Nuestra ciudad de Chivilcoy, en 1918

Nuestra ciudad de Chivilcoy, en una imagen fotográfica del año 1918. En el mes de junio, se registró, una copiosa y significativa nevada; la primera que se conoció, en esta región.

Nuestra evocación de índole histórica, nos aproxima ahora, a nuestra ciudad de Chivilcoy, de hace ya, un siglo, en el año 1918, cuando contaba, con alrededor de 36. 000 habitantes, incluyendo en esa estimación demográfica, no solamente a los nativos, sino también, a distintos elementos inmigratorios, de origen italiano, francés, español, portugués, alemán, austríaco, ruso, sirio libanés, estadounidense, uruguayo, brasileño, chileno y, de otras nacionalidades. A comienzos de 1918, se hallaba al frente del Departamento Ejecutivo de la comuna, en calidad de comisionado municipal, el caracterizado y prestigioso médico, Dr. Pedro J. Calderón, quien había asumido sus funciones gubernativas, el 16 de agosto de 1917, en reemplazo del anterior comisionado, Don Eduardo Brueck. El 1 de mayo de 1918, tomó posesión de su cargo, como intendente municipal de Chivilcoy, el probo y distinguido abogado y dirigente político del radicalismo, Dr. Luis Tiscornia, el cual, hubo de regir los destinos institucionales de nuestra ciudad, hasta el 1 de enero de 1920, cuando lo substituyó, el íntegro y reconocido abogado, dirigente político y líder y conductor de la Unión Cívica Radical, Dr. Alejandro Osvaldo Suárez. El 1 de enero del 18, se establecieron, las firmes bases fundacionales, del recordado Club Sportivo Buenos Aires, cuyo equipo futbolístico, que lucía una camiseta, con rayas verticales, rojas y blancas, hubo de clasificarse “Campeón invicto”, del torneo organizado, por la entonces Federación Chivilcoyana de Deportes (Hoy, Liga Chivilcoyana de Fútbol). Dicha entidad, a raíz de innumerables dificultades, obstáculos y contratiempos, – en especial, de carácter económico -, desapareció, finalmente, a principios de la década de 1960. En ese año, hubo de iniciar su circulación, un periódico, denominado “El Comercial”, que se hallaba bajo la dirección de Don José Cerone; funcionando la imprenta, de la citada publicación, en la primera cuadra de la avenida Villarino. “El Comercial”, una hoja informativa, de orientación independiente, cesó en sus ediciones habituales, hacia el año 1920. El 23 de marzo, se produjo la aparición, del periódico “El Heraldo”, publicado y dirigido, por Don Domingo Sanguinetti, el cual, registró una fugaz o efímera existencia gráfica. Por otra parte, en 1918, salió a la luz pública, el diario “El Hombre Libre”, un genuino y valeroso vocero, de la Unión Cívica Radical, de nuestra ciudad. Este órgano de prensa, era propiedad de los Dres. Luis Tiscornia y Miguel Calixto Calderón, y la dirección de la hoja, se encontraba a cargo, del polifacético y notable periodista, escritor, poeta, dramaturgo, investigador, conferenciante, artista plástico y docente, profesor Jesús García de Diego. “El Hombre Libre”, desapareció hacia 1924, y en su reemplazo, se hubo de editar el” Diario del Pueblo”, bajo la dirección de Raúl Destaville; cesando en su circulación, por el año 1930. En el mes de junio – aproximadamente, el día 22 -, todo el atónito y asombrado vecindario, asistió, de una manera estupefacta, a un curioso y extraordinario fenómeno meteorológico: la primera y singular nevada, que aconteció en Chivilcoy, colmando de sorpresa y viva admiración, a toda la comunidad, por tan inusitado y resonante episodio, en los anales de nuestra historia lugareña. La próxima nevada, hubo de manifestarse, cincuenta y cinco años más tarde, el 16 de julio de 1973, el día de la celebración, de la fiesta patronal, religiosa y popular, en honor de la Virgen Nuestra Señora del Carmen.

Che, ciudad, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Che, ciudad, escuchame la parola, que te bato feliz, de esta manera; vos, que un yorno naciste, en primavera, una tarde de ayer, debute y piola. Che, ciudad, que te juno, segurola, en el rioba, la yeca y la vedera, y te siento, muy posta y bien canchera, siempre dentro del cuore y la sabiola. Che, ciudad, del laburo y la alegría, el sincero chamuyo de un gomía, el paisaje pintón, la paz celeste… Al batirte mi parla, esta matina, te pispeo y bautizo, en una esquina, la pulenta y gran “Perla del Oeste”.

 

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