partió de Chivilcoy, para establecerse en la provincia de Mendoza, tras su designación, como profesor de “Literatura Francesa” y de “Literatura de la Europa Septentrional”, en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional de Cuyo. En 1951, abandonó el país, radicándose en Francia. El 14 de febrero de 2014, se llevó a cabo la inauguración oficial, de la plazoleta  “Julio Cortázar”, en la intersección de las calles Paso y Brandsen, de nuestra ciudad.

Soneto de Cortázar en Chivilcoy, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y del Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo.

Hoy me llegan, de nuevo, a la memoria, su alta y fina silueta, en lontananza; la lección juvenil de su enseñanza, y sus cuentos, de esencia promisoria. Hoy recuerdo los días de su historia, la pensión, su nostálgica añoranza, la docencia normal y la esperanza de un futuro mejor, de fama y gloria. Hoy, de nuevo, lo nombro y lo presiento, con su voz, su hondo genio, su talento, su pasión y su imagen imborrable… Y sé bien, que en el aire ciudadano, vive aún, y me lleva de la mano, su figura, por siempre, inolvidable.

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