Refelxión lunfarda: El retorno a los valores morales, en la Argentina del siempre lo mismo…

La profunda y sentida reflexión lunfarda, de la fecha, nos invita ahora,  a discurrir y  meditar, de un modo hondo y comprometido, acerca de la fundamental importancia de los valores morales, para la vida comunitaria, el quehacer cotidiano y, el constante desenvolvimiento, de la sociedad y del país. Los valores morales, que dignifican y elevan a los seres humanos, enriqueciéndolos y engrandeciéndolos, espiritualmente, en los más íntimo y recóndito de sus corazones. Los valores morales, que constituyen, sin dudas, una clara y luminosa guía, de un camino recto e inquebrantable y, una  decente y proba conducta.  Los valores morales, que nos indican y señalan, el buen sendero del amor hacia el prójimo y los semejantes, la sencillez y humildad, el trabajo, la hombría de bien,  la educación,  la actitud sincera,  solidaria y caritativa,  la justicia, la libertad, la unión fraterna,  el respeto, la tolerancia y,  la serena y dulce paz, de las naciones y los pueblos del mundo. Los valores morales, que nos proporcionan un fiel y adecuado sentido ético, una límpida y pura conciencia y la mejor capacidad de discernimiento, para diferenciar lo bueno de lo malo, y la saludable y hermosa verdad, de las falacias, las patrañas y las  mentiras. Hoy, más que nunca, dentro del difícil y tan complejo contexto actual de nuestra Argentina, de cada día, debemos retornar a los valores morales, para dejar, por siempre, atrás, el triste y deplorable país, del siempre lo mismo, donde las cosas siguen como están, no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada – la impunidad judicial, completa, total y absoluta -, siempre se habla mucho de lo mismo, todo es igual, todo da lo mismo y, todo termina, fatal e inexorablemente siendo, más de lo mismo… La Argentina, trucha, frívola y berreta, atada con piolines, cuerdas  y alambres, en la cual, hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de modo ilícito, viviendo de arriba, sin laburar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica, se empobrece y, hasta se funde, en el plano económico, la persona buena, honrada y laboriosa, que lucha, se esfuerza, sacrifica y tanto, tanto trabaja… Hoy, más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el buen ejemplo de vida y de conducta (en un país de malos y repudiables ejemplos ), y  recuperar, esos principios y valores morales, humanos y patrióticos; como asimismo, el hábito, la mentalidad y la sagrada cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio y, los auténticos y reales méritos;  lejos de las ambiciones malsanas, la corrupción,  las ruindades y bajezas,  los odios y rencores, la desunión, las discordias, las vanas mezquindades,  y los perversos e inútiles antagonismos. No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo; para que triunfe el mal, sólo se necesita que los buenos no hagan nada, a fin de impedirlo; los pueblos que olvidan su pasado, están condenados a repetirlo, y los Hombres al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos… Existe un único y esperanzado rumbo posible: Retornar a los valores y volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Fuera de ello, el país, no obstante las futuras expectativas, las seductoras promesas y los rimbombantes anuncios, no tendrá porvenir, salida,  ni tampoco, ningún destino. Ni más ni menos, que la eterna y repetida historia, de la  “Argentina del siempre lo mismo”.

Volver a los valores, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director-organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

Volver a los valores, yo quisiera, entre tanto balurdo y pesimismo; volver a un cacho fiel de patriotismo, la moral, la justicia más fachera… Volver a la humildad, piola y canchera, el laburo pulenta, el dinamismo; el amor, sin camelo ni egoísmo, el bien posta y la paz – linda bandera -. Volver a la honradez – minga de afano -, el cuore generoso y muy ufano, esos guapos valores, ya perdidos… Y al final – onda flor y tan debute -, carburar los valores, che, salute, con el alma fratela y siempre unidos.

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