La Cultura del Trabajo y el Lunfardo

 

Sólo salvará a la Argentina, la recuperación de la sagrada Cultura del Trabajo

El sueño de un país, donde sin excepción, todos trabajen…

Qué dejemos de ser la Argentina, en el que siempre pierde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja…

El extraordinario y maravilloso ejemplo del abnegado y glorioso sacerdote argentino, presbítero Pedro Opeka, fomentando y promoviendo en la República de Madagascar (África), la solidaridad social, con Trabajo.

Una historieta de Condorito, y el factor fundamental del Trabajo.

Después de restablecerse normalmente las actividades, en los más variados rubros de la economía nacional, tras la etapa de la Cuarentena social obligatoria por el flagelo del Coronavirus, debemos pensar y reflexionar, profunda y seriamente, en recobrar, hoy, más que nunca, la mentalidad, el hábito, la conciencia y, la sagrada cultura del Trabajo. Sólo salvará a la Argentina, la recuperación de la cultura del Trabajo. Nuestro país, logrará encaminarse nuevamente, con el trabajo mancomunado y el arduo esfuerzo de todos los sectores. Nuestro país, habrá de encauzarse otra vez, merced a la firme y tesonera acción del trabajo, la producción y la generación de bienes y de riqueza. La Argentina, se pondrá de pie y saldrá adelante, única y exclusivamente, con el trabajo férreo y disciplinado, los bríos, el ahínco, los mejores anhelos, la auspiciosa expectativa, la halagüeña perspectiva, la mejor ilusión y la clara alegría, de un porvenir venturoso y esperanzado. Debemos entonces recuperar, el hondo espíritu, la fuerza, la ilusión y, la sana y auténtica alegría del Trabajo.

El reconocido poeta gauchesco José Hernández (1834 – 1886), en las bellas y memorables páginas del “Martín Fierro”, muy clara y sabiamente, puntualizaba: “El trabajar es la ley, porque es preciso alquirir. No se expongan a sufrir una triste situación: Sangra mucho el corazón del que tiene que pedir. Debe trabajar el hombre para ganarse su pan; pues la miseria en su afán de perseguir de mil modos, llama en la puerta de todos y entra en la del haragán”.

El notable jurisconsulto, hombre público y estadista, Dr. Nicolás Avellaneda (1837 – 1885), ex presidente de la Nación, entre los años 1874 y 1880, remarcaba: “No hay prosperidad fuera del trabajo, y nada hay perdido, cuando queda en pie un pueblo que trabaja”.

El teniente general Juan Domingo Perón (1895 – 1974), ex presidente de la Nación, desde 1945 hasta 1955, y entre 1973 y 1974, gran líder de las clases obreras y los trabajadores, en las “Veinte verdades doctrinarias del Justicialismo”, proclamadas el 17 de octubre de 1950, categóricamente subrayaba: “No existe para el Peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan. El trabajo es un derecho que crea la dignidad del hombre: y es un deber porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”. Asimismo, el teniente general Perón expresaba: “En términos de economía social, es necesario establecerlo definitivamente: La única moneda que vale para nosotros es la del trabajo y los bienes de producción que nacen del trabajo. Producir y ahorrar, deben ser dos pensamientos grabados en la conciencia económica del pueblo. El pueblo capítaliza la economía por el ahorro, y la producción de su trabajo y la economía sirven al bienestar del pueblo. El progreso del país depende de la forma en que cada habitante trabaja, produce y ahorra. El que no trabaja, produce y ahorra es un elemento destructivo, un parásito social. Señalo como principal objetivo para el porvenir: ¡El país debe producir por lo menos todo lo que consume!”.

El caracterizado y prestigioso abogado, dirigente político, periodista, docente y hombre público chivilcoyano, Dr. Francisco José Falabella (1920 – 1998), en una entrevista formulada por la revista “Gente”, hacia 1973 – hace ya, 47 años transcurridos -, abiertamente manifestaba: “La prioridad número uno es que todo el pueblo trabaje, que el trabajo sea estimulado y organizado por el Estado y que mediante una multiplicación de los bienes y la riqueza – única fórmula -, se pueda brindar al pueblo el bienestar general”.

Recordamos ahora, de un modo ferviente y emocionado, el extraordinario y maravilloso ejemplo del sacerdote argentino, presbítero Pedro Opeka, en la República africana de Madagascar. El padre Opeka, nacido en 1947, se radicó hacia 1971, en dicho país del África y ha logrado desenvolver, realizar y materializar, una colosal y admirable obra, fomentando y promoviendo, ante todo, el Trabajo, el crecimiento de las familias y la comunidad, el avance económico y el progreso. Solidaridad social sí, pero con Trabajo. Menos asistencialismo, y más trabajo genuino, concreto y duradero…

Una risueña y jocosa historieta, de la serie humorística  “Condorito”, resulta totalmente adecuada y propicia para estas circunstancias: A Condorito, se le había confiado la venta de un campo, de un buen número de hectáreas. Unas personas interesadas en la operación, concurrieron al lugar y le preguntaron: ¿Este campo da soja?, y Condorito respondió negativamente; ¿Este campo da trigo?, y Condorito contestó de la misma forma; ¿Este campo da maíz?, y de parte de Condorito, fue la misma respuesta… ¿Entonces que da?, lo interpelaron esas personas, y Condorito dijo: Da solamente yuyos y malezas… Antes de retirarse, una de las personas, lo interrogó: ¿Si uno siembra zapallos, da zapallos?, y Condorito, hubo de contestarle: ¡Ah, sembrando y trabajando, es otra cosa! Se ha expresado hasta el cansancio, en innumerables oportunidades, que la Argentina es un país, rico, opulento y próspero… Todo un gran mito y una enorme falacia… Nuestro país posee muchas riquezas naturales, pero de nada sirve, si no se las explota, extrae y desarrolla, a través de la tenacidad, la constancia y el esfuerzo del Trabajo…

Quiera Dios, que en un futuro no muy lejano, dejemos de ser el país del siempre lo mismo, donde no cambia nada, todo queda en la nada y pierde, se perjudica, se empobrece y hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja, víctima del desaliento, la desazón, las incertidumbres, la zozobra y las frustraciones, abrumada por los impuestos y las cargas y presiones fiscales, tributarias e impositivas.

Quiera Dios, que en un futuro, no tan distante,  prediquemos con el testimonio de nuestra conducta y el buen modelo o paradigma de vida, y que al final recuperemos, los principios éticos, los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como además, la mentalidad, el hábito, la conciencia y la SAGRADA CULTURA DEL TRABAJO. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo, y LOS HOMBRES AL IGUAL QUE LOS ÁRBOLES, SE CONOCEN Y APRECIAN POR SUS PROPIOS FRUTOS… Sólo existe un rumbo posible: VOLVER AL CAMINO DE LA EDUCACIÓN, LA HONESTIDAD Y LA CULTURA DEL TRABAJO.

La Cultura del Trabajo, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

El país se levanta, estoy seguro, – hoy te bato la justa, buen hermano -, con un toco de embale cotidiano y la guapa cultura del laburo. El país se levanta, – fato duro -, mientras todos tendamos una mano, sin más bronca tenaz, curros ni afano, carburando fratelos, el futuro… El país se levanta de este barro, cuando juntos, tiremos bien del carro, y sepamos cinchar para delante… Porque al fin el país, hará bandera, con la flor de pulenta verdadera, del heroico y debute laburante. Qué ninguno te engrupa, falsamente: El país se levanta, desde abajo, si ponemos el cuore, y solamente, con la posta cultura del Trabajo.

 

 

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