Reflexión lunfarda: Engrupir a la gilada, en la Argentina del siempre lo mismo…

El eminente y prestigioso médico cirujano, Dr. René Gerónimo Favaloro, de quien se ha cumplido el vigésimo aniversario de su trágica desaparición física, el 29 de julio de 2000, con gran sabiduría y profundidad filosófica, señalaba y puntualizaba: «Hay que sacrificarlo todo en aras de la Verdad. Nada puede sustentarse sobre la Mentira».

 

Engrupir o engañar a la gilada, que trabaja, se esfuerza, se sacrifica y tanto lucha, soñando un país más justo, próspero, unido y solidario. Un país digno de ser vivido…

Hoy más que nunca, debemos reivindicar el valor y la importancia de la Verdad. Bien lo puntualizaba y subrayaba el eminente y muy prestigioso médico cardiocirujano, Dr. René Gerónimo Favaloro (1923 – 2000), de quien se ha cumplido veinte años de su trágica desaparición: “Hay que sacrificarlo todo en aras de la Verdad y nada más que la Verdad. Decir siempre en voz alta lo que se piensa por dentro. Nada puede sustentarse sobre la Mentira”.

Sólo habrán de salvar a la Argentina, la Verdad, la Educación, la Honestidad y, la sagrada Cultura del Trabajo. Sin Verdad, Educación, Honestidad y Trabajo, no existen porvenir, salida ni destino alguno…

Engrupir o engañar a la gilada, en esta Argentina del siempre lo mismo, donde infortunada e inexorablemente pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, el honrado, decente y esforzado laburante, que de un modo anónimo y silencioso, lucha, construye y va forjando nuestra sufrida Patria de cada día, y es también, víctima inocente de las pantallas y cortinas de humo, la mala fe, el fraude, la estafa moral y las mentiras…

Engrupir o engañar a la gilada, con meros y vulgares vendedores de imagen y fluida verborragia o locuacidad de “verseros y chamuyeros”.

Engrupir o engañar a la gilada, mediante frívola y artificiosa figuración, pura cáscara y cartón pintado, pavadas y superflua banalidad y, “berretas y truchas” apariencias.

Engrupir o engañar a la gilada, mientras se acentúan y agudizan el pesimismo, la incertidumbre, la zozobra, el obscuro descreimiento, la carencia de expectativas y la falta de alegría, sueños y luminosa esperanza de futuro…

Engrupir o mentirle a la gilada, en esta Argentina del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada (porque no existe propósito o intención de cambiar nada), nunca pasa nada, todo queda en la nada (la impunidad total y absoluta), siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina inevitablemente siendo, más de lo mismo… La Argentina, en la cual, hay quienes se hicieron ricos de una forma ilícita; otros viven de arriba, y siempre, pero siempre pierde, la persona buena, honrada y laboriosa que trabaja, se esfuerza, lucha, abona sus impuestos y obligaciones tributarias e impositivas y, es blanco y objeto del engaño, el grupo, el bolazo y el camelo…

Debemos predicar y sembrar con el testimonio de nuestra conducta y el buen  ejemplo de Vida, y recuperar ante todo, los principios y valores éticos, humanos, patrióticos y espirituales, como asimismo, la mentalidad, el hábito, la conciencia y la sagrada Cultura del Trabajo.

No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada a fin de impedirlo y, LOS HOMBRES AL IGUAL QUE LOS ÁRBOLES, SE CONOCEN Y APRECIAN POR SUS PROPIOS FRUTOS. SEPAMOS PUES, DIFERENCIAR Y DISCERNIR, LO BUENO DE LO MALO, Y LA VERDAD DE LA MENTIRA…

Engrupir a la gilada, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Basta ya, de engrupir a la gilada, con bolazos que copan hasta el cielo; el chamuyo y el verso, bien al pelo, el espiche y la parla remanyada. Basta ya, de la trampa tan junada, el engaño berreta y el camelo, que empaquetan al pobre pipistrelo, y después…, y después, no pasa nada… Basta ya, de poner la caripela, con el cuento, el boleto, la novela, y un balurdo de eterna falsedad… Dejá, viejo mulero, que lo bata: Olvidá el macaneo y la sanata, y decime, che, loco, la verdad. Porque muy patiyudo y esgunfiado, de tanta milanesa que hay que oír, me siento un pajarón y estoy cansado, que de nuevo, me quieras engrupir.

 

 

 

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