La Escuela Nro. 4 “Manuel Villarino” de Chivilcoy

La Escuela primaria Nº 4 «Manuel Villarino», que nació como un establecimiento educativo particular, fundado en la década de 1850, por Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu. Con posterioridad, hubo de ingresar a la esfera del municipio, del cual dependían las distintas escuelas del Partido, el 1 de julio de 1868. Cerró sus puertas, en 2007, y en el presente año 2019, se registró su auspiciosa y feliz reapertura. A lo largo de un prolongado tiempo, de labor docente, la Escuela Nº4, ha cumplido, una infatigable y ejemplar trayectoria, al servicio de la instrucción pública chivilcoyana.

Se conmemora el 151 aniversario, de la Escuela primaria Nro. 4, de nuestra ciudad de Chivilcoy, ubicada en la intersección de la Avenida Villarino y la calle Saavedra, la cual, ingresó a la órbita del municipio, e inició su larga y fecunda labor pedagógica, un 1 de julio de 1868, después de haber desarrollado, con anterioridad, una tenaz y meritoria tarea educacional, como un establecimiento, de índole privada, que había sido fundado, por la docente, pionera o precursora, Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu. En efecto, a principios de la década de 1850, la señora Eustaquia Sánchez de Aramburu, en un modesto rancho de su propiedad, que asomaba en medio de la verde llanura, hubo de habilitar una humilde escuelita particular, donde impartía sus enseñanzas, clases y lecciones, de un modo abnegado y generoso, a los niños y pobladores adultos, de esa zona geográfica.

El destacado y prestigioso historiador chivilcoyano, ingeniero Mauricio Birabent (1905 – 1982), en el capítulo III “La fundación y vida inicial”, de su recordado y bello libro “El Pueblo de Sarmiento”, refiriéndose a Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu, y su formidable misión educadora, señalaba: “Antes de organizarse oficialmente la educación primaria en el partido, ya existía quien, más humildemente aún, pero no con menos eficacia, enseñaba a los niños y a los grandes, los misterios de las primeras letras. Desde muy lejos llegaban los educandos al rancho de Eustaquia Sánchez (1853), y allí, en un saloncito habilitado para escuela, los inocentes niños y los paisanos de rudos dedos, aprendían a trazar unos tras otros, los signos del abecedario o los rasgos de los números. Casóse Doña Eustaquia Sánchez con un vecino Aramburu, hijo de un  colono, constituyendo el núcleo troncal de una tradicional familia chivilcoyana. La escuelita prosiguió funcionando, hasta que pasó a depender de la Municipalidad, siempre bajo la dirección de la fundadora”.

Hacia el año 1857, cuando Domingo Faustino Sarmiento, hubo de visitar nuestra ciudad, en ocasión de la solemne ceremonia inaugural, de la primitiva capilla del pueblo, pudo informarse, de la abnegada y muy valiosa obra, de Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu, e interesándose después, por su tan esforzada labor, gratuita o ad honorem, logró que se le adjudicase, a esta noble y admirable mujer, una justa y bien merecida remuneración pecuniaria. Tras casi dos intensas y provechosas décadas, de una fiel e infatigable actividad, al servicio del saber y la instrucción pública lugareña, aquel elemental y pequeño centro, del silabario y los conocimientos, se transformó en la Escuela primaria Nro. 4, – dentro de la esfera de la comuna, de la cual dependía el sistema de educación,  de la época -, bajo la diestra y avezada dirección, de su fundadora y propulsora, Doña Eustaquia Sánchez de Aramburu.

A dicho establecimiento, se le impuso el ilustre y glorioso nombre, de Don Manuel Villarino,  singular fundador de nuestra ciudad; autor del simétrico y admirable trazado urbano de Chivilcoy y, espíritu hacedor y progresista, de múltiples iniciativas, colosal acción realizadora y, extraordinaria pujanza, Nacido en Buenos Aires, el 17 de junio de 1815, Don Manuel Antonio del Carmen Villarino , falleció en la Capital, víctima de una cruel e implacable epidemia de cólera, el 25 de enero de 1868, a los 52 años de edad.

En un comienzo, la Escuela primaria Nro. 4, funcionó en un precario inmueble, hasta que, a principios del siglo XX, durante la gestión del caracterizado dirigente político, genuino caudillo y ex intendente municipal, Don Vicente Domingo Loveira (1853 – 1933), se construyó su actual edificio, con un estilo arquitectónico, muy similar, a las Escuelas Nro. 3 “Dr. Nicolás Avellaneda”, Nro. 8 “General Manuel Belgrano” y Nro. 18 “Dr. Mariano Moreno”, levantadas en la  misma época. Se puede observar, en la parte superior del frente o la fachada, una estatua que simboliza a la educación; magnífica realización escultórica, de apreciable hermosura artística. El inmueble, de la desaparecida Escuela primaria Nro. 1 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicado en la esquina, de la calle Belgrano y la avenida Sarmiento, era también, semejante a los ya nombrados, y la estatua de la Educación, tras la demolición del inmueble, en el mes de abril de 1970, fue trasladada a la sede del Museo Municipal de Artes Plásticas “Pompeo Boggio”, encontrándose, actualmente, en el jardín de acceso, del citado organismo, de la comuna.

En el año 1907, de acuerdo con la información suministrada por la “Guía Aramburú”, que hubo de editar, el agente judicial y comercial, Justo Aramburú, ejercía la dirección de la Escuela Nro. 4, la docente Indalecia Ramírez; desempeñándose como maestras, de primer y segundo grado, respectivamente, las educacionistas, Elena Caprile e Isabel F. de Ocampo.

En 2007, hubo de producirse el cierre, de la Escuela 4, y en el presente año 2019, merced a las valiosas e  importantes gestiones, de las autoridades educativas y municipales, se registró su feliz y promisoria reapertura. Por sus aulas, cálidas y luminosas, desfiló una significativa cantidad de docentes y alumnos, quienes, jornada tras jornada, enarbolaron la bandera del saber, el sentimiento patriótico y, los mejores sueños.

A la Escuela Nro. 4 “Manuel Villarino”, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, (Ex alumno del establecimiento, en primer grado inferior y primer grado superior, a cargo de la inolvidable docente, Elsa Fragapane de Cabral).

Escuela noble y querida, de larga y fecunda historia, un nombre de eterna gloria, y una fuerza renacida. De esta manera sentida, con júbilo y esperanza, yo le canto a tu pujanza, tu acción, firme y permanente, tu fiel corazón docente, y tu mundo de enseñanza. Le canto a tus ilusiones, tu amor profundo, de escuela, tu color de escarapela, tu mástil y tus salones; y recobrando emociones, sin más tiempo ni distancia, vuelvo a tener la fragancia, de tu magia educativa, y sé que estás, dulce y viva, en un rincón de mi infancia.

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