Pinceladas de los carnavales de antaño

Comparsa los Marinos del Plata, que se presentaba durante el desarrollo de los carnavales chivilcoyanos, a fines de siglo XIX y principios del XX.
Comparsa los Marinos del Plata, que se presentaba durante el desarrollo de los carnavales chivilcoyanos, a fines de siglo XIX y principios del XX.
  • Los carnavales de nuestra ciudad, cuyos orígenes se remontan, a las últimas décadas del siglo XIX, alcanzaron una vasta y singular resonancia; trascendiendo, por sus peculiares características, su brillo y su especial relieve, a distintas localidades vecinas, y convirtiéndose de esa forma, en una verdadera y gloriosa tradición, dentro de los anales históricos lugareños.
  • En dichos carnavales, intervinieron diferentes comparsas, murgas o agrupaciones, compuestas por numerosas personas, con sus respectivos uniformes e instrumentos musicales.
  • En 1881 y 1893, se realizaron, importantes festejos del carnaval, llevándose a cabo los corsos, sobre las avenidas Villarino y Soarez, con una concurrencia multitudinaria, de nuestro vecindario. Participaron en esos corsos, las popularizadas comparsas: “Marina” y “Los hijos de África”.
  • A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, participaron distintas y alegres comparsas, como: “Los negros africanos”, “Los negros candomberos”, “Los marinos del Plata”, “La Lira de Oro”, “El Orfeón”, “Unión Pelotaris”, “Salimos como podemos”, “Todos o ninguno”, “Los Chiripitifláuticos”, etc.
  • En los últimos años del siglo XIX, el recorrido del corso comprendía la actual calle Carlos Pellegrini (Nº48), que anteriormente, se denominaba “Buenos Aires”.
  • En 1921 los corsos, se efectuaron sobre las calles Pellegrini e Hipólito Yrigoyen, y en 1926, a lo largo de toda la avenida Soarez; participando entre otros grupos, las conocidas comparsas: “La perla brillante”, “Los momentáneos”, y “Todos o ninguno”.
  • En la década de 1920, durante el transcurso de los corsos oficiales, resultaban bastante usuales o frecuentes, diversos episodios de violencia: Riñas, reyertas, tiroteos y toda clase de incidentes, con un trágico saldo, de muertos y heridos. Fue la época, del famoso comisario, Alcides Calvento, cuando la policía, se enfrentaba, a punta de revólver, con pandillas armadas, que ocasionaban disturbios callejeros.
  • Para la organización de los festejos del carnaval, las autoridades municipales, conformaban, una “Comisión oficial de Corso”, de la que eran parte, destacados vecinos de nuestro medio. El intendente de turno, emitía un decreto, reglamentando la citada celebración popular, y de ese modo, se establecían, el trayecto del corso; la colocación de palcos; los premios para comparsa, murgas, palcos, automóviles y carruajes ornamentados; como asimismo, las recompensas, para máscaras y disfraces.
  • En la década de 1930, los decretos municipales, de reglamentación del carnaval, prohibían el uso de la careta y el antifaz; las vestimentas, de carácter militar o sacerdotal; los trajes indecorosos; la entonación de canción inmorales; el empleo de armas; los juegos con agua, y el consumo de bebidas alcohólicas, combatiendo de esa manera, la ebriedad o embriaguez, en la vía pública. Por el contrario, se permitía el juego con “Flores y serpentinas”.
  • En 1932, participaron en los corsos, las comparsas “Juventud democrática”, y “Unión Juvenil”, y la fervorosa murga “Camaradas unidos de la plaza Varela”, todo un antecedente histórico, de los recordados “Mirasoles”, con la participación de la Katy.
  • En 1934, en tanto, intervinieron, en los festejos del carnaval, las comparsas “Juventud moderna” y “Unión argentina”; las murgas “Amantes de la garufa”, “La muchachada del centro”, y “Centro chivilcoyano”, y asimismo, una “Rondalla”, de la Agrupación Artística Chivilcoy.
  • Para los festejos del carnaval, se realizaban, en diferentes clubes, los clásicos bailes de “Disfraz y fantasía”; procediéndose a la elección de la “Reina”, de las carnes tolendas. El baile oficial, se llevaba a cabo, en el propio palacio municipal. También, se organizaba el “Corso infantil”, y los concursos de disfraces, con la participación, de un nutrido número de niños, de ambo sexo; se efectuaban certámenes, de vidrieras comerciales adornadas, de una forma alusiva, con respecto a la celebración carnavalesca, y en más de una ocasión, se efectuó un pintoresco y curioso corso, con la participación de perros disfrazados.

Carnaval, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal, y del Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro de la académico correspondiente de la Academia de Folklore de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Llegaste, carnaval, bomba y diquero, una cheno fetén, de fantasía, con tu embale especial, tu algarabía, la garufa y tu acento bullanguero. Llegaste, muy pintón y bien canchero, con tus ondas de lunga melodía, para darnos un cacho de alegría, del modo más vibrante y farolero. Llegaste con tu facha iluminada, la careta, el disfraz, la batucada, la comparsa y la farra musical… Y al compás del bochinche contagioso, hasta el último rasca –triste coso-, se prendió a tu pasión de carnaval. Y yo, al toque, me visto, de primera, como todo un bacán –bastón y guantes-, y me voy por la yeca arrabalera, con la murga “Los pibes atorrantes”.

 

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