Reflexión lunfarda: La virtud de la Humildad.

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Sin lugar a lo menor duda, la Humildad, ciertamente constituye, la suprema y más cristiana de todas las virtudes, dentro del conjunto de atributos y cualidades, de cada ser humano. La Humildad, que nos aproxima a Dios, y nos levanta espiritualmente, respecto de las pequeñeces, trivialidades, vulgaridades y mezquindades terrenales. La Humildad, que nos distancia de la soberbia, la vanidad, la petulancia, la altanería, la presunción, el engreimiento, la afectación, el orgullo , la arrogancia, la pedantería y las tristes y penosas miserias del planeta.

Bien lo señalaba, el propio Jesús, en el bello y maravilloso “Sermón del Monte”, cuando predicaba a sus discípulos, y a la multitud reunida, al pie de la montaña: “Bienaventurados los mansos y humildes, porque ellos heredarán la tierra”. Bien lo puntualizaba, el gran escritor y religioso alemán, Tomás de Kempis (1379 – 1471), autor del profundo y hermoso libro “Imitación de Cristo”, cuando remarcaba y subrayaba, con particular énfasis y elocuencia, la singular importancia de la Humildad, como auténtica y verdadera fuente nutricia, de la clara y perfecta sabiduría. La importancia de la Humildad, dentro del panorama y el contexto, de un país y de una sociedad, donde suele prevalecer e imponerse, la vida frívola, ligera y superflua, de pura apariencia, figuración, banalidad y total pavada, que carece de austeridad, capacidad de reflexión y análisis, hondura interior y contenido espiritual.

La importancia de la Humildad, al lado de la Sencillez y de la Modestia, en medio de un país y una sociedad actuales, donde abundan, la deshonestidad, las actitudes delictuosas, ilícitas y fraudulentas, el enriquecimiento personal, el lujo desmedido, la ostentación de bienes y, el absoluto despilfarro… La importancia de la Humildad, que nos ennoblece, como personas; nos eleva, sobre el barro, la inmundicia, el flagelo de los vicios y las ruindades humanas, y engrandece, nuestro corazón y nuestro espíritu…  Hoy, debemos recuperar o recobrar, los principios éticos y los valores morales, para vencer a la sombra y la obscura lacra de la soberbia, el individualismo, la indiferencia y la corrupción, y construir después, las bases de un mundo distinto: mucho más justo, más bueno, más fraternal, más decente, más veraz y genuino, y más solidario…

La humildad, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador, del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro académico correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

 Yo la vivo y la yugo, humildemente, con embale tenaz, de cayetano, pichuleando, de un modo cotidiano, junto al rioba mistongo y a la gente. Yo la vivo feliz – jeta sonriente -, siempre lejos, del tongo y el afano; un sincero chamuyo, limpia mano, una posta honradez y alta la frente… Yo la vivo fetén, como un gomía, con un cuore, bien piola, de alegría, el bulín, morfi diario y mi laburo… Y cuerpeando los negros sinsabores, yo sostengo, a lo guapo, mis valores, y me banco, el presente y el futuro.