Las viejas inundaciones de Chivilcoy. Un acto literario y cultural, a beneficio de los damnificados, del año 1877, que organizó Doña Dorotea  Duprat de Pechieu.

La caracterizada y prestigiosa, dama de beneficencia, escritora, conferenciante, periodista y docente, Doña Dorotea Duprat de Pechieu (1843-1932), un espíritu exquisito y altruista, y un alma piadosa y filantrópica, que supo, amplia y generosamente, brindarse a la comunidad de Chivilcoy, con una vocación de servicio, ejemplar. Organizó el acto literario y cultural, del 5 de agosto de 1877, en beneficio de los numerosos inundados, de aquella época.

A lo largo y a través, del curso cronológico y de las páginas, de nuestra historia chivilcoyana, en diferentes épocas y etapas de su desarrollo, podemos advertir, la alarmante e inusitada presencia, de fenómenos meteorológicos, de intensas lluvias, y un cuadro de graves y peligrosas inundaciones, que solían comprometer y afectar, distintos sectores geográficos, zonas y barrios de la ciudad; en algunos casos, con muy lamentables consecuencias, de numerosas e irreversibles pérdidas y perjuicios materiales.

Así, por ejemplo, recordamos la inundación del año 1877, considerada “uno de los más grandes desastres de la naturaleza, que asoló a Chivilcoy”. En aquella penosa oportunidad, y en virtud de la enorme y singular dimensión o magnitud de la catástrofe, se hubieron de conformar, diversas comisiones vecinales, que con un sentido caritativo y, un espíritu solidario, filantrópico y altruista, realizaron campañas, de recaudación de fondos económicos, para socorrer y brindar pronto auxilio, a las tristes y dolorosas víctimas, de aquella gigantesca inundación.

Otra memorable inundación, se registró, hacia el año 1911, la cual, produjo múltiples trastornos e inconvenientes, en calles y sectores, urbanos y rurales; llegando hasta la extrema situación, de la virtual desaparición, de un típico y pintoresco barrio, que se hallaba situado, en la prolongación de las calles, Balcarce y Lamadrid, en cercanías de la antigua e inolvidable cañada. Ese era un barrio, de paisanos y de criollos, nobles y laboriosos, quienes habían arribado  nuestra ciudad, procedentes de distintas provincias argentinas; un barrio, de humildes y modestos ranchos, con árboles de variadas especies vegetales y, floridos y atrayentes jardines…

También, evocamos la inundación, del año 1915, que hubo de originar, lamentables daños, y desfavorables y negativas consecuencias, para toda nuestra ciudad. En una crónica de los sucesos, podemos leer que: “Periódicamente, se registraban en Chivilcoy, agravadas sin dudas, con fuertes precipitaciones pluviales, grandes inundaciones, que asolaban hasta la zona céntrica, causando ingentes perjuicios, de todo orden. De ese modo, todo era una sola e inmensa laguna. Para ir a la estación ferroviaria Sud, había que hacer un rodeo, por detrás del cementerio viejo. Llegar al cementerio nuevo (Inaugurado el 6 de noviembre de 1893), era casi una tragedia”. Asimismo, un interesante e ilustrativo informe, de la Dirección de Sanidad, de la provincia de Buenos Aires, que data de la década de 1880, remarcaba, de una manera clara y elocuente, el calamitoso y sombrío estado higiénico y sanitario, de Chivilcoy, “con calles llenas de pantanos y edificios levantados sobre un suelo bajo”. Se afirmaba que “este pueblo del Oeste, se encuentra rodeado de pantanos, extensos y permanentes; una parte considerable de él, se inunda en la época de las lluvias, y el estancamiento de las aguas, ocasiona la penetración y putrefacción del terreno, en ciertas calles, de la porción oriental, de la localidad”.

En épocas ya pasadas, – las últimas décadas, del siglo XIX y las primeras del XX -, el barrio de la plaza Florencio Varela, situado en las inmediaciones de la “cañada”, solía inundarse, con bastante frecuencia. Se trataba de terrenos bajos… Los hombres de campo, afirmaban, con pleno convencimiento y certeza, que, en esos lugares, nunca aterrizaba y se posaba la lechuza, porque este curioso animalito, se “paraba solamente, en los terrenos altos”.

Puntualicemos finalmente que, hacia 1948, siendo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el coronel Domingo A. Mercante; intendente municipal de Chivilcoy, Don José Schiaffino, y senador provincial, oriundo de nuestra ciudad, Don Andrés Casanova, hubo de proyectarse, el tan ansiado y esperado “entubamiento de la cañada”. Las correspondientes obras de construcción, se iniciaron en 1949, culminando en 1950 “Año de Libertador General San Martín”.

Un acto literario y cultural, del 5 de agosto de 1877, a beneficio de los inundados…

A raíz, de la colosal y calamitosa inundación, que se registró, aquí, en Chivilcoy, en el año 1877, por una feliz y ponderable iniciativa, de la siempre recordada benefactora local, Doña Dorotea Duprat de Pechieu (1843 – 1932), periodista, escritora, conferenciante y docente, de fecunda y admirable trayectoria, en nuestro medio; se llevó a cabo, un acto literario y cultural, a beneficio de las innumerables personas damnificadas, en esta verdadera catástrofe, de la naturaleza. Para tal efecto, hubo de constituirse una comisión de damas, caritativas y piadosas, quienes impulsaron y desarrollaron, esta benemérita y muy plausible labor, de asistencia y ayuda social. Dicho acto, donde diferentes autores lugareños, leyeron sus composiciones, en verso y prosa, hubo de realizarse, el 5 de agosto, de aquel año, y el programa del mismo, se editó en la imprenta de “La Campaña”, ubicada sobre la calle Nro. 48, esquina 55.Presidía la citada comisión de damas, la señora Tomasa L. de Benítez; cumplía funciones de tesorera, la señora Raimunda M. de Beltrán; eran vocales: Estefanía F. de Cúneo, Josefa M. de Grego, Corina M. de Lobos y Mercedes Calderón, y ejercía el cargo de secretaria, la sin par emprendedora y hacedora, Doña Dorotea Duprat de Pechieu.

Himno al ayer y a la historia, por el procurador Carlos Armando Costanzo, fundador y director – organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano.

Recordemos por siempre, la historia, para entonces, así mantener, como un sol, la más clara memoria, de la vida y la voz del ayer. Recordemos, el viejo pasado, que regresa, en total libertad, por las calles de un tiempo olvidado, hasta el centro de nuestra ciudad. Recordemos, las horas lejanas, con el eco de alguna canción; un aroma de antiguas mañanas, y un huella de larga emoción… Recordemos, los hechos gloriosos, grandes nombres, que se han de evocar; episodios y sueños hermosos, tantas fechas, que habrán de aflorar… Recordemos, de un modo ferviente, el ayer, en las páginas de hoy, y sintamos después, hondamente, nuestra historia local ¡Chivilcoy!

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