Reflexión Lunfarda: Bajar los brazos, en el país del más de lo mismo…

La patética y muy popularizada expresión popular “Bajar los brazos”, suele utilizarse con frecuencia y muchas veces, infortunadamente, se expande y generaliza, en un difícil y dramático contexto nacional, de crisis económica, recesión, desempleo, miseria y, múltiples adversidades familiares. Bajar los brazos, frente al país, del más de lo mismo, donde no cambia nada, nunca pasa nada, todo queda en la nada, siempre se habla mucho de lo mismo, todos son iguales, todo da lo mismo y, todo termina, al final, siendo, más de lo mismo… El país, trucho y berreta, en el aire y atado con alambre…; el país, del chanterío, la improvisación, la corruptela, la impunidad, las injusticias y desigualdades sociales, la coima, los curros y el afano, en el cual, hay gente que, se ha hecho y se hace rica, de un modo ilícito, por izquierda, sin trabajar, y contrariamente, siempre pierde, se perjudica y hasta se funde, la persona buena, honrada y laboriosa, que trabaja… Bajar los brazos, una actitud reiterada y, ciertamente, comprensible, del anónimo y silencioso ciudadano común, víctima inocente y sistemática, de los ajustes y recortes, los incrementos de precios y tarifas, los largos e inagotables procesos inflacionarios, las presiones y exigencias impositivas y, las enormes cargas  fiscales y tributarias. Bajar los brazos, un gesto de mucha gente, noble, honesta y trabajadora, que sufre y padece, a diario, el fenómeno cotidiano de las promesas incumplidas, los falsos anuncios, de transformaciones y cambios, la frustración, el desengaño y, la total y absoluta desesperanza… Bajar los brazos, en medio de una sociedad y de un país, inmersos en el círculo vicioso del “más de lo mismo”, donde la historia, los acontecimientos, las recetas y las tristes y penosas experiencias, inexorablemente, se repiten, por aquello que, el gran físico y matemático, Albert Einstein, señalaba: “No podemos aguardar resultados distintos, haciendo siempre lo mismo”. Bajar los brazos, por la falta de expectativas y perspectivas, halagüeñas y promisorias, y la carencia de proyectos, iniciativas y sueños, para un porvenir, de florecimiento y progreso radiante y esperanzado… Bajar los brazos, delante de la desocupación, la ausencia de oportunidades laborales, la marginación de las clases obreras, la pobreza y, la creciente indigencia…  Bajar los brazos, sin encontrar futuro, destino ni salida…Hoy más que nunca, debemos predicar y sembrar, con el claro testimonio de nuestra conducta, y un aleccionador y edificante ejemplo o modelo de vida; recuperando, ante todo, los principios éticos y los valores morales, humanos, patrióticos y espirituales, como asimismo, la mentalidad, el hábito, la cabal conciencia y, la sagrada cultura del trabajo, el esfuerzo, el estudio, la educación y la enseñanza. Sólo existe un rumbo posible: Volver al camino de la Educación, la Honestidad y el Trabajo. Hoy, ya no es hora de vanas e inútiles palabras, de imágenes engañosas y de meras imágenes y apariencias superficiales, sino de hechos concretos y tangibles realizaciones, para recobrar la confianza pública perdida, y no “bajar” más los brazos, en señal de abatimiento, entrega y derrota… Los Hombres, al igual que los árboles, se conocen y aprecian, por sus propios frutos.

Bajar los brazos, por Carlos Armando Costanzo, fundador y director organizador del Archivo Literario Municipal y el Salón del Periodismo Chivilcoyano, y miembro correspondiente, de la Academia de Folklore de la Provincia de Buenos Aires y la Academia Porteña del Lunfardo.

No bajemos los brazos, che, gomía, a pesar de la lucha, posta y dura, el ajuste, la triste mishiadura, el camelo, la eterna fulería… No bajemos los brazos, todavía, a pesar del balurdo y la amargura; el vivir sin un sope, en la cintura, y el estar, en la lona y en la vía… No bajemos los brazos, zanagoria, a pesar del afano – lunga historia -, el garca y el chantún, que siempre avanza… Y no obstante la mufa, puchereando, la sigamos, che, flaco, laburando, con un sol y un cachito de esperanza.

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