El historial de la esquina de “La Perla”
Seguramente, por sus orígenes fundacionales y su larga trayectoria cronológica, la más antigua y emblemática de nuestras esquinas chivilcoyanas, digna del mayor recuerdo y el sentido homenaje. ¡Qué viva por siempre el recuerdo de “La Perla”! y qué nunca más se destruya y aniquile la historia de Chivilcoy.
El cierre comercial de la típica e inconfundible cafetería “La Perla”, del señor ítalo Mucci, ubicada en la intersección de la calle 9 de Julio y la avenida Villarino, en pleno corazón céntrico de la geografía y la planta urbana de nuestra ciudad, hoy reivindica y remarca la gran importancia de esta pintoresca y singular esquina – seguramente, la más antigua y emblemática -, la cual, constituye un auténtico solar histórico y un verdadero símbolo, en las páginas evocativas del ayer y, en las profundas raíces, la identidad, la idiosincrasia, la vida, las mejores tradiciones y el espíritu nativo de Chivilcoy. En ese mismo lugar, durante los gloriosos tiempos fundacionales, allá por los años 1854 y 1855, se construyó un modesto rancho que, convertido en una capilla religiosa, brindó el ámbito adecuado para la celebración de las primeras misas o ceremonias litúrgicas del culto católico. Recordemos que, en el mes de julio de 1854, se creó la parroquia de Chivilcoy, oficializada el 3 de octubre de ese año, y que el 4 de septiembre de 1854, un mes antes del nacimiento de Chivilcoy, se designó al primer cura párroco, el sacerdote español, presbítero Roque Antonio Maceyra, quien fue uno de los 22 firmantes del acta fundacional de nuestra ciudad, el 22 de octubre de 1854 y, en ese mismo tiempo, en aquel rancho de la esquina de 9 de Julio y Villarino, ofició las primeras misas.
Años más tarde – fines del siglo XIX y principios del XX -, se instaló en ese sitio un café, que correspondía a la firma “Giner e Isasmendi”; en la década de 1910, funcionó un comercio de otro rubro mercantil: la tienda “La Universal”, del señor José Lago y, en los últimos años de la década de 1930 – después de transitar otros propietarios -, adquirió dicha cafetería, el señor Humberto Ferrari, quien habilitó además, un bar, en una dependencia anexa, sumando algunos billares, para la distracción y el esparcimiento de los concurrentes. En la década de 1950, administrada por los hermanos Cadavid, la cafetería pasó a denominarse “La Macarena” y, luego de varios años de actividad, hubo de volver a su ya clásico nombre “La Perla”.
El 23 de mayo de 2003, por iniciativa del intérprete local, Jorge Raúl Destaville, a través de la ordenanza Nro. 5470, del Honorable Concejo Deliberante, se bautizó a la entrañable cafetería, como “La Esquina de Tango”. A través de un fiel y sostenido itinerario cronológico de muchas décadas, la popular cafería “La Perla”, ofreció a su clientela, numerosos y calificados espectáculos musicales, de particular jerarquía artística. Y bajo la administración del señor ítalo Mucci – su último propietario, a lo largo de más de 40 años -, se organizaron magníficos y excelentes encuentros, de noches ciertamente memorables, por las que transitaron diferentes intérpretes y orquestas, de alto nivel local, nacional e internacional. La citada cafetería, poseía una estimable biblioteca, dedicada a la temática del tango y el lunfardo, que llevaba el ilustre nombre del escritor, investigador y periodista, Gaspar José Astarita, y exhibía sus paredes decoradas u ornamentadas, con cuadros, fotografías, textos poéticos y valiosos elementos documentales; siendo, además, una galería histórica y todo un genuino museo. La antigua y gloriosa cafetería “La Perla”, un punto de referencia geográfica, un símbolo y un baluarte, en la memoria y el corazón de nuestra comunidad. ¡Qué viva por siempre el recuerdo de “La Perla”! y qué nunca más se destruya y aniquile la historia de Chivilcoy.
Réquiem a la cafería “La Perla”
Antigua y muy fetén cafetería, / de ese cálido encuentro ciudadano; / posta emblema y sentir chivilcoyano, / bien copada de tanta melodía… / Mesas, sueños, parolas de gomía / y un chamuyo de rioba, franco y llano, / con un cuore grandote y una mano / que se daba fratela, cada día… / Lungos años de nítida memoria, / fiel laburo, recuerdos y una historia / que se juna y remanya, interminable… / Porque siempre serás, en la matina, / un símbolo pintón y aquella esquina, nuestra “Esquina de Tango”, inolvidable.
Procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro de la Academia Porteña del Lunfardo.