El Día del Lunfardo y una voz reflexiva, en el país del siempre lo mismo…

El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, en medio de la Argentina del círculo vicioso del siempre lo mismo, donde pierde el abnegado y heroico laburante, que trabaja, lucha y paga sus impuestos y cargas tributarias. El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, con un mensaje de optimismo, fe y esperanza: La recuperación de los principios y valores y, la sagrada Cultura del Trabajo. Porque sólo salvarán a la Argentina, un modelo y un proyecto productivo y progresista, la Educación, la Honestidad y el Trabajo.

Cada 5 de septiembre, desde el año 2000, se conmemora el Día del Lunfardo, una fecha que nos recuerda la aparición gráfica del volumen “Lunfardía”, un esclarecedor e ilustrativo libro de Don José Gobello, cuya edición data del 5 de septiembre de 1953. Erudito y muy prestigioso investigador, crítico, periodista, poeta, escritor y docente, Don José Gobello, nacido el 26 de septiembre de 1919 y fallecido el 28 de octubre de 2013, a la avanzada edad de 94 años, fue uno de los principales fundadores, el extraordinario y singular artífice, animador y propulsor y, ex secretario y presidente de la Academia Porteña del Lunfardo. El elocuente y tan expresivo lema de la Academia, creada el 21 de diciembre de 1962 y sita en la calle Estados Unidos Nro. 1379, de la ciudad autónoma de Buenos Aires, cabalmente puntualiza: “El pueblo agranda el idioma”.

El Lunfardo – todo un símbolo o emblema lingüístico de nuestra historia argentina y, un firme bastión o baluarte de la auténtica y verdadera identidad nacional -, constituye sin dudas una jerga de índole popular, un vocabulario y un repertorio léxico, integrado por términos o palabras, los cuales, ingresaron al país mediante las corrientes inmigratorias: italiana, francesa, española y portuguesa; incorporándose posteriormente, al lenguaje coloquial y el habla cotidiana. Después, alcanzó una vasta divulgación, en los más diversos estratos, ámbitos y sectores de la sociedad, a través de las letras de tango, la radiofonía – que se inició en el país, el 27 de agosto de 1920, cumpliéndose el glorioso Centenario -, y las representaciones escénicas y teatrales.

El Lunfardo de nuestra voz humilde y reflexiva, nos acerca un modesto pero sincero mensaje, en medio de este particular momento de Pandemia y Cuarentena inagotable y sin salida, que además de la absoluta parálisis de las más diversas actividades y disciplinas, un colosal letargo recesivo, la penosa postración comercial, industrial y profesional,  y un catastrófico y devastador efecto económico de negatividad, provocó la angustia, la incertidumbre, la zozobra, el pánico y, el profundo desaliento y abatimiento anímico de mucha gente, a la cual se les han matado las esperanzas, expectativas e ilusiones, las ganas de trabajar, las ganas de luchar, las ganas de progresar, las ganas de soñar y las ganas de vivir…

El Lunfardo, nos aproxima un auspicioso y sonriente mensaje de fe y optimismo, dentro del tan difícil y sombrío contexto de la Argentina del siempre lo mismo; un nefasto y fatal círculo vicioso, de hace ya largas décadas, donde triunfan los chantas, malandrines y delincuentes – un  sistema sin premios ni castigos -, pero  se perjudica, se empobrece, hasta se funde y, siempre, siempre termina perdiendo, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja y paga sus impuestos y obligaciones tributarias. El anónimo y esforzado laburante, acobardado y abatido por la infinita Cuarentena y tantos escollos, tropiezos, contratiempos y múltiples adversidades…

El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, que todavía cree en los principios y valores, humanos, patrióticos y espirituales, el sentido ético;  la conciencia moral; la prédica con el aleccionador y edificante ejemplo y, la recuperación de la sagrada e imprescindible Cultura del Trabajo. El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, que todavía cree en el ascenso social ganado con trabajo y estudio (sin la muy nociva y perniciosa nivelación hacia abajo), la justicia equitativa, las nuevas transformaciones, el avance, el progreso y los cambios positivos (No podemos aguardar resultados distintos haciendo siempre lo mismo); como también, en el criterio, la inteligencia y la educación cívica de la ciudadanía: “Los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo”, y la acción y el desenvolvimiento de las personas: “Para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo”, “En el mundo, cosecharemos lo que hemos sembrado” y “Los Hombres al igual que los árboles, se conocen y aprecian por sus propios frutos”.

El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, que todavía cree que, únicamente habrá de salvar al país, tras la salida definitiva de esta larga Cuarentena, la feliz y promisoria recuperación del camino de la Educación, la Honestidad y la sagrada y sublime Cultura del Trabajo. El Lunfardo de nuestra voz reflexiva, que todavía cree en el proyecto y el modelo productivo de un país, con menos asistencialismo y nivelación hacia abajo, y mucho más trabajo genuino. Debemos luchar para ser mejores, no peores… Porque a pesar de las actuales circunstancias, nuestra voz reflexiva del Lunfardo, aún cree en el Trabajo, las actividades productivas, la generación de riqueza y, la unión fraterna y solidaria, la paz, el amor y el bienestar de todos los argentinos.

Yo la parlo en Lunfardo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

YO la parlo en Lunfardo, compañero, de una forma mistonga – yeca pura -, y un sentir bien canyengue me carbura en el cuore y muy dentro del balero. La parlo siempre así, porque no quiero la injusticia y la lunga mishiadura; el drama del que lucha y quien labura, y el éxito del garca y el mulero… La parlo frente a pibes y percantas, junando otra Argentina – forte aguante -, que tenga honestidad – facha decente-, y no sea un país, sólo de chantas, donde pierde el heroico laburante, pero gana el más chorro y delincuente. Parlo así, pues no quiero tanto afano, las matufias, el verso y el camelo; el que engrupe al gilún y al pipistrelo, el que piensa en la guita y mete mano… Parlo así, porque creo – y nunca en vano -, en el posta gomía, tan fratelo; la parola de amor y de consuelo, la honradez y el jotraba cotidiano. Ante el rioba, el bacán o el sabalaje, creo en un tiempo sin broncas ni egoísmo, la verdad, los valores, la confianza… Y así parlo, batiendo mi mensaje de pulenta alegría y optimismo, de chipola ilusión y de esperanza. Y aún sueño un sol fetén de la matina, que ilumine la noche de Argentina.

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