El 60 aniversario de la muerte de Pascualito

El inolvidable predicador, Don Pascual Aulisio, «Pascualito», quien cumplió, a lo largo de muchos años, una gran labor de asistencia espiritual, en nuestra ciudad. Nacido en Salerno (Italia), el 6 de julio de 1889, fue dilecto discípulo de la legendaria y siempre recordada Madre María (1854-1928), abrió las puertas de su casa -un auténtico y verdadero santuario, ubicado en la calle Dorrego Nº291-, el 19 de mayo de 1920, y falleció a la edad de 70 años, el 27 de enero de 1960. Un año más tarde, el 27 de enero de 1961 en el Cementerio Municipal, junto a la bóveda familiar que guarda sus restos, se descubrió una magnífica y admirable estatua, en su memoria; obra del notable escultor y docente local, profesor Antonio Bardi.

Falleció el 27 de enero de 1960 y fue un popular predicador cristiano de Chivilcoy

Se ha conmemorado  el 60 aniversario, de la desaparición física, del popularizado y querido predicador cristiano, Don Pascual Aulisio, Pascualito, quien dejara de existir en nuestra ciudad, a la edad de 70 años, el 27 de enero de 1960. De origen italiano, había nacido el 6 de julio de 1889, en el hogar de Don Ángel Aulisio y Doña Rosario Sinaldone, y arribó a Chivilcoy el 31 de octubre de 1907; desarrollando diferentes faenas rurales, en la zona geográfica, de la localidad rural de Ayarza, en un campo de Don José Giuliano. Luego, se estableció en la planta urbana, y en su antiguo domicilio, ubicado en la calle Dorrego Nro. 291, el 19 de mayo de 1920, comenzó una noble y constante labor de prédica evangelizadora, con la Misión pastoral de María Salomé Loredo y Otaola, la legendaria y célebre Madre María (nacida en España, el 22 de octubre de 1854 y fallecida en Villa Turdera – Temperley -, el 2 de octubre de 1928, a los 73 años de edad); convirtiendo dicha finca, en un genuino santuario, de profunda fe, espiritualidad, amor y consuelo, al que acudían, de una manera diaria, numerosísimas personas, de nuestro vecindario y de la comunidad chivilcoyana, sumándose también, gente oriunda de diferentes lugares, de la provincia de Buenos Aires y del país. La Madre María, había designado a Don Pascual Aulisio, como uno de sus fieles y fervorosos apóstoles, el 16 de agosto de 1919, después que éste, desde 1909 y durante una década, supo concurrir a la vieja casona, donde atendía la Madre, en la calle Rioja 771, de Buenos Aires, y fue milagrosamente curado de una persistente dolencia crónica, que lo aquejaba de los tiempos de la infancia.Don Pascual Aulisio, Pascualito, desarrolló, desinteresa y generosamente, una prolongada tarea, de largos y pacientes años; caracterizándose por su corazón tierno y solidario, sus elevados principios y valores morales, su honda piedad, su especial dulzura, sus sabios y aleccionadores consejos  y, su actitud cálida y bondadosa. Don Pascual Aulisio, había contraído matrimonio con Doña Clara Martorelli, y de aquella unión, vieron la luz dos hijos: Ángel José y Leonardo Pascual, infortunadamente, fallecido en plena juventud.  El 27 de enero de 1961, al cumplirse el primer aniversario de la muerte, se descubrió en el Cementerio Municipal, frente a la bóveda familiar que guarda sus restos, una conmovedora y bella estatua de Pascualito, donada por Don Aurelio Lamperti; formidable y excelente realización artística,  del destacado y prestigioso escultor y docente local, profesor Antonio Bardi. Se colocó una placa de bronce, en homenaje a Don Pascual, calificándolo como “Paladín de la Verdad y poeta del Divino Verbo de Jesús”.  Su hijo, Ángel José Aulisio, Angelito, quien había nacido el 10 de marzo de 1921, hubo de continuar la obra de su padre; falleciendo de una forma trágica, el 11 de noviembre de 1975, a los 54 años de edad.

Décimas a Don Pascual Aulisio, «Pascualito», por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Hoy, lo evoco, claramente, con su entrega y su dulzura, su corazón de ternura y su fe, que se presiente… Gesto franco y transparente, vivió para predicar, y supo siempre ayudar, de un modo abierto y gratuito, siendo el noble Pascualito, de la historia popular. Lo recuerdo, en este día, cerca de Dios y del Cielo, con su paz y su consuelo, su palabra de armonía… Y palpitan, todavía, en medio de la ciudad, su más cristiana piedad,  su mensaje duradero, y su ejemplo verdadero, de amor puro y de bondad.

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